Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
L mejor agasajo que podemos dedicar a Cuartero a l referirnos a su labor y a s u historia es no enturbiar el pensamiento con l a fronda de apelativos que ¡ha desmerecido l a prodigalidad. Querríamos que estas palabras fuesen de cristal para corresponder a l puro estímulo que las dicta y a la noble transparencia de su espíritu. F u g i t i v o de los resplandores, sus días han buscado las sendas escondidas de fray L u i s y l a umbría deleitosa en que se recogió h a sido ara de culto amoroso y abnegado para su hogar; para el estudio y l a contemplación de los hombres y de los sucesos, observatorio inexpugnable a la torpeza de las ambiciones. L a fama de su obra, el influj o de su mentalidad y de su crítica en la vida de España, han llevado su nombre, al cabo de los años, desde la sombra a l estruendo público, sometiéndole a l tormento de la popularidad. E l la soporta azorado y hutído, y al recordarnos el contraste de tantos necios en engreimiento, nos hacen sonreír, entre asombrados y orgullosos, los carmines de su rubor. ¡En el pórtico de l a senectud, todavía hay hombres tan selectos como éste que se ruborizan por la exhibición. Nos sentimos ejemplarizados, pero también implacables. Y le decimos desde aquí: Perdón por la sorpresa y por el atraco. L e traemos a usted, alevosamente, a l escaparate de esta página. Nuestro periódico conmemora hoy sus bodas de plata con los lectores. L a evocación de las jornadas primeras y más penosas se ilumina con el recuerdo de los más grandes t r i u n f o s en pos de la figura de L u c a de T e n a reviven otras que le acompañaban y, como él, desaparecieron en el recuento de los elementos que nos empinaron a la cumbre es preciso destacar los espirituales. E n ellos es usteil UTI relieve. Cuando vino José Cuartero al A B C, en 1911, era ya un maestro en el periodismo; pero su renombre se confinaba en el círculo de la profesión. Había, a lo primero, malbaratado talento y fecundidad en l a tarea ingrata de las cartas políticas y servicios de información para las corresponsalías. S u personalidad de escritor brotó en El Nacional, el diario de Cánovas, y fué Cánovas quien hizo el descubrimiento; un descubri- E JOSÉ CUARTER miento que el interesado sepultó, con altivo desdén para el periodismo de cámara S u cultura, el concepto de la moral periodística y la tensión v i v a e indeclinable de su espíritu crítico, le conducían a la polémica. Fué desde entonces un polemista formidable, y un innovador. E n lucha desigual, delante de una fila de grandes periodistas retóricos, venció con el dominio del lenguaje, con l a aguda y certera concisión, con el v i g o r de l a palabra precisa y con el arte clásico de retener en l a expresión material las intenciones segundas del ataque. E r a n tiempos de pugna agresiva. C u a r tero contestaba al mandoble c o n la punta certera del florete, y a la técnica del fondo de dos columnas, poblado de tropos y llameando retórica de discursos, con el artículo breve, buido, cáustico y sólido. Así se h i z o el escritor, mucho antes de su segunda e r a en El Impartid. H o y es Cuartero- -no esperamos ser contradichos- -un articulista de difícil par y de insuperable maestría. S u artículo baja totalmente elaborado de l a mente a la pluma. S u pluma forja y talla. H a y frases de acero y hay cláusulas a cincel. E n unas y en otras, lo más cualitativo de forma es l a precisión p a i a definir y fijar; lo más eficaz para argüir, l a seguridad con que descarta de lo fundamental el ardid, la ficción, la tesis f a l sa, todo lo de argucia o de mala f e no sin administrar el correctivo, unas veces i n d i g nado, otras con l a ironía desdeñosa o el c o n torno ridículo. D e ahí que algunos f a v o r e c i d o s le motejen de acibarado. N o hay en él sino el propósito de acusar siempre ilícitas mañas y descubrir el verdadero designio de una acción o de una actitud. E s que C u a r tero escribe siempre para el lector, no se presta a engaños y aspira a ofrecerle el j u i cio verídico y justo. Y cuando no puede, o no debe, detenerse en menudeos de fiscal, a l menos no se p r i v a de señalar con u n gesto- -e l ademán o el gesto de entrelineas- -la maniobra reprobable, o deja caer al paso un calificativo, u n epíteto, una sola palabra, que baste. Y basta. Cuartero tiene derecho a esa severidad- -q u e no es intransigencia- -porque se la i m pone a sí m i s m o como tiene derecho a disc u r r i r sobre componendas y utilitarismos, porque su austeridad desconoce esos provechos. Su rectitud y su resistencia a compartir artificios y com ¡posturas, le han dado una fama injusta de adustez y de pesimismo. N o hay hombre de más íntima cordialidad y no hay periodista que más razonadamente proclame su fe en l a potencia y en el porvenir de España. R e cientemente unas notas oficiales sobre la H a cienda pública extendían los comentarios pesimistas; claro es que ios más eran apasionados. Y Cuartero en dos párrafos supo oponer una aclaración fundamental y halagüeña para l a situación de España. E n t r e el follaje de l a polémica, entre l a pedrea de guarismos con que contendían el ministro y su antecesor, ¡a pluma de Cuartero se introdujo para coger y mostrar a la opinión lo que importaba conocer más allá y por encima de l a función administrativa. Cien veces, en controversias candentes, en estados de opinión desviada o seducida, Cuartero ha destruido con una columna de A B C la perfidia, l a alucinación; ha puesto a luz las intenciones malignas, ha restablecido las verdaderas posiciones para discutir, ha restaurado la verdad de los hechos. C u a tro artículos suyos han valido más que cien páginas. Y durante la Dictadura, cada párrafo que Cuartero logró pasar por las mallas del censor hizo blanco en las alturas. S u famoso artículo oue obtuvo el premio C a v i a era una maravilla de reproche, de i m pugnación, de espíritu cívico y de dignidad ciudadana contra las restricciones de opinión y de Estatuto personal que mantenía la política del dictador. Quedará como modelo en tiempos de censura previa, con otros de su tiempo y con innumerables de las épocas a n teriores. P a r a el propio ¡Cuartero, acaso su historia periodística más grata sea la j u v e n i l para nosotros, es l a que se encuaderna en la colección de A B C. N o s pertenece por entero, es una fibra de A B C. L e destacamos en esta página como ejemplo de q u e e i hombre de verdadero mérito acaba siendo descubierto, conocido y encumbrado, por m u cho que de propósito se esconda; y también para rendirle u n homenaje fraternal y entrañable. N o puede él rechazarlo porque hemos conseguido llegar a estas líneas finales s i n haberle inquietado con u n solo adjetivo personal de encomio.
 // Cambio Nodo4-Sevilla