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ABC. SÁBADO 7 D E J U N I O D E 1 9 3 0 EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 7 I grimas ante aquella vecindad desacostumbra da y amenazadora de la nieve. Joe H a r r i s o n suspiró y habló así: -E s t a nieve, en enero, sería alegre y estaría poblada de muchachitas rubias, mórbidas y vocingleras... A h o r a es una traición, porque ha defraudado nuestra esperanza de recorrer, l a selva de ¡dulces penumbras olorosas, donde, de vez en vez, la mirada se regala con la visión rápida y furtiva de a l guna amable y descuidada silueta... Y a ha visto usted- -dijo, volviéndose hacia mí- -el castigo justiciero que mi indignación ha infligido a esa desgraciada hoja volandera, más volandera ahora que nunca, por habernos engañado- Como creímos todo io cue decía de los verdes paisajes risueños y del dulce clima del Semering en primavera, nos encontramos ahora encerrados en un triste cuarto de hotel, vestidos de, ligerísimos cendales, mientras fuera cae la nieve y gime el viento P u d i e r a acusarle a usted de. crédulo en demasía; pero no quiero agobiarle con mis recriminaciones. E n cuanto a mí, y a no creo de ahora en adelante nada de lo que afirma la letra impresa, aunque sea en la sección de Pequeña correspondencia... Puedo ponerle recientes ejemplos que justifican mi decisión. E n g a ñado por esas hojas, he procurado averiguar el sitio donde ha de reunirse en V i e n a esa Asamblea magna de todos los trotamundos de Europa... A mí, amigo mío, me interesan estos caballeros. Y a sabe usted que soy aficionado a las finanzas, y me gustaría conocer los medios de que se valen para sostener sus organizaciones, Congresos y Milicias a costa del enemigo, y sin guerra ni derramamiento de sangre. Y o pensaba que, si lograba conocer su secreto, F i l a d e l fia sería el más importante Estado de N o r teamérica y yo el personaje principal de Filadelfia... P o r desgracia, las hojas mienten, y no hay tal Congreso... También, engañado por ellas, he tomado algunas lecciones de malabarismo. Tenía ciertos propósitos, perfectamente, confesables. M e iría a Belgrado y me colocaría debajo de un balcón de palacio; mal habían de venir las cosas para que en unas cuantas semanas no cayeran un par de principitos desde los descuidados brazos de su real madre... E n t o n ces, mi suerte, como la del supuesto afortunado centinela, estaría hecha, y y a no tendría necesidad de explotar maderas blancas y hombres negros en el interior del África central... También, por desgracia, es otra falsedad de l a Prensa, y, a pesar de mis ya inútiles estudios, no se me, ofrece un gran porvenir por este lado. L a Reina de Y u g o eslavia, según afirma un comunicado oficial, no tiene la costumbre de dejar caer sus h i jitos desde el balcón... Aquí tiene usted- -añadió, señalándome un anuncio- -algo que es falso a todas luces: L a Orquesta Sinfónica de Nueva Y o r k debutará esta tarde en el teatro de la Oper a Y o tengo l a seguridad de que es una mentira nueva. M i s compatriotas son gente seria y saben que no pueden venir con músicas a la Patria de Schubert, Mozart, los Strauss y Kreisler... E s como si un austríaco pretendiera i r a España a demostrar cómo se deben poner las banderillas al sesgo. N o quiero molestar, ni con el pensamiento, a mis coterráneos... Nosotros tenemos a E d i son; perfectamente, todo tiene su mérito, y un gramófono bien tocado no es menos agradable que un buen violín... Esperemos que los sesudos hombres de Nueva Y o r k se limiten a darnos un buen concierto de gramola... Así h abló mi honorable amigo una m a ñana de mayo, mientras l a nieve iba cubriendo el valle y las montañas del Semering... MARIANO T O M A S- No hablaba sólo para buscar un efecto oratorio; perseguía conocer las causas que habían movido a un Gobierno que se llamaba liberal para negarse a reconocer la dinastía de Saboya, acusándole de haber obedecido únicamente a servir un mezquino i n terés de l a F a m i l i a R e a l calificando de r i dicula la protesta del Gobierno por el destronamiento de los Borbones del reino de las Dos Sicilias, exclamando: E l Gobierno se opone a la voluntad nacional cuando es Gobierno de una Reina que sólo debe su Corona a este principio y nada más que a este principio. Esta afirmación produce una protesta formidable; Calderón Collantes, ministro de Estado, vocifera, que la Reina, además qué por l a voluntad nacional, lo es por la tradición y por l a herencia; a la cabeza del banco azul, O D o n nell, siempre tranquilo e imperturbable, flemático por temperamento y por la sangre que lleva en sus venas, llegó a descomponerse y golpeaba el pupitre con las manos a la vez que interrumpía a Sagasta. E l escándalo aumentaba por momentos; la mayoría se levantaba iracunda contra el orador progresista, quien permanecía en pie, sereno, silencioso, cruzado de brazos, lívido el color, dibujándosele en sus labios la sonrisa de desprecio y en sus cejas el sello denunciador de sus arraigadas convicciones. Sagasta, sin embargo, no fué nunca republicano. De él dice Romanones: Sagasta n i en un solo momento de su vida deja de ser monárquico convencido. Así, en el manifiesto del Gobierno dirigido a los españoles como prólogo de las elecciones, y debido a su pluma, decía: L a forma monárquica es l a que se impone con inevitable fuerza para consolidar la libertad y las exigencias de la Revolución. L a Monarquía que vamos a votar es l a que nace del derecho del pueblo expresado por el sufragio universal; la que simboliza la soberanía de la nación... la que destruye radicalmente el derecho divino y la supremacía de una familia sobre el pueblo. Nuestra Monarquía está rodeada de instituciones democráticas; por eso es la Monarquía popular... P o r haber sido Sagasta siempre demócrata, combatió y votó en contra de l a Constitución del 76, que respondía a un concepto puramente doctrinario. Pero después gobernó con ella, no sólo porque las leyes orgánicas que desarrollaron los preceptos constitucionales les infundieron esencias democráticas (leyes de Asociaciones, Jurado y sufragio universal) sino porque sus artículos fundamentales se interpretaron conforme al dogma político de la soberanía nacional. N o es el texto escrito lo que da idea del régimen constitucional de un pueblo. L o s demócratas han podido ser monárquicos antes del 13 de septiembre, porque el R e y jamás dejó de sancionar una ley votada en Cortes (ese es el eje de la M o n a r quía inglesa) Y o he sostenido siempre, fundado en esa realidad constitucional, que en España las Cortes, como en Inglaterra el Parlamento, están por encima del Rey. Y sólo así pueden ser monárquicos los que, con morrión o sin él, defienden sinceramente el principio de la soberanía nacional. ANTONIO R O Y O C y húmedo, volaron en zigzags hasta caer sobre la nieve que ocultaba los brotes primaverales. M i honorable amigo cerró precipitadamente la ventana y vino a sentarse, con un estremecimiento de frío, en un amplio butacón- colocado entre dos radiadores... ¡O h l a primavera! -murmuró, mientras extendía sus manos hacia el calor. Después, como pesaroso del dejo irónico con que había saludado a la florida estación, me dijo: -E n r i g o r no se le debe culpar, á la Naturaleza de esto que, benévolamente, podemos llamar informalidades. L a Naturaleza ha cumplido siemprr. su deber como un oficinista puntual o como una buena mujercita de su casa: a tal hora del año, flores; a tal otra, moscatel, y, más lejos, nieve; todo lo tenía muy arreglado y por nada ni por nadie se permitía alterar el prden de las cosas. P o r desgracia, los malos ejemplos la han pervertido... E l peligro mayor que amenaza a la virtud es el de las malas compañías. Usted mismo, si no hubiera tropezado, con mi amistad sincera y honrada, en medio de esta silenciosa Babilonia, h u biera sucumbido a todas las tentaciones. A m i g o mío, l a Naturaleza no ha tenido l a suerte de usted... E l hombre que, aislada y excepcionalmente, puede ser honorable... Quisiera yo ponerle como ejemplo de varón virtuoso cierto amigo suyo que en este momento... pero m i modestia me lo impide... E l hombre, digo, de algún tiempo a esta parte ha trabado estrecha amistad con la Naturaleza, y ésta se ha pervertido con los malos ejemplos de su nuevo amigo. Y a no acude puntual a las citas y miente con una desvergüenza que podríamos llamar h u mana... Como ya había conseguido tomar para sus carnes ateridas unas puñaditas del calor que emergía invisible de los radiadores, se acercó de nuevo a la ventana y apoyó su frente en los cristales. Todo el valle del Semering y las cumbres cercanas estaban vestidos de blanco, como si en esta mañana de últimos de mayo se hubieran engalanado para hacer su primera comunión. De trecho en trecho se abría una flor sobre unos matujos ásperos; parecían, tan abiertas y temblorosas, ojos Teños de espanto y de lá- Apéndice 1929. Rústica, 25 ptas. pasta española, 28. Pedidos: Instituto Keus P r e ciados, 23, M a d r i d Venta a plazos de toda clase de libros. ALCUBILLA EXPOSI 0I0 N INTERNACIONAL DE LIE JA 1930 Este Certamen, inaugurado el 3 de mayo, con asistencia de la F a m i l i a R e a l belga, ha instalado en su sección agrícola una aldea modelo, cuyos talleres, granjas, etc. funcionarán eléctricamente. E n ella se presentarán interesantes demostraciones científicas, constituyendo u n atractivo aue nos ofrece dicho Certamen. VILLANOVA ABC EN V 1 ENA Falsedades M i honorable amigo Joe H a r r i s o n se alzo sobre el cuello las solapas de su americana veraniega, tomó entre el pulgar y el índice de su mano izquierda el periódico que acababa de leer, y, abriendo los cristales de l a ventana, arrojó el papel al espacio. L a s hojas del diario se desprendieron unas de otras, y. empujadas por un ventarrón frío E l automóvil americano perfecto. M A R I A N O S A N C H O S. A Martínez Campos, 9. Tel. 32623, Madrid. KISSEL TERMAS DE M 0 NTEMAY 0 R CACE HE S R E U M A CATARROS, ARTRITISMQ Gran H o t e l 140. habitaciones.