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Los nuevos actores. Hablando con el nieto de Antonio Vico. yo un pequeño corredor de comercio en la ciudad condal. Pero a los diecisiete no pude más, y de cabeza al teatro. A uno de San Sebastián, jen el que actuaba María Palou. Con mi aspecto infantil no quiera usted saber el efecto de mi presentación a la compañía. L a voz de campana de María Palou conmovió el aire con sus sones más graves. Don Felipe Sassone agotó el vasto repertorio c- e su mímica y de sus exclamaciones. Pero yo, que al pisar las tablas suelo dejar mi timidez en la calle, defendí mi puesto y logré el contrato. M i actuación durante los ocho o nueve años siguientes no puede interesarle mucho: el fogueo de todos los que empiezan. Representé príncipes y detectives con Caralt, recorrí las Repúblicas sudamericanas con Vilches, trabajé de galán joven en la compañía de Irene López Heredia y, al fin, tuve el honor y la suerte de ser descubierto por D Honorio Maura, que me proporcionó con su Ra- géneros y distancias, creemos encontrar entre aquél y usted ciertas notas fundamentales, equivalentes; cierto parentesco de estilo: la expresión concentrada de dentro a fuera, la dicción pausada, pensante, el culto del detalle, la audacia de las transiciones, un sentido, en fin, de delicadeza y refinamiento, tanto más valorable en el momento actual de nuestra escena. -í Usted cree? ¡Por Dios, no diga Y de pronto, tras de la puerta, el ruido de un nene que se cae de la cutía y un súbito berrinche truncan el diálogo. -Como en El nido- -exclama Antoñito. Invirtiendo el lugar del preámbulo, añadiremos que la charla transcurrí en casa del actor. E n un comedor con muebles Renacimiento y ante una mesa un tanto desmesurada para un interviuvador confidencial. E n el ambiente íntimo y risueño del pisito se respira esa superfelicidad doméstica de los actores que viven en su casa. La madre, la esposa, el nene... Y como lo del nene no ha pasado del susto y son las cuatro de la tarde, es preciso acudir al ensayo. La madre- -doña Asunción Camarero- distinguida característica; la esposa- -doña Carmen Caballero- excelente actriz, van también, y para ganar la puerta ha habido que engañar al nene enviándole por un dulce a la cocina. ANTONIO VICO a Antoñíto Vico se respira el aire apacible que esparce toda modestia extraordinaria. E l apenas se cree en este mundo, ni aun en el escénico, con derecho a nada. Sus frases florecen siempre en el terreno de la complacencia, el acatamiento, la deferencia y la altención. Sus ademanes parecen inspirados en el deseo de hacerse perdonar Dios sabe cuántas culpas imaginarias. Fino, interesante, sensitivo, en privado se encuentra al mismo A n tonio Vico de la escena. Su aire de niño mimado es idéntico al que acaba de dejar en el escenario. Su voz un poco velada, su mirada suplicante, las mismas jue le aplaudimos en Raquel; su simpatía es también de la escena, pero más eficaz al comprobarla personal y auténtica. E n síntesis, da la impresión del artista satisfecho de serlo, del actor recompensado por el éxito, por ese éxito sin virus que no inocula la tontería y el orgullo, y que en las naturalezas nobles e inteligentes sirve para aumentar su capacidad de simpatía hacia las cosas, su cordialidad por el mundo. Por nuestra parte y en general añadiremos que, prescindiendo de otras dotes especiales, creemos ver en ese sentimiento de simpatía univer- sal el sostén más profundo y específico de un verdadero temperamento de actor. UNTO J Y a estarnos en la calle. Con su aire juvenil, su gabardina y sin sombrero, nuestro admirado actor podría pasar por un estudiante, por un futbolista, por cualquier muchachito de ahora... Por eso tal vez no ha podido reprimir cierta arrogancia y, como descubriendo su incóg- nita, se ha erguido al decirle al chófer: -A Lara. ¡Antoñito, para ti es el mundo! RAFAEL VíLLASECA JOSE vico, (FOTO B I X I O) -Antoñito, el nombre obliga. Tendremos que servir al lector su padrón familiar. -Y a Pues verá usted. M i abuelo- -el grande, ¿no? -tuvo tres hijas y cinco hijos. ¿Actores también? -Se dedicaron al teatro Manuel, Gonzalo y José, este último mi padre. M i vocación ha sido, pues, cuestión de cuna y de ambiente. Pero, como suele ocurrir en muchas familias de actores, mis padres no veían con gusto mi afición a la escena. i La lucha por la vida? ¿E l ambiente de Barcelona. E n fin, a los quince años era miel y mi presentación en Lara con Carmen Díaz, una noche inolvidable. Ahora, ¡para qué voy a decirle... no me cambio por nadie. M i profesión me parece la mejor; mi teatro, insubstituible; su compañía, perfecta. De todo estoy contento y todo me inspira confianza... menos yo mismo. ¡E s tan difícil llegar a ser un buen actor! ¡Siento por mi arte tanto respeto y una afición tan grande! -No es otro el camino. L a ilusión, el trabajo, vivir como embriagado del arte que se cultiva. -Bueno, con franqueza- -nos dispara Vico, pero sin mirarnos- ¿qué le parece mi trabajo? -No es fácil razonar, explicar por qué gusta o disgusta un actor. L a misma crítica suele dejarlo para el til timo párrafo con escaso lujo de detalles. A Tallaví, aquel cómico admirable, le oímos lamentarse de ello. Y a propósito de Tallaví, y salvando A N T O Ñ I T O V I C O (FOTO C A R T A G E N A)