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MADRID- SEVILLA 3 D E 1 UN 1 Q DE 1930. NUMERO S U E L T O 10 CTS. REDACCIÓN: P R A D O D E S A N S E B A S T I A N S U S C R I P C I O N E S Y A N U N C I O S MUÑOZ CERCANA A TETUAN, SEVILLA ABC 1 DIARIO ILUSTRADO. A Ñ O V 1 GÉS I M OS E X T O N. 8.560 g tflOLIVE. GLOSAS L A L U C H A F I N A L E N L A INTRODUCCIÓN A L O S M I S T E R I O S D E D E L F O S -R e c o r d e m o s aquella sentencia admirable de Joseph Joubert, tan consoladora en su delicada sabiduría: Mis descubrimientos (y- -añade modestamente- -cada cual reaUsa los suyos) me han devuelto a L A I D E A D E G R E C I A ¿Y lo de M i mis prejuicios. cenas? ¿Y lo de Eleusis? ¡A h cuidado! De igual modo, en nuestra gnósis de Gre- Aquí ya entramos de lleno en una de las cia, un quinto y último plano de supera- cuestiones en que más concretamente nos ción, desvaneciendo los fantasmas de bar- pueden servir los principios descubiertos por barie y romanticismo- -con que han venido nuestra Ciencia de la Cultura ¿No figura a sorprender y conturbar nuestra imagen en primera línea, entre los tales, aquel de de clasicismo ingenuo los descubrimientos que, en- realidad, la llamada Prehistoria arqueológicos relativos a la Grecia micéni- acompaña siempre a la Historia, razón por ca o cretense, a la policromía de las esta- ¡a cual mejor es llamar a aquélla Subhistotuas o al misticismo orientalizante de los r i a así como se dice subconciencia de la cultos secretos- -nos devuelve a aquel tercer actividad de espíritu que se esconde debajo plano, y, hasta cierto punto, al. primero, de la vida consciente, que opera en su sótaal del elemental aprendizaje geográfico e no? Pues si toda historia lleva subhistoria histórico sobre Grecia. Los turnos de la y en ella se intenta, toda cultura reposa en luz y d é l a s brumas se distribuyen, en rea- una barbarie que la nutre. Esta barbarie lidad, así: primer plano, luz de la escuela; segundo, brumas del ensueño turístico; ter- (aunque se presente pertrechada- -o precisacero, luz clásica; de la Academia; cuarto, mente porque así se presenta- -de los más brumas de la erudición; quinto, final triun- imponentes, lujosos y complicados ornamentos materiales) no califica un conjunto cultufo de la luz. ral, no estorba a una calificación ajustada a Pero esta victoria no se consigue, es cla- sus elementos superiores- -decisivos, aunque ro, sin un poco de dialéctico combate: ni parciales- por lo mismo que los elementos se dejan ahuyentar los fantasmas así como químicos carburados por la combustión orasí. Superar quiere decir haberse esforza- gánica del cuerpo de Leonardo o del cuerdo ¡ánimo y a ello, doctrino de las reve- po de Juan no definen la personalidad de laciones deificas... Te he citado al reaccio- Juan o de Leonardo. Micenas es Grecia en nario Joubert hace un momento. N o toma- igual proporción y en igual sentido que el rás a mal que ahora te cante un verso de carbón es Leonardo. Y lo mismo el otro turun himno revolucionario famoso. Aquel ver- bio elemento asiático el doble fondo, del orbo estimulante, que dice: C est la lutte fi- fismo, los misterios. P o r dentro, biológicanóle Ascendidos que seamos a la altiplanicie y belvedere, desde donde podamos ol- mente, todos somos A s i a Todos somos Á f r i vidar, como otros tantos wgri somnia aque- ca, Océano, selva, música, locura... Sólo que llos espectros obscuros, ya podremos estar encima de esta selva, algunos hombres, altranquilos, conociendo del secreto esencial gunos pueblos tienen fuerza bastante para de Grecia lo que es indispensable conocer. erigir una ciudad; y, encima de esta música, -un dibujo; y, encima de esta locura, una razón. Entonces los tales se definen, V O L V A M O S A L A A C A D E M I A -por esta ciudad, este dibujo, esta razón- -esta Antes que nada, que no enflaquezca dema- obra suya- Como Leonardo, el supremo siado nuestra académica decisión en el entre los Leonardos- por su C e n a o por asunto de la policromía de las estatuas. L a su Gioconda no por su carbón. misma erudición de última hora no ha tenido más remedio que confesar que cierta noY Grecia, por su siglo v. P o r aquella idea velería anterior, gustosa de la zozobra aje- -idea sin paisaje, idea sin historia, idea na, había exagerado no poco, en este pun- sin nación- que en ella encuentra otra vez to. N i fué el hecho tan general ni sus ma- un nuevo y más seguro clasicismo, cuyos desnifestaciones tan violentas como se imagina- cubrimientos devuelven, al llegar este quinran en el momento en que no se les co- to plano de nuestra gnosis, a los prejuicios gió el pan a los arqueólogos hasta dejar con- iniciales, vertida en una especie de celebración t r i EUGENIO D O R S color del 14 Juillet la reconstrucción de los frontones de Egina en la Cliptoteca de M u n i c h E l tiempo, la atmósfera, la luz, R E L I E V E S D E A C C I Ó N atenuaban inevitablemente en estatuas colocadas al aire libre la crudeza de los tonos, CATÓLICA que estalla, escandalosa, bajo la claridad fría de los Museos. Quizá en la cela del santuaEspaña en Túnez rio el ídolo conservó algún tiempo, a beneficio del efectismo devoto, cierta rudeza L a entrada en aguas de Túnez no se ha abigarrada. Fuera, en lugar abierto, a los caracterizado por el saludable entusiasmo y propileos, en la plaza, la vocación de ciuda- el cristiano regocijo que en los demás puerdana armonía acabó por llevar a la unidad tos de África excitó la simpatía de los i n o muy cerca de ella el contorno de sus colo- dígenas. res como el equilibrio de sus formas. Cuando a las primeras luces mañaneras Y sobre todo, hay lo siguiente: que ni si- ofrécese a nuestros ojos, blanca y tosa, la guiera en los casos y momentos de policro- sagrada colina de Byrsa, los recuerdos agusmía en la estatuaria puede, en rigor, hablar- tinianos, las evocaciones de la historia crisse de naturalismo. L a piedra, el mármol, apa- tiana, que aquí alcanzaron triunfos insignes recerá pintado- de rojo o de a z u l pero ni de virtud y de genio, culminan sobre las cu- este bermellón ni este ultramar sé matizan en el llamado color de- carne Trátase, siempre, por lo tanto, de una coloración abstracta. E l principio de la idealización queda salvado. Y con él, la calificación académica del arte griego, su valoración clásica e intelectual. riosidades turísticas. Algunos religiosos se postran de rodillas, otros explican a los peregrinos pasajes y sucesos de la vida de San Agustín. L a motonave, media hora antes de enfilar el canal, ha pedido práctico. Nuestro barco no atraca en la Góulette. Allí están algunos transportes franceses e italianos, que, vestidos de fiesta, dando al aire las banderas nacionales y la pontificia, nos saludan al paso. E l Dahira, ancho canal que es puerta de la bella ciudad africana, está cerrado por dos bandas dé tierra, en una de las cuales se h a construido el ferrocarril eléctrico que en estos días hace la travesía a Cartago cada cinco minutos, y en la otra, pantanosa y sucia, se ven, grandes cobertizos, que guardan montañas de sal y fosfatos. V a moderando su velocidad el Príncipe Alfonso; l a escasez de calado disminuye las rotaciones dé l a hélice, y al cabo de unos cuarenta minutos de marcha damos cara a la ciudad, que delante de nosotros se extiende blanca y atrayente como un gran jaique de seda tunecina ten dido al sol. Más medias lunas que cruces; más minaretes que torres. E n este panorama de blancuras desentona el negruzco color de chimeneas y el herraje de las fábricas. L o s barcos surtos en el puerto forman calles de ag- üa. P o r una de ellas, cerrada con vapores polacos, noruegos y franceses y napolitanos, entra el nuestro, brioso, esbeltísimo, con la bandera roja y gualda en lo más alto. Saludos, vítores, la Hermandad de la fe, la profesión de- una misma creencia, el sentimiento de un mismo amor ha hecho olvidar diferencias de nacionalidad. E s difícil la operación de atraco. Apenas quedan libres unos metros de espacio, y hemos de amarrar junto a los andenes, para evitar molestias al pasaje. E n los ventanales de las casas vecinas se agolpan curiosos marinos y viajeros, a fin de ver cómo salen los nuestros del trance. Desde el puerto, capitán y práctico dan órdenes, que presurosa y fielmente ejecuta la marinería. En. menos que se dice queda vencida la dificultad. Nuestro cónsul, en compañía de algunos individuos del Comité, suben a saludar a los prelados. Pasaporte en una mano y guía en la otra, los peregrinos bajan a tierra, anhelantes de acudir a la Catedral, donde esta tarde se celebrará la sesión de apertura. V i v a curiosidad, no exenta de respeto y simpatía, adviértese al punto en los árabes y judíos, que con sus pintorescos trajes andan por las callejuelas cercanas al puerto. E n las más céntricas que recorremos, A v e nida de Francia, bulevar de Jules Ferry, gallardetes y banderas pregonan la alegría popular. Y en el atrio catedralicio hay instalado un bonito altar. L o s alrededores del templo están llenos de congresistas. A juzgar por los idiomas que se oyen, la asistencia más numerosa corresponde a franceses e italianos. E s lógico. Les dos pueblos constituyen el núcleo predominante; mejor diríamos el grupo europeo que se disputa, codicioso, el usufructo de la incóhii le riqueza de este país. También se esc; cha 1 dios adios sefarditas, cef dos; mii hos tapiceros y or: U. que han estado vendiendo evilla. y 4