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A B C. S Á B A D O 7 DE JUNIO DE 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. PAG. 6 gran mime de funcionarios, por lo menos igual al d íber nacional. ¿Cómo podría sorprendernos esto, mientras que alrededor de nosotros tantos esfuerzos se unen, si no para disminuir l a idea de l a Patria, por lo menos para subordinarla a nuevas grandezas? ¿Quién se atrevería a levantarse para decir que, en una humanidad laboriosa y sufrida, hay un límite a la solidaridad? Y sin embargo, sí, hay un límite: es simplemente el que separa el interés particular del interés público. Esta demarcación debe ser respetada por todos los miembros de la nación. Debe serlo todavía más rigurosamente por aquellos a los cuales sus funciones han entregado una parte del Poder público. E s en toda la fuerza de la expresión, un abuso de confianza desviar de su destino la autoridad moral que se tiene de la Administración de la cual se depende. N o para obtener por la violencia un sueldo más elevado o una jubilación más ventajosa se ha solicitado y obtenido un empleo en Hacienda o en Correos. E s de todos modos inadmisible que se emplee, para un fin egoísta, un poder del cual no se es sino el depositario. Figuraos los papeles i n vertidos. Figuraos que un diputado diga al cartero: Y o votaré contra el aumento de sueldos que usted me pide si no me trae usted mi correspondencia- todas las mañanas una hora más temprano. ¿N o tendría razón el cartero de asimilar a este diputado a un concusionario o a un chantajista? E n todo caso podría decirle: Caballero, usted tiene una extraña manera de comprender y ejecutar su mandato Pero el diputado también razón de replicar: Perfectamente. Pero si usted desea que, en el ejercicio de mi mandato, no le olvide, no se solidarice más con sus compañeros cuando éstos abandonan sus deberes RAIMUNDO POINCARE París, mayo, 1930. UN LIBRO SOBRE SAGASTA L a Monarquía democrática Por lo evidente y por lo vulgar, se ha convertido en un tópico la conocida frase de que la Historia es maestra de la vida. Y así resulta de muy provechosas enseñanzas el i n teresante libro que acaba de publicar el conde de Romanones titulado Sagasta. Toda la vida del viejo político sigue una trayectoria clara, recta, definida, en defensa de la libertad y de la democracia. Por esos ideales l u chó siempre, por ellos hubo de sufrir las amarguras del destierro y soportó sinsabores y adversidades, y hasta estuvo condenado a muerte. ¿Qué extraño es que, no sólo por su habilidad política, sino por el prestigio de su historia, llegase a reunir bajo su jefatura indiscutible a hombres eminentes que en algún concepto le superaban, como A l o n so Martínez, Montero Ríos, Moret, López Domínguez, Martos, Gamazo, M a u r a y C a nalejas? ¿Qué tiene de extraño que Sagasta, sin ser republicano, proclamase siempre el principio de la soberanía nacional y combatiese una Monarquía en donde podían ocurrir c r i sis ministeriales absurdas y arbitrarias, como la llamada del rigodón? H e aquí cómo la relata en el libro del conde de Romanones: L a contrarrevolución del 56 había triun- fado por completo, pero los triunfadores sólo breve tiempo conservaron las posiciones conquistadas a los tres meses, en un baile de Palacio, la Reina, con premeditación y pudiera decirse con alevosía, infirió ostensible agravio a O Donnell, dando la preferencia para el rigodón de honor a Narváez, rompiendo el protocolo palatino, pues debiera haberlo bailado con el presidente del C o n sejo de ministros; causa bastante para provocar la crisis. Cuando en la noche del 14 de julio l a batalla estaba dudosa y la Reina, abandonada de todos y desfallecida, necesitando tomar un caldo, no tuvo otra persona que se lo sirviera que Alonso Martínez, gobernador a la sazón de Madrid, ya pensaba en N a r váez; no era extraño aprovechara una contradanza para deshacerse de su primer m i nistro. L a ingratitud de la Reina con O Donnell no procedía sólo en aquella ocasión de la veleidad de su carácter; tenia por base algo más trascendental: el compromiso que a espaldas de su Gobierno había contraído con el Vaticano de derogar las leyes desamortizadoras. P a r a los que aún conservaban fe en la Reina, fué esta crisis un desengaño cruel. Así, alguno de estos hombres, de lealtad bien probada, en la intimidad de su hogar exclamaba: C o n Reyes de ciertas cualidades se necesita mucha virtud para. no faltar a la lealtad- monárquica... E n las Cortes de 1858 Sagasta combatió al Gobierno por haberse negado a reconocer el reino de Italia. D e su discurso escribe Romanones: carmín ideal para mejillas. las NI L A V E L O C I D A D D E L A U T O Ni L A D E L AVIÓN D E S P E I N A R A N S U C A B E Z A DESCUBIERTA, SI A L L E V A N T A R S E PEINO S U S C A B E L L O S C O N ARREBOL ai JUGO D! R O S A S Permanente y discreto. En envase corriente, 2,50. 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