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AB C. M A R T E S ío D E J U N I O D E 1936. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 35. INFORMACIONES Y TAURINAS NOTICIAS L a número 13. T o r e r o s de cucaña. T o r o s preciosismo y valor. T o r o s en Barcelona. E n otras plazas. Novilladas. iSN S E V I L L A L a número i 3 A pesar del número aciago- -era l a 13 sesión del curso académico- -la corrida del domingo no trajo, ninguna nota desagradable al contrario: con decir que transcurrió sin paraguas en el- tendido n i serrín sobre el albero, comprendido queda que el augurio de lá cifra convirtióse, de malo; en óptimo al señalar la cesantía- -que deseamos irrevocable- -del pasado temporal asolador y fatídico. Además, la número 13 no estuvo escasa de gracia, n i mucho menos. Los toros de D José de la Coba- -nuevo en esta p l a z a- -son muy salados. De salida, corren y corren, abantos, asustadísimos de toreros y capotes. Meditan seriamente- -la cabeza baja, olisqueando el piso, que estropean lamentablemente con el escarbar de los remos- -antes de acometer a los caballos, empujando a los cuales disimula a la perfección su mansedumbre la querencia natural, hacia adentro, de los bichos tentados en plaza. Y por fin- -molestos, con razón, por la hostilidad que las puyas, los rehiletés y el estoque les han demostrado- -terminan acobardados definitivamente. Así, el segundo de Pilín, que huyendo del i n experto matador, dio un par de vueltas al circo, pegado a la valla, sin que nadie pudiera reprocharle nada, pues llevaba siempre la derecha... Hubo un novillo, no obstante, que imitó bastante bien- -después de los sobresaltos que le produjo el primer tercio- -al dechado de toro de l i d i a el tercero, que acudía a las banderillas y al trapo rojo con alegría- -ese grato sentimiento que la moderna crítica atribuye a las reses muy bravas- -y prontitud, signo de un buen temperamento. Los demás, a nada, o a muy poco, se prestaron. Sólo el segundo de Balderas pudo, aunque mansurrón, ser toreado con algún lucimiento. E l lote de Piiín, fué francamente malo, y el primero de aquel otro lidiador llegó al final girando a la inversa de un modo raro, tal vez reparado de la vista, al meter la cabeza en el engaño. A pesar de todo, los bichos del Sr. C o b a- -muy bien presentados, eso sí- -acusaron, en relación con sus antecesores- -muertos, en singular batalla, en 1926, cuando los trajo el Sr. López Quijano- -algún mejoramiento de la casta. Dentro de otras cuatro temporadas, sus descendientes compondrán, de seguro, una muy notable ganadería. Acerca de los toreros, poco habrá que escribir. D e que Pilín toreaba, nos dimos cuenta por la tabarra que nos dio en el cuarto toro. Muchos pinchazos, notable indulgencia del presidente al enviar nada más que un recadito, y sobresaliente aburrimiento en la grada. E n el manso primero, deslucido y torpe. Capeando, nulo. Alberto Balderas, acentuó al bregar con la capa el hondo desasosiego que suele asaltarle en ese menester. Únicamente, en el quinto, unos lances aceptables y un quite adornadito. Con la muleta, bien precavido, se defendió como pudo de su primer enemigo, tan original y arbitrario, y lo acuchilló varias veces. Ño quiso confiarse en el quinto, donde algo pudo haberse lucido, si w con extremada brillantez, el extraordinar i o muletero del inolvidable 18 de mayo, y aunqt- e manejó el trapo con soltura, la faena se mantuvo apagada y gris. También mató mal entonces. ¡Una decepción más... Los pocos detalles felices tocaron en la fiesta a Solórzano. Como a este torero le pasaban cerca las reses que los compañeros no sabían o no se atrevían a torear, la gente le aplaudió con extremada benevolencia unos cuantos lances ceñidos, sí, pero afectados esos capotazos, mixtos de los llamados de delantal, en que los brazos se retraen hacia el cuerpo, violentamente, en vez de dilatar, bien extendidos, el juego del engaño. Pero el mexicano nos obsequió, en el tercer novillo, con un segundo tercio admirable. Dos soberbios pares al cuarteo y, entre los dos, uno insuperable al sesgo, en que el toro se le abrió mucho al diestro, ganándole éste la cabeza, casi en el centro del anillo, en un bello alarde de agilidad, precisión y- valentía. Se le ovaciinó con ruido y muy merecidamente. Siguió una valiente faena de muleta, más vistosa y notable en los lances de cabeza a rabo y redondos que en los intentos afiligranados, nada a tono con el estilo de este artista. Desde largo, con arqueo del brazo, deja tres medias estocadas, la última de las cuales produjo vómito seguido de muerte sin puntilla. Y a pesar de final tan deslucido, la gente- -alborozada por tan buen trasí- so- -pidió la oreja- -denegada, naturalmente- -e hizo a Solórzano pasear el ruedo y aun adelantarse al tercio para un saludo global. N o podrá quejarse el hombre... E n el sexto, deslucido en todo, pero breve. Javier Marín picó muy bien, y el. hermano de Balderas, Trasellas y Roales descollaron entre la infantería. L a autoridad gubernativa hizo la mejor faena de la tarde al reducir- -eran ya muchos pases- -los permisos para entrar al callejón, que el domingo estaba muy clarito sin posmas que pudieran estorbar a los lidiadores, ni a las asistencias, n i a cualquier toro que, en uso de un perfecto derecho, hubiera querido saltar la barrera. S i algo ha valido para determinación tan plausible nuestra reciente indicación, conste aquí, aflado del debido elogio, nuestra gratitud. L a entrada, medianilla. -Juan M. Vázquez. EN MADRID T o r e r o s de cucaña M a d r i d 9, 4 tarde. Bien empezó la corrida del marqués de Villamarta. A los toros nos referimos, por su puesto. Bravo toro, bravo toro fué el primero. ¡Qué codicioso y duro en. los picadores! ¡qué pegajoso con la gente de a pie! E r a un torito para haberle lidiado desde el caballo, para haberle matado desde el caballo y ver a qué extremos llega la bravura y ahorrar a los toreros ese ir y venir inquieto, sin dar descanso a los pies. Bravo toro; chico, pero de una calidad que suplía con ventaja la cantidad que muchas veces cambiamos por la mansedumbre; chico, pero le vino muy grande a los toreros, que no podían con él. E l segundo toro, aunque era bueno, ya bajó mucho: los demás no valieron nada, hicieron más cosas de mansos; no fueron bravos, fueron bravucones. L a fiesta resultó pesada, monótona. Fortuna, que iba de primer espada, tuvo en su lote el toro bravísimo mencionado 3 no pudo cc- n él, a pesar de aa buen deseo, porque es muy difícil poder con estos toros. N o ié mandaba lo suficiente y siempre le tenía encima, se le encontraba por todas partes como esas moscas que hay que matarlas para podérselas quitar. Eso hizo Fortuna, matar el toro, para que no le persiguiese más. Y le mató con muy buen estilo, hiriéndole un poco delantero. Con el toro cuarto, que era de otra condición, pudo muy bien; le hizo la faena adecuada, por bajo, muy eficaz y muy torero, l o grando completo dominio. L e entró una vez en tablas y hasta tres veces más, porque el toro no ayudaba, teniéndolo que hacer todo el matador la última vez, que metió hasta el puño. Fortuna, que había dado la vuelta en el toro primero, fué muy aplaudido también en éste. E n el segundo toro, a mi me gustó mucho. Chicuelo tuvo, a mi entender, el éxito á su lado y J O le víó. Su primer toro, después de los primeros oases en el tercio, cuando lo sacó a los medios, me recordó el toro de Graciliano de hace dos años, en el que logró Chicuelo su triunfo desproporcionado, tan hiperbólicamente cantado. E r a el toro de la misma condición: fácil, sin fuerza, suave, con el temple de las grandes faenas, y el mismo el terreno a que Chicuelo le llevó. Y a está pensamos. Y en cuanto le v i mos torear doblándose con el toro, castigando, dijimos: Pues, no está Porque no era la faena de ese toro, que no tenía nada que dominar ni nada que castigar; lo que hizo fué acabar con él. M u y cerca, muy confiado (no había tampoco de qué desconfiar) pero maravillosa faena para un toro que la necesita. E n cambio si le torea templado y coge un rato la muleta con la izquierda, repite la escena de hace dos años. P o r eso creo que el éxito pasó a su lado y no le vio o no estaba en disposición de ánimo de aprovecharle, que bien pudiera ser. Pero sospecho que en ese toro estaba la temporada. 1 E n el otro, en cambio, estaba el fin de lá temporada, y creo que acabó en M a d r i d Dejo a su cuadrilla el cuidado de matarle a capotazos. Bien se puso Rosalito de torear a dos manos y dar vueltas alrededor del toro. H o y seguramente, se queda en cama. Chicuelo, gran admirador de Rosalito, lo presenciaba, primero desde la barrera; luego, con la muleta pegada a la cadera v el estoque pendular. Siete toreros, los siete le rodeaban, y el toro enmedio. N o hace falta señalar el escándalo, hasta que entre los siete mataron al toro. L o peor es que pase el éxito al lado y no se le vea. Ayer pasó al lado de Chicuelo, y como no le hiciera caso, se subió a un. tendido y se puso a gritar. E n el tercer toro, lo primero que anoto es que Manfredi pone de una vez dos banderillas y lo anoto porque no sé quién me había dicho que siempre pone una. Chismes de cuadrilla. Ayer puso las dos; yo lo v i Cagancho empezó muy bien la faena de ese toro; pero muy bien. D i o unos pases admirablemente rematados, con ese arte que pone cuando torea bien. Y después entró muy bien a matar. P o r ahí va su evolución. Como el toro era muy soso, después de perfilado, dio un paso hacia él para obligarle a arrancarse y le entró muy derecho y muy despacio, saboreando la suerte de matar; fenómeno extraño en este torero. Sacó el toro un poco más a los medios y le hizo una segunda faena, aún mejor, que el público aplaudió mucho. Y cuando iba a coronar el éxito le dudó el toro, dudó el torero, las g i tanerías empezaron a tambalearse, y este hombre, que había toreado admirablemente y había entrado a matar superiormente más de una vez, tiró de lejos un sablazo y ya no quiso acordarse de lo anterior. Como si aquello hubiese sido en otro toro y en otra tarde, como si le hubiesen vuelto del revés, como si hubiese cedido los trastos a M a n f r e d i- -y que me perdone M a n fredi si le molesta la comparación- pero es que desde que le v i poner dos bandera
 // Cambio Nodo4-Sevilla