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A. B C. JUEVES 5 DE JUNIO DE 1930. E D I C I Ó N DE rránea, que busca ahora en el mar, con mayor tesón que nunca, amplias trayectorias de prestigio y de grandeza. ABC, tan cuidadoso siempre de las ordenadas del porvenir nacional, no puede menos de señalar el giro interrogador de esos planes marítimos de Italia, decidida, según todas las apariencias, a disponer de igual tonelaje militar que F r a n c i a anhelo fervoroso e inaceptado del Gobierno italiano, que ha sido la causa principal determinante del evidente fracaso relativo de la Conferencia de Londres. E l esplendor con que Francia acaba de celebrar el centenario de A r g e l i a y l a brillante revista naval verificada el día 10 de mayo en aguas de tan floreciente colonia, en cuya ocasión desfilaron con especial entusiasmo ante el presidente de la República las fuerzas aéreas y las modernas naves de que tan orgulloso se muestra el A l m i r a n tazgo de París; los escrupulosos y crecientes desvelos de la metrópoli por la rapidez y sépuridad de. las comunicaciones francoargelinas; la recelosa y firme actitud de la opinión pública francesa en vista de las aspiraciones que en Túnez y L i b i a plantea Roma, en concepto de heredera de los derechos de Turquía, nidiendo abiertamente la incorporación a Tripolitania de las provincias saharianas de Tibesti y Borku- -ocupadas por Francia en 1913- -y el acceso de su pabellón a las orillas del lago Tchad, eie crítico del enlace de diversos dominios coloniales franceses africanos; la extraordinaria y espectacular circunstancia de los cinco buques de guerra botados simultánea y recientemente en I t a l i a los 20 barcos militares de la misma nacionalidad que se empezarán a construir este año, en concepto de afirmación categórica y reiterada de aquel anhelo de paridad; l a clamorosa y significativa exaltación patriótica con que fué despedida en Ancona l a segunda escuadra italiana, que salió en abril para cruzar por el Mediterráneo y visitar días después el litoral de A l bania, dispensándose en su capital, Tirana, un cordial recibimiento a los marinos del país aliado; el interés actual de Francia por la habilitación de Bizerta y las fortificaciones de Córcega- -hace poco inspeccionadas por el prefecto marítimo de Tolón- y el de Italia por las de Cerdeña y otras bases; los avances aéreos de ambos países; -la indicación hecha por el ministro de Negocios E x tranjeros, Grandi, en solemne ocasión parlamentaria, acerca de l a evolución del espíritu de los Tratados, abriendo con ello nuevos horizontes al sentir germano de revisión, y la afectuosa acogida dispensada paralelamente en Sicilia por las autoridades y el pueblo a la división naval alemana, cuyo mando ejerce el almirante Odelkop, sucediéndose los actos en que los respectivos himnos nacionales se unían frecuentemente a los acordes del canto fascista Giovinezsa, tan poco grato a los oídos franceses; el tono áspero y alarmante de la Prensa de uno y otro país, en que se alude claramente al irredentismo de Savoya, condado de N i z a y D a l macia, y las mismas oraciones cálidas y grandilocuentes del duce, denotan, en efecto, hasta la saciedad que se va forjando una situación grave y difícil en el área occidental mediterránea- -tan íntimamente ligada a nuestros destinos- -y de cuyo alcance, aunque los aciertos diplomáticos sepan conjurar o aplazar el peligro, deben preocuparse hondamente los españoles. JOSÉ BARBASTRO AL CORRER D E LA PLUMA E s t a b a escrito Y o no creía en la fatalidad. H e cambiado de opinión. Todo lo que sucede debe suceder. Decíame un general de grata memoria que las balas disparadas en la guerra llevan el nombre de la persona a quien deben matar o herir. E s t a creencia redime del miedo. Pero, si l a aceptáis, habréis fabricado un eslabón de la cadena de la fe. Os veréis aprisionados por ella si tiene la lógica algún imperio sobre vuestra mente. ¿E s desatinada la afirmación de que el mundo está gobernado por la fatalidad? Permitidme que l a acepte ahora. Las ideas crean estados provisionales de nuestra r a zón. Se enmarida ésta con las que la seducen un instante, sin perjuicio de repudiarlas después, para convertirse a la postre en su veleidoso cortejo. L a piedra que me ha herido en un pie y me ha roto una tibia forma parte del orden cósmico. N o sé de qué cantera salió ni en qué pedregales estuvo antes de ocupar diez centímetros cuadrados de una de las calles de M a d r i d Pero se hallaba en aquel sitio para que pasase por él la cubierta de un neumático de cierta rueda de automóvil. E r a la cita de dos cosas para un encuentro convenido, algo así como la fusión instantánea, en un contacto amoroso, de dos seres que se atraen por el anhelo de secreta complicidad. Elegido el lugar de la cita, faltaba la presencia de un espectador, aunque sea costumbre de rufianes el prevenirle para que pueda testificar amorosos triunfos. A un segundo preciso de una hora determinada acudí yo, ¡pobre de mí! al punto de la cita. Estremecióse la cubierta al contacto del cuerpo rígido que la esperaba en el suelo, y fué lanzado, en brusco movimiento de reacción, sobre mi quebradiza extremidad. Loado sea el golpe que buscó las bajuras de mi cuerpo, donde la ortopedia puede ser remedio del daño. Somos juguetes del destino. N o lo reputéis fuerza inconsciente. E l mundo está regido por una razón suprema. E l que no se resigna ante sus desgracias, ante sus calamidades, ante sus torturas, enlaza su impiedad con rebeldías estériles. Que la fuerza del Cosmos no sea r a zonada y nó sea razonadora es un contrasentido que repugna a nuestro entendimiento. Este contrasentido se ha llamado antinomia, es decir, contradicción entre dos leyes. L a ley humana y la ley cósmica convergen hacia el mismo punto, cualquiera que sea la lentitud en el movimiento de convergencia. L o que pasa es mejor que lo que nosotros deseamos. Sólo nos autoriza a rechazar l a presentación del mal aparente el desconocimiento de los secretos fines a que responde. L a filosofía persa ha explicado con dos principios la actividad confusa del universo: el principio del bien y el principio del mal. Guárdeme Dios aquí, y en este trance, de incurrir en el anatema en que incurrió Orígenes por negar lo que en su tiempo no podía ser negado. Pero no creo que el p r i n cipio del bien haya compartido su omnipotencia con el principio del mal para que obre a su antojo en contra del misero barro, animado con el soplo de la vida. Y o tengo mi demonio como Sócrates tenía el suyo. E l demonio de Sócrates era la llama de su genio, su inspiración, que pudo parecerle a él mismo sobrenatural. Estaba dentro de él. M i demonio ni es llama, ni es inspiración, n i está dentro de mí. E s sencillamente el Satanás bíblico, de escayola pintada de rojo, con sus cuernos simbólicos y sus patas de cabra. Ocupa un lugar en la repisa de la chimenea de mi despacho, junto a un mono, que se sienta, burlón, sobre dos pesados volúmenes de un diccionario grecoalemán y al lado de la estatua sedente de Pérez Galdós... N o creo que la piedra la disparase contra mí la fuerza satánica por los motivos que antes indiqué. Pero fijaos en el pábulo que a toda posible superstición brindan los accidentes de nuestra existencia, L a señora que me hizo el presente de la figura demoníaca es viuda ya, porque un automóvil mató a su marido, mi amigo entrañable. U n automóvil ha lanzado sobre mí la piedra agresiva. E l principio del mal, oh, inefable dolor! no puede estar descontento de m i flaca resistencia a sus repetidos halagos. E s el principio del bien el que ha decretado rebotes y fracturas. Acordémonos del esclavo Epicteto. Su señor se entretiene retorciéndole una pierna. S i me aprietas así, me la romperás le, dice el maestro de M a r c o Aurelio. E l amo se l a quebranta. Y a te dije- -exclama Epicteto- -que acabarías por rompérmela si continuabas apretando... Estoy muy lejos de la paciente sabiduría del esclavo estoico; pero no dejo de aterrarme a la idea de que lo que pasa debe pasar. L a piedra heridora no ha sido pulverizada. Subsiste con su mismo tamaño, su mismo peso, su misma capacidad proyectil. Se guirá cumpliendo su destino de ponerse en contacto con cubiertas de neumáticos y de ser despedida contra cuerpos de transeúntes. Si no estáis convencidos como yo de que evitar el golpe que os amenaza es oponerse a los altos designios de la fatalidad, guardaos de ella. Os espera en muchas calles, cautelosa y sombría, de acuerdo siempre con el automóvil que corre veloz, para dispararla y desaparecer... JÓSE ROCAMORA mXTURA EXPECIÁL Transformación maravillosa Hay d i e z matices disantos, desde et rubio al negro. Estache ptas. 10 1 En Perfumerías y Droguería Por mayor Perfumería fimUiaat M OBI O RALUDJNA HóHR
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