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NUMERO CONMEMORATIVO D E LAS BODAS D E PLATA D E A B C P A G 45 maravillas del Creador. L a Prensa española representaba el caos de los partidos políticos; no vivía por s í reflejaba aberraciones de oligarcas, más concupiscentes que veraces; Luca de Tena libertó a la Prensa de la esclavitud del venenoso grupo mendaz y la puso al servicio del pueblo español con estas dos orientaciones: Libertad, Justicia. H e ahí un programa que todos los gobernantes tienen en los labios, sin que nadie logre darle arraigo en el corazón. S i como yo creo firmemente, más allá de l a tumba el espíritu tiene conciencia, porque es eterno, el fundador de A B C debe hallarse satisfecho de su luminoso y brillante paso por la tierra: Imitó a Dios e hizo posible el progreso de España, convirtiendo su periódico en heraldo de la verdad. RAFAEL COMENCÉ LA RECTITUD Y LA GENEROSIDAD E N LA VIDA D E A B C Se ha manifestado con tal intensidad el A B C desde su aparición en la vida periodística, que quienes han vivido sus prósperos veinticinco años podrán ofrecer a la publicidad aspectos bien interesantes de su actuación. Rara vez un diario habrá conseguido en menos tiempo una vida tan larga. Porque la vida de un periódico comienza el día en que por su prestigio se impone, y A B C nació ya respetable y respetado. Quizá haya sido su mayor triunfo ser el diario de las clases conservadoras y de las que nada tienen que conservar. H e oído muchas veces sabrosos comentarios del público al verle en manos de gentes modestas. Y es que el pueblo siente, por instinto, la verdad, y aunque algunas veces, a sabiendas o por reflejo, la desfigure, casi siempre respeta a los que la cultivan. Así, cuando otros diarios se vieron sojuzgados por l a censura roja, A B C era autorizado de propios y extraños. Y a tanto llegó su prestigio, que pudo en sus talleres componer otro diario madrileño, sacrificado por l a huelga revolucionaria, tan sólo porque así lo crey ó justo aquel hidalgo inolvidable que fué primer marqués de Luca de Tena, quien, para salvar ajenos intereses, salía entonces diariamente en su coche, consciente de su deber de magnate, sin temor a los disparos de que alguna vez le hicieron objeto los que envidiaban su entereza y hubieron de ampararse en l a noche para no enfrentarse a plena luz con la rectitud de su conducta. JOSÉ MARÍA ESPINOSA pos. Los enormes rollos de papel consumidos le han dado una consistencia leñosa; el buen vino negro y espeso de las barricas de tinta fortaleció su sangre, y se ha comido tantos cerebros de hombre que rezuma espiritualidad. E l periódico tiene cada una de sus raicillas filiformes hundida en el cerebro de un hombre, y su industria es aquélk en que se nota a simple vista y más fácilmente que el hombre es la primera materia. A l que visite la solitaria sala de turbinas de una fábrica de electricidad, al que entre en la central de un teléfono automático puede parecerle que todo se realiza sin el concurso del hombre. U n periódico da siempre una impresión humana. Es él mismo un ser humano con sus gritos y sus silencios, sus yerros y sus intuiciones y sus cambios de humor. Se alimenta de nosotros; pero nosotros estamos muy contentos de alimentarlo. E n una pieza de tela no hay nada del fabricante de tela; en un edificio no hay nada del arquitecto; en las hojas del periódico va quedando- -perfectamente conservado- -algo nuestro, como la voz en un disco de gramófono, inconfundible, claro y personal. Guando ya m i juventud no exista volveré a encontrarla en las páginas de este diario. Siempre que lea el primer artículo que escribí en él evocaré aquella primera noche en que yo entré en la Redacción de A B C para entregar a D José Cuartero mis p r i meras Acotaciones escritas tan conmovidamente, que yo no tenía capacidad crítica para juzgar lo que había hecho. Cuartero no puede saber todo el bien que me hizo con sus palabras amables. Cuanto me ha ocurrido y cuanto me pueda ocurrir en m i vida de escritor no puede ofrecerme ya la emoción de aquellos días. Entonces yo era muy joven aún, y el A B C ya figuraba a la cabeza de los periódicos españoles. Hacía un año que yo intentaba, en Madrid, taladrar el muro de la indiferencia. E inesperadamente, mientras apuraba en la Coruña la colilla de unas vacaciones veraniegas, desconocido, obscuro, escasamente ilusionado, llegó a mí un telefonema de Luca de T e n a ¿Le conviene escribir en A B C las impresiones parlamentarias? Quien, al comienzo de su carrera, haya visto allanarse de repente todo ante él, suprimirse de un golpe esos años de dolorosos esfuerzos que cuesta el encaramarse a la plataforma donde la evidencia es mayor, sabe cómo embriaga esa alegría; los demás no pueden comprenderlo al través de ninguna explicación. Y o quería, apenas leído el telefonema, correr a San Sebastián a abrazar a D Torcuato, o telegrafiarle urgentemente algo en este tono: E s o no se pregunta o: ¿Cómo puede usted dudarlo? o llamar un notario para que encerrase en esa cárcel que tienen los notarios para los compromisos que no deben quebrantarse el ofrecimiento del fundador de A B C. Y no sé lo que hubiera hecho si un amigo mío de mucho talento y de más experiencia que yo, José Pan de Soraluce, el actual subsecretario de Economía ¡ojalá hubiese algunos como él, tan cultos, tan rectos y tan justos en el Gobierno de España! no se hubiese encargado de contestar en un despacho con estas horribles, con estas temerarias palabras: Dígame condiciones Camino de la Central de Telégrafos, yo iba tras él, casi llorando: -T ú me llevas a la ruina, José; tú me B M M I M I W I W W- pierdes. Dígame condiciones I J A quién se le ocurre? ¡Las que él quiera, hombre; las que él quiera... V a a volverse atrás... Entonces también tenía yo veinticinco años como hoy el A B C W. F E R N A N D E Z FLOREZ LA FORMA DEL A B C E N MIS V E I N T I C I N C O AÑOS... L a civilización, como los dioses, crea seres efímeros y seres de resistente y larga vida. Existen la mariposa y el cigarrillo. Existen el loro y los puentes provisionales. Entre las creaciones humanas de vida más duradera figura el periódico. P a r a un periódico lo difícil es comenzar a vivir. Entonces le atacan todos los microbios y conspiran contra él todas las desgracias. L a mortalidad infantil entre los diarios es tan grande, que rebasa el tanto por ciento de la mortalidad de niños españoles. L o s primeros días son muy expuestos; el primer año, temible; el primer lustro, arriesgado. Pero en cuanto un periódico cumple un siglo hay que apelar a procedimientos extraordinarios para acabar con él. A los veinticinco años un periódico entra en l a pubertad; es cuando comienza a estar fuerte y ha creado ya suficientes anticuer- E l público debe leer diariamente nuestra sección de anuncios p o r palabras clasificados en secciones. E n ellos encontrará constantemente asuntos que pueden interesarle. Formato se dice, usando palabr. a italiana innecesaria, teniendo l a española para expresar l a figura de cualquier libro o periódico que examinemos. L a forma del A B C es uno de los varios elementos justificadores de su triunfo. Recuerdo el efecto que me causó viéndole diario, después de sus p r i meros pasos semanales, dados como si quisiera su creador prepararse bien para l a carrera firme, continua, segura y victoriosa, empezada el 1. de junio de 1905. Aquel periódico nuevo era manejable, sin aspiraciones avasalladoras, careciendo de propósitos ostentosos. Podía leerse en el tranvía sin molestar a ningún vecino, dando la cara a todos; recorrer sus páginas dentro de la casa, cual si fuesen las de un libro. Cada número parecía realmente un folleto de varias planas, donde, al mismo tiempo que se transmitían justas impresiones gráficas, se daban completas señales de l a actividad social, difundiéndola por el mundo con necesaria resonancia. E n el pasado siglo, l a Prensa española vivió mucho tiempo bajo el patronato dominador de la política partidista. E l gacetero, ante todo, era un combatiente; en la tienda de su agrupación tenía cobijo, recibiendo de él órdenes e inspiraciones; en ocasiones para deleitarse, en otras para enfurecerse, sintiendo según los trances, caricias o mordiscos, halagos o puñaladas. N o había opinión sin prejuicios, abriéndose siempre los oídos para l o solicitado por el deseo, con negativa a escuchar lo contrario de las particulares conveniencias. P o r eso generalmente en las columnas de los periódicos no tenía acceso la realidad; el ambiente era de pasión, exclusivista, acalorado, sin hallarse dispuesto a reflejar cuanto viese; diseñando, no cuadros pintados por la verdad, sino cuantos inspirase el deseo, poniendo pinceladas perturbadoras en lugar de las frías, pero exactas, de cualquier acontecimiento. Con el siglo x i x se verificó l a transformación del periodismo híspano, coincidente con el movimiento de protesta, sacudida j u venil según la llamamos después del triste año 1898, el del desastre. Admiremos a quienes fueron excepción y pensemos, para consolarnos de su ausencia, que los reemplazan, no figuras descollantes, sino multitudes en las cuales encarnan el brío y l a grandeza, otras veces asomadas singularmente en determinadas personas. L a fuerza se trasladó desde el elemento individual a las muchedumbres. L o s hombres actuales suelen parecer en verdad más chicos que los de antaño, pues escasean las estaturas mentales extraordinarias; en cambio, las regulares crecen visiblemente. E l espíritu capaz de conducir al mundo por la senda de sus glorias rnantiénese poderoso, encarnado por lo común en l a masa general, a l a que conduce, empuja y exalta. E n 1905 apareció como diario el A B C respondiendo a las exigencias y reclamaciones de la época. Su forma nos sorprendió, siendo efectivamente la precisa. Su tamaño debía comprenderse, como sucedió, leyendo su texto, examinando sus fotografías crónica exacta de cuanto acaece en la tierra. P o r algo me dijo sonriendo Luca de Tena, hace más de veinticinco años, seguro del porvenir de su empresa: Usted verá; las tres primeras letras han de significar el poder del alfabeto entero. T. F R A N C O S RODRÍGUEZ
 // Cambio Nodo4-Sevilla