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MADRID- SEVILLA 31 D E M A Y O D E 1930, NUMERO 10 CTS. CERCANA A T E T U A N SEVILLA DIARIO ILUSTRADO. AÑO VIGÉS 1 MOSEXTO N. 8.558 S 0 SUELTO REDACCIÓN: PRADO DE SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE. ELOGIO D E L CALOR D E MADRID Bienvenida a Ramón Gómez de Ja Serna A mí me gusta y me divierte el calor de M a d r i d porque el alma y estilo de Madrid sólo a través de los calores se conocen. Los fríos rigurosos del invierno y las brisas glaciales del Guadarrama no han podido evitar que en las formas expresivas de Madrid predomine lo estivo y lo meridional. L a temperatura espiritual del Museo del Prado es ya superior a la de otros Museos europeos. L a nota cálida y fuliginosa domina. Goya y Velázquez están llenos de estíos madrileños y de estíos de época, con sombras de antiCuando haya en el mundo una sensibilidad guos agostos. Los desnudos de Ticiano, R u- estética m á s afinada, m á s heroica y menos bens o Veronés se han aclimatado al calor femínea los viajeros vendrán de Inglaterra de M a d r i d y sus gordas divinidades sudan y los Estados Unidos a conocer E s p a ñ a y en siestas españolas y esperan en las salas su civilización a través de sus grandes cadel Museo que al atardecer les traigan sor- lores metropolitanos y provinciales- -a hacer betes de las botillerías. Ribera y Tintoretto un curso de calor con toda fuerte de ilusson los dos pintores más sofocantes del traciones literarias y plásticas, musicales y mundo- -dos de los que mejor le están al filosóficas- como se iba a Bayreuth a oír Prado- y Tintoretto casi podría definirse las. óperas de Wagner. E l Patronato Naciocomo l a desesperación. en el ardor E s u n nal ¡del Turismo organizará, a base del calor pintor que ha pintado el P a r a í s o como un de Madrid, Viajes turísticos a través dé Jos inmenso cepillo de ánimas del purgatorio, en calores españoles (con estupendas citas de cuyo fondo irrespirable, vasto y sombrío se Cervantes) porque si los sentidos se agucelebrasen unos diabólicos fuegos artificiales. zan y templan h a b r á hombres curiosos. de E n la pintura del mundo no hay- -a pesar conocer la variedad festiva de las temperade Tintoretto- -sombras m á s calientes que las turas como hay hoy hombres, curiosos de españolas iguales a esa sombra de nuestros conocer la variedad de formas y colores. E l encinares de Extremadura, aún más tórrida calor madrileño y los. otros espléndidos caque el mismo sol. lores de España en nada se parecen a los E n M a d r i d los inviernos ayudan muy poco del resto de Europa. Toda nuestra concienal conocimiento de M a d r i d porque sólo a cia del mundo natural y sobrenatural es través de este calor de los veranos, que em- -hasta el exceso- -una conciencia cordial y pieza ya por mayo por mayo era, por calurosa. S i existe una unidad hispanoamemayo- -cuando facen las calores es como ricana, un lazo que une al mundo hispánico, mejor podemos entender la pintura de Goya, es unidad y lazo de calor y de cielo azul, la prosa de Galdós o de Quevedo, la música de soleada llaneza de un lenguaje bajo el de Barbieri y de Chapí, el barroco de la ar- ancho cielo, de polémica inveterada con los quitectura cortesana o el significado verda- fríos y brumas anglosajones. dero del antiguo café y botillería de Pombo. Calor de Madrid, calor de. la Mancha, Las cosas inconfundiblemente madrileñas calor de Sevilla, calor dé rluelva, calor de nos producen siempre sensaciones calurosas Cáceres. calor de la Habana, calor de M a hasta el punto de que un Madrid sin mos- nila, calor de Buenos Aires, calor de M é cas, sin horchata y sin bochorno nos pare- jico, calor de Caracas, calor del Ecuador y cería un M a d r i d sin entrañas. L a V i l l a y de los trópicos, calor de las Canarias y de Corte es una ciudad caliente, barroca, efu- las Antillas forman nuestra fraternidad hissiva, trasnochadora, verbenera. Este carácter pánica, que es una fraternidad esencial de estival de M a d r i d se sostiene y prolonga du- calores. rante los inviernos. Ramón Gómez de la Serna escribió hace dos años en Blanco y Negro la página magistral y apologética que neceAsí como hay países y ciudades que puesitaba el calor de Madrid- -verdadera página den gustarse v conocerse a través del frío de predicador del siglo x v n en el laicismo- -Londres o Milán- hay otros cuyas m á s del siglo xx- -recomendando en bien del alma originales calidades sólo con el calor se nos y del cuerpo quedarse en Madrid los ve- revelan. E s un disparate ir a Venecia en el ranos. E n verdad, el calor de M a d r i d es un calor ¡entero, franco, noble, cordial, solar como ninguno, animado, generoso, sin insidias palúdicas ni exceso insoportable de mosquitos, El público debe leer diariamente que tienen las mismas cualidades soberanas, la misma aptitud para no hacerse odiar y nuestra sección de anuncios por hacerse querer y aun los mismos defectos- -un poco chinche y chinchorrero- -de ese palabras clasificados en secciones. carácter madrileño, que es de los m á s hermosos del mundo, como el calor de Madrid En ellos encontrará constantementes de los m á s hermosos y entrañables del mundo. E s además, un calor lleno de gracia te asuntos que pueden interesarle y de animación- -incapaz de darnos esas desolaciones en que nos dejan otros calores, como el de P a r í s- armonioso y clarísimo con: el cielo, el paisaje y las arquitecturas; pródigo de fiestas y verbenas, lleno de solidaridad civil resignada y alegre- -sin paganismos naturistas de verano alemán- porque todo Madrid se vuelve patio de vecindad y pradera del Manzanares, comunismo tradicional y numerosa fraternidad espontánea. E s en verano cuando los madrileños se quieren más los unos a los otros. E i calor de Madrid debía tener un poema del arcipreste que se llamara Triunfo de D o n Calor de M a d r i d Este viene por la puente de Toledo y sube cuesta arriba en su carro alegórico- -Júpiter, Baco y Momo de la mitología de los Madriles- -a. festejar con San Isidro Labrador en el i de mayo la inauguración oficial de la temporada. invierno, porque Ticiano, V e r o n é s y Tintoretto sólo se conocen en la pegajosa canícula y entre los insoportables mosquitos de Venecia. H a y cuadros de Tintoretto, cuya sombra está llena de estos invisibles mosquitos cruelísimos, bajo cuyas zumbantes agujas se contorsionan y desesperan los personajes. E n cambio, no es agosto- el m á s veneciano de los meses, con sus fuegos artificiales y sus locas orquestas, sino marzo- -el m á s florentino de los meses con primicia de céfiros y flores- -la ocasión para ver F r a Angélicos y Botticejiis. Decía muy bien Proust que no podía separar su emoción florentina de la emoción de una Pascua temprana. Cada emoción estética es inseparable de alguna coyuntura del año, de algún punto en la curva de las temperaturas, que es como el msto ángulo visual. De este modo las temperaturas están- llamadas a desempeñar un gran papel en el conocimiento de los países y en l a llamada crítica de arte, porque en el juego de contracciones y de distensiones que se llama el estilo hay, sobre todo, una cuestión de termodinámica por un lado, y, por otro, una cuestión de geometría. É s t o no quiere decir que los climas- -y mucho menos como en Taine las producciones de los climas- -predeterminen los. estilos. E l l i bre, arbitrio de las civilizaciones diversas ha elegido según su humor y su designio. Por eso, aunque en P a r í s Madrid, Florencia y Venecia haya grandes fríos y grandes calores, P a r í s y Florencia no se han inspirado como Madrid y Venecia en el calor- Así también, mientras Burgos se ha inspirado en la frialdad medieval de sus inviernos, Logroño ha mostrado su predilección pollos estíos, y toda la Rioja vendimiadora debe verse entre agosto y septiembre. L o s que buscan sistemáticamente el calor en i n viernos de N i z a y el fresco en los veranos de Normandía no practican un régimen demasiado viril c inteligente, sino femenil y enfermizo. L a voluptuosidad de los graneles calores y de los grandes fríos es indecible y propia de, hombres. Con una poética intuición, que alguna vez confirmará la Medicina, Ramón Gómez de la Serna ha declarado el verano en Madrid infinitamente salubre para los fuertes, como un fuego franco, duro y benéfico que cuece y solidifica, como la teja y- el ladrillo, nuestro barro mortal. E s en la carne sufrida y macerada, y no en la regalada y fofa, es donde la vibración del tiempo y la música natural de los placeres se hace m á s intensa y delicada. Fiel a su consigna, Ramón llegará pronto de París a la orgía honrada y popular de los veranos madrileños. Aquí le esperamos, con una conciencia segura y fortalecida del calor, si la familia no sale, como siempre, con f r i volidades de, costas y de lagos. E l primer ¡filósofo de Ñapóles, Bernardina Telesio, compuso una filosofía del calor, e hizo residir en el calor el principio celeste. N o estoy en absoluto con Telesio, oorque también me gusta de modo extraordinario el crudo y elegantísimo frío de marzo, que es el mejor estimulante de la inteligencia platónica y especulativa. Pero a Telesio- -apologista del calor como nuestro R a m ó n- -B a con 1 c llamó primer hombre moderno RAFAEL S Á N C H E Z MAZAS
 // Cambio Nodo4-Sevilla