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ABC. tributar merecido elogio á la labor literaria de este insigne procer, recordaba aquellas tultisimas tertulias de hombres eminentes que. tanto se complacía en reunir. Consideraba el S r Silvela como pérdida notoria y grave de nuestro balance intelectual y moral la extinción de aquellas veladas literarias, reuniones de esparcimiento y descanso para políticos, jurisconsultos, catedráticos, periodistas, hombres de estudio y de labor penosa y diaria. Recogíase en ellas lo más ameno y florido entre los ingenios de la C o r t e y se alimentaba, con la emoción y aplauso d: damas, magnates y caudillos políticos, un comercio discreto y culto entrelazado con la vida social, estimulo para el estudio y la producción literaria: y la poesía y las buenas letras, al serpear por entre tantas gentes como concurrían á aquellos salones, algo dejaban á su paso y mucho influían en varias esferas de nuestra vida, no poco resentidas de la sequía literaria que con r i g o r padecimos en el último tercio del siglo xix. El Belén, periódico publicado para la cena de Navidad de aquel hogar ¡lustre; El J omancero de la Guerra de África; la primera lectura de l a muerte de César, de Ventura de la Vega; los primores de su inteligencia de que allí h i cieron gala Selgas, Campoamor, Segovia, Ped r o s M o l i n s A l a r c ó n R u b í Valera, F e r nández Jiménez, Pacheco, M a d r a z o A u ñ ó n Cueto, Dacarrete, Sanz y tantos otrosí dicen cuánto significaron en nuestra vida literaria aquellos salones. L a duquesa de Medinaceli, la inolvidable ¿ilustre duquesa Angela, que tan vivamente sentía cuanto redundaba en beneficio de letras y arfes, en provecho de la- cultura nacional, dio á sus tertulias íntimas el carácter de literarias. Sosteniendo fervorosamente el culto á Z o r r i l l a que era su poeta favorito, y haciendo declamar inspiradas poesías á G r í l o á F e r r a r i á Cavestany, Ortega M o r e j ó n Ricardo de la Vega y otros, éste puede decirse que es el último salón literario que hemos conocido los contemp o r á n e o s del insigne y malogrado D F r a n cisco Silvela, uno de los hombres públicos que más han gustado del trato social y que más se han complacido con el de las damas. Una corte sin damas- -decía Francisco J. seria lo mismo que una primavera sin rosas. Cosa idéntica puede decirse de la vida. S i n las mujeres, sin su trato amable y discreto, sin sus delicadezas, sus elegancias y hasta sin sus coqueterías, seria muy árida, muy aburrida, muy triste. P o r esto han ejercido Influencia en las artes, en las letras, en la política, en la marcha y desenvolvimiento de la vida de las naciones, los salones donde se ha rendido culto á la soberana belleza y á la clara inteligencia de la mujer. Desconfiad de esos hombres huraños que huyen del trato social, que reniegan de los salones y que consideran baladí é indigno de sesudos varones cuanto se relaciona con la mujer. ¿Qué influencia más deliciosa que la que ejerció sobre los ingenios más peregrinos de su tiempo aquella admiiable duquesa de F r í a s para ¡a que tejieron fúnebres coronas D Juan Nicasio Gallego, Martínez de la Rosa, el duque de Rivas y tantos otros? E l culto á la mujer es cualidad de los hombres más eminentes, de los estadistas más insignes. Recuérdese la corte de notabilidades masculinas que reunieron en torno suyo Gertrudis Gómez de Avellaneda, y la sublime, la inspirada- Carolina Coronado. El salón será siempre, un oasis, y las damas que en él brillan, las flores que amenizan las asperezas y los sinsabores de la vida. 1 KASABAL JUEVES i. D E U N 1 Q DE i o5. PAG. 6 9 ECOS DE LONDRES 29 de Mayo V I A J E D E L R E Y L a p r ó x i m a visita de D Alfonso á Inglaterra será, como espectáculo, fiesta- digna de esta- nación, siempre que luzca el sol esplendoroso durante el tiempo que aquí permanezca el Rey de E s p a ñ a L o s buenos vecinos de la Ciudad de Londres son aficionados á esta clase de fiestas, y como un inglés, antes que socialista ó partidario del anarquismo, es eso, inglés, existe aquí tal solidaridad de sentimientos, que nunca sonó una nota discordante cuando nos han visitado Iosmonarcas de otras naciones; así, pues, no se teme, no se recela que turbe el regocija del pueblo, con ocasión de la llegada de D A l f o n so, ninguna manifestación de antipático ó i n sensato menosprecio á la más alta y genuina representación de nuestra E s p a ñ a Se hará a l Rey un recibimiento respetuoso, se le agasajará como merece. L a s leyendas ó realidades que por toda E u ropa desdoran el nombre de los Gobiernos españoles; los procedimiento! teocráticos, arbitrario? r e t r ó g r a d o s que ellos emplearan, l a poca ó ninguna consistencia de vuestros G a b i netes, que aparecen con vida artificial y luchan no más que por sostenerse en el mando, no son las prácticas de este pueblo, sesudo y libre, que sabe estimar lo que valen aquellos hombres que dejan los negocios propios para ocuparse de los ajenos, de los de todos, y n ó quiere ni consiente que se gasten y aniquilen en un d í a P e r o ninguna de esas tristes notas son. parte á rebajar la- simpatía que aquí inspira el Rey de E s p a ñ a S i sabe y se comenta- mucho y muy favorablemente, que D Alfonso, al recorrer el territorio español, se puso, adrede, en contacto con el pueblo, y que su paso p o r aquellas provincias no ha sido un frío paseo oficial, más correcto que efusivo, más ayudado A ¿gallardetes y colorines que de entusiasmo sincero. S i sabe con alegría que el Rey representa á E s p a ñ a no sólo por su nacimiento y por los artículos que en la Constitución española tratan de la sucesión de la C o r o n a sino porque el amor d i los españoles le meció en la cuna, le sostuvo en su orfandad y le ungió y le c o n s a g r ó cuando ya mozo empuñó el cetro. S a ben que nuestro Rey es la esperanza de la P a tria española: y este correcto, este orgulloso. este frió pueblo inglés, que ama á sus soberanos con pasión, se sentirá, en presencia de D Alfonso, ante otra cifra de ilusiones, ante otro Rey amado por sus pueblos, y le respetará y le aclamará regocijado. L a estación no favorece, en verdad, los festejos; es probable que no pueda verificarse ninguna expedición cinegética á los bosques de Windsor ó de Sandringham, en las que tan exquisitamente sabe honrar el rey Eduardo á sus huéspedes; caso- aún más lamentable si se tienen en cuenta las aficiones deJ- Rey Alfonso. E TEATROS. E n el teatro de Covenl Garden han dado comienzo en esta semana las representaciones de ópera, y durante los últimos días se han estrenado varias obras. Aparte de algunas producciones serias, se ha notado en una parte del público un saludable síntoma, que consiste en la creciente demanda de ópera seria y elevada, en contraposición á algunas de ¡as comedias líricas, tan en boga durante los últimos años. A propósito de teatros: existe muy arraigada la idea, de que los artistas de los music- hdls encuentran muy pocas ocasiones para demostrar sus aptitudes, y no hace, muchos días que se hizoert Londres. en uno. de! dichos, salones, un curioso experimento, en e l que tomaron parte sesenta y cinco aspirantes, con objetó de probar sus; habilidades. E l ensayo resulto muy interesante, -pues dem o s t r ó que hay mucha gente que- posee el arte de entretener á los demás; pero los esfuerzos TXt de los amaleurs resultaran en abierta p o s i c i ó n con el genero del espectáculo y muy. pocos fueron los que resultaron contratados. I O S A U T O M Ó V I L E S L o s automóvi les, que cada dia var siendo- mucho más numerosos, tanto en la ciudad como en el campo, han adquirido una triste notoriedad á los ojos del público. E l caso de Rocco Carnabvas, por ejemplo, el chauffeur español acusado de haber ocasionado la muerte de un muchacho p o r conducir su carruaje con excesiva velocidad, ha producido un sentimiento unánime de protesta. N J es del todo cierto que la mayor parte de las desgracias sean producidas por esta clase de carruajes más que por los demás vehículos, pero existe en el ánimo del público un vehementísimo deseo de que se impongan mayores restricciones respecto á su circulación, con el fin de evitar los peligros á que se hallan constantemente expuestos los ciclistas y los demás transeúntes. 1 A P O L Í T I C A C O L O N I A L A p a r t e de la remotísima é indirecta relación que la Gran B r e t a ñ a puede tener en el asunto de M a r r u e c o s la atención política, durante la pasada semana, ha recaído en la nueva Constitución del Transvaal, que, en honor á la verdad, ha sido bastante bien recibida. S u alcance político es considerado como un medio para resolver una cuestión urgente y delicada, y á pesar de las inevitables diferencias que en el mismo Transvaal existen, y en el que muchos de los boers desean un G o b i e r no completamente responsable, se espera que obtendrá un éxito indiscutible, en vista de la amplia y liberal consideración concedida á los boers. W. A C A M P B E L L A B C tiene contratada con ilustres literatos una colaboración que seguramente lie nará los gustos del público. JVo publicaremos, pues, más artículos que los que hayamos solicitado, ni devolveremos, y remitan. mucho menos abonaremos, los que espontáneamente se nos G ACETILLA RIMADA. T E A T R O PROLOGO Mi También tengo teatro. M i teatro propio, exclusivo, personal, sin mezcla, como G a l d ó s Iglesias, Benavente los Quintero, Linares y Dicenta. También es importante. Y ya era hovs de que hablara yo mismo en su defensa, puesto que aquellos que, á querer, lo h a r í a n me abandonaron á mis propias fuerzas. M i teatro es de escándalo, de bulla, de alborotos, de gritos, de protestas... ¡del ruido formidable con que, airada, la multitud su indignación expresa! E n mis estrenos gozan, se divierten, castigando con burlas mi torpeza, niños bitongos, jóvenes incautos, hombres graves y candidas doncellas. ¡N o hay clases para mil Siempre se juntan, con juicio igual y con la misma ¡dea, banca, mil cia, clero, bellas artes, aristocracia, pueblo y clase media. Y la celosa rutoridad. que teme que una noche me arai. en ó me muerdan, ¡pagúela Dio? la previsión! me pone un pelotón de guardias á la pirer. a. N o me quejo. Está nien. Muchos. so! dadcs volvieron derrotados de la guerrp. P e r o ¿por q u é las silbas de l s otros pasan, se olvidan, y las nías quedan? e