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A B C. V I E R N E S 6 D E JUNIO DE 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. PAG. gJ quitecto Sr. Ríos, cuya labor le era conocida y sabía que llevaba muy bien las obras a él confiadas. H a sido una visita larga y detallada y el Soberano ha mostrado su deseo de conocer, con detalle, el estado del templo del Pilar, que tanta importancia tiene para Z a ragoza y para España. SU M A J E S T A D E L R E Y V I S I T A E N Z A R A GOZA, LAS OBRAS D E L T E M P L O D E L PILAR Y LA ACADEMIA GENERAL MILITAR L a llegada. E l M o n a r c a en el templo del Pilar. A p l a u s o s y vítores. E n la A c a d e m i a General M i l i t a r Alocución del R e y Imposición de una medalla e inauguración de un monumento. Banquete presidido p o r el R e y Entusiasta despedida. L a llegada ¡Zaragoza 5, 11 mañana. A las nueve y cuarenta y cinco llegó Su Majestad el Rey, sin novedad, siendo recibido por el elemento oficial. E l Monarca se dirigió al templo del P i lar y luego a la Academia General M i litar. E l arquitecto contestó que las pilastras centrales son las que se han agrietado y también los arcos del coro y de la Santa Capilla, por resultar débiles para sostener las cúpulas. E l Soberano pudo apreciar los desplomes de las pilastras de los arcos de los pies del camarín, que miden 40 centímetros, y pidió explicaciones de cómo estos arcos se han podido sostener. E l Sr. Ríos dio respuesta razonada. E l Rey preguntó por el coro, que está montado en el Museo del Cabildo, y por el modo de restaurar el altar mayor, siendo informado por el arquitecto. Su Majestad ha visto las pilastras y su c i mentación, las cadenas preparadas para unir entre sí o al ras del pavimento todas las pilastras y contrafuertes; inquirió d. itos sobre su extructura, resistencia y posibilidades de corregir los movimientos y deformaciones. A los técnicos que han acompañado a S u Majestad en la visita a las obras no se les ocultaba el profundo conocimiento que tiene el Rey en esta materia; pero ninguno lo había visto tan interesado como en esta v i sita al templo del Pilar, n i tan enterado a fondo del problema, y por ello todas sus preguntas fueron escuchadas con profundísima atención, pues por ellas y por las respuestas del arquitecto se apreciaba con todo detallé la importancia de las obras realizadas y en proyecto. E l Rey siguió preguntando por la naturaleza del suelo, profundidad del firme, sentido de la corriente, distancias del cauce actual y del cauce antiguo, altura de las aguas en los pozos de registro, naturaleza de las fábricas, resistencia de las mismas, posibilidad de corregir deformaciones y movimientos, hasta que ha llegado en su visita al centro del templo, debajo de la cúpula central, donde a la vista de un modelito de yeso ha continuado preguntando al señor Ríos pormenores de las obras y sistemas de consolidación que los arquitectos proponen. E l Sr. Ríos ha expuesto, con todo detalle, que con el procedimiento de i n yecciones de cemento a presión, se lograría la consolidación del suelo, y con este procedimiento se hará impermeable para defender los cimientos de la acción de las aguas del río. Luego el Monarca preguntó detalles de l a cubierta actual, enterándose de la necesidad de rehacerla con elementos metálicos. Preguntó también sobre el coste de las obras y sobre el plazo de ejecución, siendo informado de que su coste está valuado en seis millones de pesetas, y respecto al plazo, que no será tan largo como creemos, y que utilizando los medios de la técnica moderna, veremos avanzar los trabajos rápidamente: E l Soberano se ha dado cuenta de que la consolidación que se proponen hacer es un nuevo templo y preguntó si podía continuar el culto a la Virgen, respondiéndole afirmativamente. el Sr. Ríos. S u Majestad trató con el presidente del. Consejo de la necesidad de que el Estado ayude a estas obras, de la mayor importancia e. interés, en forma muy especial. Terminó el Rey con amables frases para, el ar- E n la A c a d e m i a General M i l i t a r Zaragoza 5, 5 tarde. E l Monanca, después de su visita al templo del Pilar, salió de dicha basílica por la puerta que da a la ribera del Ebro, donde fué vitoreado en- tusiásticamente por el público que se hallaba allí congregado, y se dirigió, con su séquito, a la Academia General Militar, donde llegó a las once de la mañana. Se d i r i gió a la puerta central de la Academia, donde estaba formado el batallón de cadetes al mando del teniente coronel, profesor señor Sueiro. Allí se hallaba levantado un artístico altar con la imagen del Pijar y adornado con flores. Su Majestad tenía un sitial al lado del Evangelio. Distinguido y numerosísimo público no cesó de vitorearle. U n a comisión de alumnos de la antigua Academia M i l i t a r presidida por el general Iborra, con todos los jefes del Ejército, era portadora, de la bandera de aquella Academia, que regaló S. M la R e i na regente doña María Cristina, de rica seda de faya, con los colores nacionales, ostentando en el centro el escudo de armas reales de Castilla sobre pequeña cruz de borgoña, y rodeándola en forma de círculo y en carácter bordado en oro, el lema Academia General Militar, y en su corbata, bordada en oro; la moharra hecha en la fábrica de armas de Toledo, y de acero cincelado y damasquinado, y en la media luna, de una parte la fecha en que fué creada la antigua Academia, y de otra la de su estreno; el cubil, de lucidísimas y complicadísimas labores, está adornado con el emblema de dicha Academia, con la hermosa figura, en relieve, que presenta las cuatro figuras de la enseña, de las que campean ¡entrelazadas, las iniciales A. G. M. el asta es un buen ejemplar de caña de bambú y el regatil corresponde, en belleza, al conjunto de la obra. E l M o n a r c a en el templo del P i lar. A p l a u s o s y vítores Zaragoza 5, 4 tarde. E l Rey, acompañado del alcalde, se dirigió por las calles de Mayandía, paseos de Pamplona, Independencia, Coso y calles de Alfonso y del P i lar, al templo del mismo nombre. Durante el trayecto no cesaron los, vítores y aplausos al Monarca. Todos los balcones de los edificios oficiales lucían colgaduras y ostentaban la bandera española. L o s balcones de las casas particulares también estaban engalanados. A l aparecer el Soberano en la calle de A l fonso todas las campanas del templo del P i lar fueron echadas a vuelo. E n la puerta del templo una compañía del regimiento de Gerona, con bandera y música, rindió a Su M a jestad los honores correspondientes. E l Rey llegó a la puerta del templo y, después de pasar revista a la compañía que le rindió honores, penetró en el mismo, sa; ludando al arzobispo, Sr. Domenech, y a todo el Cabildo. Seguidamente, bajo palio, dirigióse al camarín de la V i r g e n donde tomó asiento con su séquito en el presbiterio para oír la Salve. E n el séquito figuraban el barón de Casa Davalillo, general Berenguer, general F e r nández Heredia, capitán general de A r a g ó n gobernador civil, alcalde y otras personalidades. Ofició el arzobispo, y, seguidamente, el Monarca adoró a la- Virgen. Lucía la imagen valiosas joyas, riquísimo manto y la corona que regalaron las damas enfermeras en la fiesta de la coronación, hace veinticinco años. Todas las personalidades del séquito adoraron también a la Virgen. Terminada esta ceremonia y al iniciar la salida del templo, el arzobispo invitó a Su Majestad a visitar las obras. E l Rey accedió inmediatamente, afirmando que no deseaba otra cosa. E n la puertecilla de acceso al recinto de las obras estaba la Junta del Patronato. H l Soberano saludó a todos, tomó del brazo al arquitecto, Sr. Ríos, y examinó detenidamente los trabajos de afianzamiento. El Rey se manifestó sorprendido por el avance que se ha dado a las obras y preguntó con vivo interés por la historia de la construcción del templo, la gravedad de su ruina, medios de observación utilizados para apreciarla y obras de realización urgente para contener los movimientos peligrosos de la fábrica del templo. E l Sr. Ríos explicó, en qué consisten los testigos y cómo se lleva un registro detallado para aprovechar los menores movimientos, y el Monarca preguntó en qué sitios están las principales grietas y dónde se observan los más graves signos de ruina. Alocución del R e y a los cadetes Seguidamente el capitán Sr. Gotarredona, portador de la enseña, hizo entrega de ella al cadete abanderado, D. José Olivares, número 1 de la promoción del segundo año de la Academia actual. E n medio de una ovación clamorosa, S. M el Rey adelantóse unos pasos y dirigió la palabra a los alumnos, diciendo: Caballeros cadetes: E n el día de hoy, próximo a la salida de la primera promoción de esta Academia, tenéis la satisfacción de recibir esta bandera, que, a través de tantas promociones, ha sido guía de los oficiales del Ejército español. Todos ellos pasaron por Toledo y juraron esta bandera, y han demostrado su juramento hasta perdiendo la vida por ella y por España, a quien representa. Aquellos profesores, como éstos, enseñaron a todos el espíritu del Ejército, para que en estos recintos aprendáis y tengáis luego la unión y el compañerismo, sin distinciones de infantes y jinetes, y llevéis, como siempre, el nombre de nuestra glorio- sa tradición, con el ejemplo de la sangre derramada, como la mayoría de vuestros profesores, y entonces, con vuestro espíritu se sentirá orgulloso vuestro Rey, y ahora vais a gritar conmigo: ¡V i v a España! Todos los cadetes, al unísono, contestaron con un viva frenético que arrancó del público, hondamente conmovido, una calurosa ovación y vííor f entusin- tis a España y al Rey durante largo rato. íl Monarca, conmovido, saludaba.
 // Cambio Nodo4-Sevilla