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ABC. V I E R N E S 30 D E M A Y O D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. PAG. drileño el otro, mantienen el prestigio de este pintor. Espina, enérgico e infatigable, envió un paisaje de grandes dimensiones y de excelente calidad. Un paisaje fantástico, de luz extraña, cual de otro planeta; obra de tipo neorromántico, semejando vieja litografía iluminada, del estilo de Doré, obra de Francisco Aldana, figura en esta sala. Verdugo Landi envió dos obras. El inválido es la más importante. Un viejo barco, maltratado por algún temporal, ha sido retirado del servicio, descansando definitivamente en remanso apartado de la vida de tráfago. Verdugo Landi, el mejor marinista con que contamps entre los escasos cultivadores del género, ha pintado con fortuna este tema sentimental del ocaso de un viejo barco. Bernardino de Pantorba envió dos paisajes. Uno, Afirendis de río- -tema alusivo a la pobreza del Manzanares- es obra realista notable. E l otro, El encinar, más sintético y amplio de técnica, es cuadro ciertamente notable. En ambas obras Pantorba demuestra extraordinario avance sobre lo que conocemos de este artista. 11 pintura, confirma promesas de otras obras. Paso de Veira do mar, de Seijo Rubio, es obra superior a lo conocido de este paisajista. En La princesa, Pedro Antonio nos muestra una obra neorromántica, a la que asoma en todas sus partes, la preocupación actual del artista, por el fundamental problema del claroscuro expresivo. En la figura hay trozos muy bellos y lo mismo- en el fondo. Lástima que el montículo de la derecha con el castillo roquera imprima a toda la obra un sentido escenográfico excesivo. IJn desnudo femenino de Hernández Nájera, es obra sólida de forma. En la sala tercera, una gran Estampa de Madrid, de José Frau, evoca el recuerdo y deprime un tanto el ánimo, con la visión de algunas casas de los barrios míseros de Madrid, casas enormes, en las que, un verdadero pueblo de gentes humildes malviven y dirimen sus disgustos en la pista de un gran patio, acústicamente cruel... María Luisa Pérez- Herrero, en varias obras mantiene su crédito de excelente paisajista. Un paisaje fino de Fernando Sánchez Arguelles- es superior a lo que expuso otras veces en Madrid. Javier Cortés, que recientemente regresó de Méjico, exhibe como recuerdo de su viaje, Mestizas mejicanas, obra en la que, el valor narrativo es el principal. Playa de Port- Algue (Cadaqués) confirma el juicio excelente que merece la obra del veterano Elíseo Meiffén. Gutiérrez Solana, truculento, de fortísiino sabor y de inmensa fuerza expresiva, envió a esta Exposición tres obras: La procesión de la Muerte, Coristas y Un revolucionario. La primera, es un canto agrio a la muerte. En Coristas, Solana nos narra, sin atenuaciones, el ambiente de rebaño, no muy aseado, del interior destinado a cuarto de vestir de unas coristas de mísera compañía teatral. Especie de zahúrda, es reproducción implecable, a falta, únicamente, del olor repugnantemente acre de compartimiento mal ventilado, en el que se aglomeran rebaños humanos, desentendidos de toda actividad higiénica. En Un revolucionario, Solana, con deleitación morbosa, nos describe- -la pintura de Solana es siempre narrativa- -el suplicio espantoso de un chino, lentamente atormentado con la más feroz habilidad. Estampa de costumbrismo negro podría ofrecerse como documento insubstituible a la Sociedad de Naciones. L a pintura de Solana contiene en su propia fortaleza algo de siniestro. Como pintura de la miseria, del vicio, de la degradación, de la podedumbre, de lo monstruoso, de la enfermedad, del dolor y de la muerte, no tiene igual en España. Hay trozos que parecen pintados con la propia inmundicia que describe. Seguidamente a la contemplación de un conjunto de obras de Solana, sentimos la inquietud, el desasosiego de todo el que salé de visitar una leprosería y teme ser involuntario portador de los más terribles gérmenes... Unos paisajes de Rusiñol, del tipo romántico que con tanta fortuna ha creado, contribuyen a calmar en parte el momentáneo desasosiego producido en el ánimo por la contemplación ae la obra de Solana. Jardines melancólicos, animados por nueva floración, son obras atractivas. Francisco Llorins envió El cobertizo, paisaje que apenas deja entrever, al, fondo, un trozo de r ú gallega bañada por. el sol. Prefiero las interpretaciones tan afortunatías dé los días gallegos, ligeramente brumosos, que otras veces ha. exhibido. Dos paisajes, finos de. Ser ra Farnés, nota, grísea uno trozo soleado del campo ma- LA ÚNICA CALCULADORA completamente automática para todas las operaciones. 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E n este grupo hay obras importantes al lado de ridiculas mixtificaciones. A modo de capitán, de la mesnada aparece Vázquez Díaz con las obras Jo ge el cacharrero y Mi madre. Ciertamente, este artista tan discutido parece haber hecho un alto en su actividad innovadora. Las obras expuestas no aportan ninguna sorpresa a lo que desde hace años conocíamos de su mano. Y en verdad, ello equivale a sentarse a medio camino. Pérez Rubio, en Paisaje con animales, ha compuesto un afortunado cuadro, de tipo de pintura mural en cuanto a técnica. Regatas, de Gerardo de Abreu, es compoi sición de tema marítimo, bellamente arbitrario y de fina estilización, que tal vez peque de exceso de minucia. Composición, de Berdejo Elipe, posee cualidades de fineza y disposición de las figuras ciertamente extraordinarias. Lola la gitana, de Marisa Roésset, confirma, al lado de obras extrañas, la excelente impresión que nos produjera entre las propias. El Chimborazo, de la pintora ecuatoriana Eugenia Mera de Navarro, nos descubre una notable paisajista americana. Moneada Calvache, en dos estudios de una realismo desaforado, hace competencia a la propia realidad, a una realidad desprovista de poesía y de interés. Como oficio y técnica, no se puede alcanzar mayor perfección. Esteve Botey, en dos paisajes, confirma su crédito. iRafael Pellicer, en Catedral de Sftntiago, obtuvo una nota grísea de gran fineza. De Ismael Blat, La bombona verde tiene trozos excelentes. González del Blanco, en Vuelta derla feria y Leyendas, pintó dos estampas de la vida gallega, más afortunadas de composición y dibujo que de color. Marceliano Santa María envió un sugestivo cuadro titulado San Millán de Juarros. Primavera, de Máximo Ramos, afirma una vez más el fino sentido poético de casi toda la obra de este artista. Leandro Oroz, el gran dibujante, concurre con dos obras: Meditación y Euritmia. La primera interpreta la vida sosegada del convento con el caer de las horas lentas. La segunda es un bello desnudo femenino de mujer joven en actitud de marcha. A m bas, sentidas y excelentemente construidas, son obras afortunadas. Juan Luis López, dentro del tipo de pintura de técnica divisionista adoptada últimamente por el artista, envió una obra nueva titulada Campesinas gallegas. En, ella el sentimiento, 1? espiritualidad, que Juan Luis imprime, a su obra aparecen sobresaliendo. El artista se nos muestra encuarto creciente, por fortuna. Otro artista gallego, Manuel Abelenda, envió dos paisajes jugosos y. certeros como interpretaciones de la- tierra en que vive. No es ¡posible dar más, extensión a este artículo. E l periódico tiene sus limites en r