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NUMERO CONMEMORATIVO DE LAS BODAS DE PLATA DE ABC. PAG. 43 IMÁGENES rejos. E l viaje a París y Londres por cuenta de A B C A l v a r o Calzado y yo. E l primer viaje del Rey al extranjero. A B C todavía no ha lanzado su primer número diario. Caos de imágenes; deseo de no poner en estas líneas sino lo que confusamente recuerdo. N o ver periódicos de la época, ni relatos; escudriñar lo que en la conciencia. ha quedado permanente y que se irá también desvaneciendo. A l t o en H e n daya; almuerzo al aire libre, detrás de la estación. Camino de París; campos verdes; trigales como en nuestra Mancha. Calles; estrépito; librerías. N o tener tiempo para ir a las librerías. E n la Comedia Francesa; sentado en un asientito lateral; un trasportín. Estoy viendo al Rey en su palco. Representación de una comedia de Marivaux, El juego del amor y del asar. Sobre el sombrero ile copa, las cuartillas; escribo y miro al Rey; torno a escribir y torno a mirar. E l juego del amor- deseo ver los gestos de este augusto candidato al amor. E n las cuartillas voy anotando los movimientos del Rey. A escape al telégrafo; por primera vez en la Prensa española, crónicas por telégrafo. Y con tasa de urgencia. A la madrugada, cuando rompa el alba, en Madrid, en la Redacción de A B C, inclinados sobre el largo telegrama que acaba de llegar; esfuerzos por ordenar esta extensa crónica. A las ocho, en la calle, y millares de lectores leyendo lo que ha hecho el Rey en la Comedia Francesa horas antes. L a casa de D. A d o l f o Calzado; D Adolfo, amigo fraternal de Luca de T e n a amigo áraternal de Castelar. Subir hasta un quinto piso, y un recibimiento limpio con las paredes cubiertas de retratos de cantantes y actores. U n hoyo en una calle; el piso de tarugos de madera; un socavón que ha hecho una bomba; los transeúntes forman corro en torno y meten los bastones para cerciorarse de su profundidad. Canciones en París; encantados todos con el Rey A l f o n so. E n el hipódromo de Auteuil, el diluvio; no se pueden celebrar las carreras; calados Alvaro y y o en el hotel, un rato metido en la cama para reaccionar. D e París a Londres; no había tiempo para nada en la tarea de seguir el cortejo regio. Como azacanes jadeantes, febriles, de acto en acto. N o ha habido tiempo para quitarse la levita y el sombrero de copa; allá nos vamos a la estación de levita y sombrero de copa. E l marqués de V a l deiglesias, que ríe de la aventura; también con su sombrero de copa y su levita. L a cámara de un barco; un ancho diván de gutapercha. E l tren, que corre por encima de las cal. es; paredes negruzcas; chimeneas; una hora atravesando los arrabales de Londres. ¡Victoria estésion; los cabs; Grosvenor- Jótel; tal como se pronuncia. E l silencio gratísimo del hotel; los timbres sordos; las gomas para que las puertas no den portazos. Recepción en el Ayuntamiento; un vasto salón gótico, obscuro. E l alcalde, sentado en un monumental sillón, y el Rey, a su lado, en un silloncito. E l banquete; todas las viandas en la mesa, para que el comensal coma de lo que quiera. U n pulpito en que hay un cocinero con un gorro blanco y un enorme cuchillo va partiendo, cuando se lo piden, trozos de carne de un enorme bloque. Trompetas que suenan y que fastidian; a un lado del salón, una banda de trompeteros; al otro lado, otra banda. Suenan unos y responden los otros; así durante toda la comida. A l acabar de comer, después que se ha marchado el Rey, que estaba en un alto estrado, gente que sube a la tarima y se sienta un momento donde el Rey estaba sentado. Señoras, sobre todo; señoras que qu ren tener este recuerdo de haber estado sentadas en el sillón en. que ha estado sentado el Rey de España. U n a viejecita, en un pueblo de los alrededores de Londres, adonde ha ido el Rey; una viejecita que ha puesto en su ventana la bandera de España. Subo a darle las gracias como español; su alegría infantil al ver a un español; me da una tarjeta, que he conservado durante mucho tiempo; no sé dónde estará. U n a puerta y un corro de españoles en un salón. L a puerta de un salón en la Embajada de España en Londres; sentado junto a la puerta, un viejecito; el gran Manuel García, inventor del laringoscopio. N o tiene fuerzas para levantarse; al ver al Rey intenta ponerse en pie; el Rey le pone la mano en el hombro, cariñosamente, para que no se levante. E l desfile ante el Rey para estrechar su mano. Revista militar en un vasto campo cubierto de verde césped; las dos presuntas Reinas en una tribuna. ¿Cuál será la Reina de España? L o s escoceses, con sus faldellines a cuadros; las cabritas que llevan a l gunos regimientos. A l regreso de Inglaterra, sol y agua en Normandía. L l u v i a y rayos de sol en los manzanos. E n una estación, bajo y pongo un largo telegrama, creo que hablando de las dos presuntas Reinas. Lejanía; pretérito; las imágenes que se van desvaneciendo. Nuestra personalidad que se va desvaneciendo también con las imágenes. Y cuanto más se desvanecen las imágenes- -los amados recuerdos- más las queremos. AZORIN greso patrio. H o y entra en lai mayoría de edad, mas desde su infancia pareció un hombre en lo de defender, dentro y fuera de casa, el buen nombre de España. H o y alcanza la plenitud de los derechos civiles y ciudadanos, mas no necesitó antes de ellos para servir el interés nacional. E n este día en que A B C celebra sus bodas de plata con el público, le deseo que las de oro las celebre estando tan v i r i l y firme como ahora se encuentra. Y que usted, caro lector, y yo asistamos a la conmemoración. Es mi férvido y un poco interesado voto. JÓSE MARÍA D E AGOSTA POR QUÉ A B C H A L L E G A D O A SER LO Q U E ES E l A B C fué el primer periódico en E s paña que no hizo política de partido, sino política nacional: de ahí su prestigio y su enorme influencia en la opinión pública española. E n cuanto a sus audaces innovaciones de Prensa gráfica diaria, a la vista están. Su afortunado ejemplo contribuyó a renovar todo el viejo periodismo español, que hasta entonces se limitaba al enfático artículo de fondo la sesión parlamentaria y el c r i men del diía. A l A B C pues, se debe la total renovación de la Prensa en España y su ambiente de modernidad. ALVARO A L C A L Á G A L I A N O lili 1 JACULATORIA E n veinticinco años de existencia ha conquistado A B C un puesto inmortal en la historia de la cultura. Para comprender, mejor que de ningún otro modo, la grandeza de este benemérito diario, hay que leerlo fuera de España. Cuando llega a nosotros, portando en sus páginas el ritmo fecundo de la vida nacional, parece que un trozo de la Patria ha caído en nuestras manos. Su noble ideario es la estrella de Oriente, que guía al buen español en su marcha por el mundo. Estrella radiante y generosa, que, como la del cielo de Belén a los Reyes Magos, acompaña al recuerdo de aquel otro mago del patriotismo y de la lealtad que se llamó D T o r cuata Luca de Tena. DOCTOR ALBITANA YO SUPE A L G O D E L NACIMIENTO D E L PERIÓDICO M O D E R N O E N ESPAÑA Hace de estos unos veinticinco años. E n aquel invierno se instaló el Centro de Reporters Judiciales en la calle de Santo Tomé. E r a el Centro una habitación con apenas seis metros cuadrados de superficie y poco más de un metro sesenta centímetros de altura de techo. U n a mesa y algunas sillas formaban todo el mobiliario. Pero teníamos luz eléctrica y teléfono. Y un brasero. Y un chico para los recados. Para llegar al Centro habíamos de pasar por una cuadra y trepar por una escalera de madera podrida, cuyos peldaños no guardaban la misma distancia equidistante, acaso porque faltaban algunos de ellos. Y al pasar por cerca de los caballos era prudente tranquilizarles con el güeno... güeno que, según creíamos, les haría desistir del par de coces. Desde nuestro Centro acechábamos la salida del juez de guardia, primera noticia de un suceso. ¡Cuan a gusto nos encontrábamos en aquel cuartucho! Y a no teníamos que pedir asilo en el cuchitril de los alguaciles, huyendo del frío tan frío de la plaza de las Salesas. Desde allí podíamos comunicar con las Redacciones sin buscar la limosna telefónica en los cafés y otros raros locales abiertos en esas horas absurdas que eligen los criminales, los ladrones, los suicidas y los diablos que. prenden fuego a las casas. Aquel Centro nos dignificaba y libraba del tiritón. Se creó por iniciativa de los repórtcrs de sucesos al servicio de los grandes periódicos y la contribución mensual de cada Empresa se fijó en 15 pesetas. El Globo, a cuya Redacción pertenecía yo entonces, era miembro... en precario. Verdad li LAS B O D A S D E P L A T A DEABC Pocos meses ha me decía cierto extranjero, amigo mío muy apreciado, que tras algunos años de estancia en España, en tiempo de la guerra europea, reside, desde que la magna hecatombe finó, en el país escandinavo, donde vio la luz primera: -Cuando allá, en mi brumosa ciudad nórdica, recibo por las mañanas A B C, me parece que con él me llega un rayo del i n comparable sol de España. Acertada creo la imagen. Cada ejemplar de A B C es, en efecto, un destello de esa pira de santo amor patrio que encendió la clara inteligencia y férrea voluntad del gran patricio y periodista D. Torcuata Luca de Tena, y en donde se consumió su generoso corazón. U n rayo de nuestro sol cegador, que caldea los ideales hispanos e ilumina la cultura patria. S í esto es A B C calor confortador y vivificante, luz esclarecedora. ¡Veinticinco años! Joven es aún el matutino diario y cuántos servicios prestó ya a l a causa española. E n los bélicos años de nuestras empresas marroquíes sirvió en filas como esforzado guerrero, y en los bonancibles de paz estuvo siempre presto a apoyar todo anhelo nacional, a cooperar a todo pro-