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blemente unos a otros, y descalzándose en seguida atravesaron el único paso permitido a los creyentes, por no estar contaminado con el pie del rumí, para hacer l a oración de la. tarde. L a chiquillería, semejante a la de todos o casi todos los pueblos, frecuentados po- viajeros, nos acosan en demanda del franco, y se hacen tan pesados como las moscas, que, también a bandadas runrunean por callejuelas y casas, a primera hora de la mañana y hasta que el sol no empieza a declinar, apenas se ve a l guna que otra mujer, todas con blanca túnica y negro antifaz; pero hoy, viernes, día de visita a los cementerios que rodean a Kaiznan, salen en gran n ú m e r o y por parejas; se dirigen a la tumba familiar, donde depositan hierbas o rocían con aceite. J. P O L O BENITQ RELIEVES LLANOS SEVI- L a antigua ermita de San Sebastián Con motivo de haberse celebrado en los últimos días del florido mes de mayo solemnes cultos en honor de Nuestra Señora del Prado, antes advocada con el singular título de la Pera, por la que le muestra al Niño que ostenta sobre el brazo izquierdo, ofrécesenos la ocasión de apuntar algunos pormenores relativos a la excelsa Señora y a la iglesia en que se venera, antigua ermita del Prado de San Sebastián. CÓRDOBA. E N L A E R M I T A CELEBRACIÓN DE SACAR D E L QUINTO CENTENARIO D E L SANTUARIO, SITUADO SCAJLA CCELIS D E CÓRDOBA. MOMENTO LAS D E L A SIERRA, D E SAN A L V A R O E N L O MAS PINTORESCO RELIQUIAS D E L S A N T O PARA T R A S L A D A R L A S A L C O N V E N T O D E P A D R E S DOMINICOS (FOTO SANTOS) L A V I R G E N D E L A PERA ¿Q U E S E V E N E R A EN L A IGLESIA D E L PRADO BASTIAN D E SAN S E- L a hermosa imagen de l a V i r g e n es de acabada talla y su tamaño el natural. E n su rostro bel ísimo resplandecen los rasgos de un inefable candor y los gloriosos destellos de una ideal ternura. Tiene en la mano derecha, como al principio se ha dicho, una pera, que significa el placer del primer pecado, porque no están acordes todos los autores en fijar el género de la fruta que producía el árbol que el Señor prohibió gustar a nuestros padres en el Paraíso, por más que haya prevalecido la opinión de aquellos que dicen fué manzana, considerándola como símbolo de la culpa original. Sustenta sobre el otro brazo al Niño Jesús, también de una primorosa hermosura. E n tiempos remotos Nuestra Señora de la Pera, recientemente titulada del Prado por el lugar en que está enclavada la ermita donde recibe la veneración de los fieles, fué objeto de! a mayor devoción entre los labriegos de las huertas que muy cerca existían y entre los vendedores de frutas que llegaban a Sevilla desde Alcalá de Guadaira, Gandul, Dos (Hermanas y otros pueblos próximos. E n un libro impreso en Barcelona con el título del Año de Marta se menciona a esta gloriosa imagen, agregándose los. pormenores de que a su ermita acudían a celebrarle fiestas aquellos fieles y un gran concurso de los de la capital el día 5 del mes de agosto, teniendo lugar los cultos muy de mañana para esquivar el excesivo calor. E n 1709, y por la circunstancia de padecerse una angustiosa epidemia, sufrió una lamentable decadencia dicha devoción. L a capilla a que nos venimos refiriendo fué levantada en honor del mártir romano San Sebastián proclamado en el siglo x v i l por el Papa San Agatón como abogado contra las epidemias. Refiere Abad Gordillo que este santuario era muy antiguo, pues existía la creencia de haber sido el primero en que recibió cultos la V i r g e n de los Reyes, a él llevada por el Rey San Fernando cuando puso cerco á nuestra ciudad. Cuenta asimismo el cronista que luego fué ampliado por los genoveses, que vinieron a vivir a Sevilla y tenían junto a él una a l berca donde lavaban las lanas curiosas que enviaban a Genova, y se llamaba la Alberca de los Genoveses P o r su parte el canónigo de nuestra C a tedral Ambrosio de- la Cuesta afirma haber escuchado de labios de sus mayores que. fueron los Reyes Católicos los que mandaron levantar dicha ermita cerca de una gran laguna, que luego fué renovada, siendo la que existe de principios del siglo x v n Desde muy antiguo estuvo bajo la protección del Cabildo de. los Jurados, y a ella hacían estación los Cabildos, en su día, por voto a su Patrón hecho en tiempo de otros contagios Ello se menciona en el ceremonial a que se ajustaba el Ayuntamiento en su funciones de iglesia, tanto ordinarios como extraordinarios, y que fué impreso por su orden en 1799. Asimismo alcanzaba a muy remotos tiempos la devoción que profesaba a San Sebastián el Cabildo eclesiástico, entre otros motivos por la circunstancia de guardar como reliquia un brazo entero del santo engastado en otro de plata. También, por capítulo que consta en su regla, la Hermandad del Santísimo Sacramento del Sagrario de nuestra basílica celebraba fiestas a San Sebastián en su ermita del Prado que lleva este nombre. L a invasión napoleónica convirtió en 1810 esta ermita en polvorín; mas luego, en 1814, fué en ella restablecido el culto. C o n ocasión de nuevas y pavorosas epidemias que asolaron a nuestra ciudad se estableció un cementerio en los aledaños de Eritaña, celebrándose también enterramientos en el atrio de la ermita. E n él dispuso su cementerio particular el Cabildo eclesiástico. Por último, pasado largo tiempo, se prohibieron en este lugar las inhumaciones, y
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