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A ti C. M i ü ü C O t i i i JÜtí J U 1 V X Q D t í 1930. K u u C i O M DE, A W D A L U C I A P A G 7 L A M O D A E N J 930 Mademoiselle Madeleine será siempre i n térprete perfecta del cuerpo femenino. Sabe avalorar su línea, que modela con sedas y terciopelos. E l corte es complicado y de mano maestra; la vista se complace, pero se pierde cuando quiere seguir esos movimientos laberínticos. E l milagro es haber adaptado su talento de modelista a los gustos modernos. L a sección de deportes es muy graciosa; los trajes de baño se ocultan bajo faldas de playa, vivas de color o de tonos suaves; capas medio largas muy obscuras cortan el conjunto, que completa en birrete audazmente colocado. Después, algunos tailíeurs y vestidos sencillos de lanas lisas o con d i bujo menudo. Los tonos prácticos dominan en m a r r ó n grisáceo. Hago notar un tono acacia, con el cual mademoiselle Madeleine juega como artista consumada. Que se emplee solo o combinado con otros, de su presencia se desprende una distinción extraordinaria. E n un vestido de crespón blanco él interviene en el cuerpo, dándole con su intervención vivo interés. Bonitos abrigos con cuello, esclavina o bufanda son una maravilla de línea. L o s vestidos son negros para las reuniones elegantes de tarde; ancha faja ciñe las caderas y sube hasta el talle, que, en general, prescinde del cinturón. E l largo me parece excelente en proporciones bien estudiadas. De trajea de noche hablaré con sincero interés. Ricos y suntuosos, sencillos e inmaculados es difícil encontrar conjunto m á s perfecto. E n blanco hay de encaje ligero, bordados brillantes discretos, crespón georgette liso y fayas de mucho cuerpo. Realzan los trajes negros hombreras de diamantes; algunos azules son suaves y puros; he admirado la amalgama de tonos en un vestido de encaje finísimo, negro, velado por otro marrón pavo, y también ciertas t ú n i cas de encaje negro sobre otras de encaje rosado. Mitones de tul son la continuación de mangas cortas simulando que se prolongan hasta las manos. Infinidad de detalles aumentan, avaloran estas creaciones, y se advierte el cuidado con que l a modelista ha compuesto ese conjunto, y, sin embargo, no se adivina el menor esfuerzo, porque la inspiración domina con maestría. Germaine Lecomte E n la colección estival de esta Casa se ha desplegado asombroso ingenio. L a sencillez reina en el conjunto, y el trabajo de cada creación lleva su modestia hasta procurar ocultarse. E l traje de sport se presenta bajo l a forma de casaquitas muy cortas, flojas y sueltas; las faldas casi siempre son ligeras, en forma de unos pliegues profundos; en cuanto a sus compañeras las blusas, son, por regla general, blancas con chorreras, incrustaciones y jaretas, que les imprimen elegante refinamiento. Bonitas camisetas de seda blanca con mangas semicortas se hacen independientemente de las blusas de lana; ha sido una idea feliz. L a espalda de los abrigos y de algunos vestidos tienen cuello, esclavina o bolero para obtener efectos contrarios al de la casaca entallada. Como adorno caprichoso, por la tarde, ostenta en el ojal flores originales, de piel de caballo teñidas, para que hagan juego con el traje. Cuando se emplean pieles, son siempre de pelo corto; el a r m i ñ o obtiene l a predilección en esta Casa, pero en pequeñas dosis. Saludemos la curiosa llegada del color corinto para trajes de noche. Germaine L e comte ha creado un modelo de raso que hace gran sensación al presentarse. E l vestido bien trabajado, largo, dibujando la figura, tiene capa corta, que se cruza sobre el pecho; las caídas rodean el cuello y penden por la espalda. Este movimiento envolvente de la figura es todo lo seductor que se puede imaginar. U n a serie de muselinas marrón, lisas o con flores verdosas, es muy original para trajes de noche. L a línea suele ser princesa, y aunque las faldas son largas descubren alguna vez los pies; alrededor del talle se agrupan frunces al bies o diminutos pliegues. Los escotes, siempre altos por delante y más abiertos por la espalda. Los grupos de flores colocados sobre los riñones hacen una nueva silueta, lo que no sorprenderá a nadie puesto que proviene de una de nuestras mejores creadoras de la moda. V E S T I D O D E DANA NEGRA, C O N C U E L L O Y C H O R R E R A S BLANCOS. M O D E L O G E R M A I N E LECOMTE Redferne L a colección de Redferne es juvenil, fresca y pimpante. Prefiere los colores dulces de inmaculada pureza; entre ellos el verde almendra un poco marchito y el rosa. También tiene bonita manera de combinar colores obscuros y claros con toda la maestría necesaria. Blanco y negro marchan juntos en casa de Redferne en forma ideal. Los largos se acentúan todavía m á s los sastre, abrigos de vjaje v trajes de sport descienden hasta media pierna o quizá más abajo. Los de noche todos rozan el suelo, y si los hay m á s cortos, una chispita, son redondos, porque las irregularidades casi no existen. E l tal e corto (en su sitio) y los cuerpos flojos quitan la rigidez que tanto temíamos. L a línea de hoy es seductora desde cualquier punto de vista. Las caderas, claramente acusadas por largos canesúes que ocupan casi media falda, dejando el resto muy amplio por la presencia de profundos pliegues. Después vemos la forma de capa en diferentes g é n e r o s en las mangas, en el cue- TRAJE DE PICADOR NEGRO, Y B U F A N D A D E S E D A ÁMBAR Y GRIS. M O D E L O M A D E LEJxXE, lio, en torno de los hombros, en capitas, compañeras ligeras del vestido, que se ponen y se quitan rápidamente, según las exigencias del aire, frío o caliente. S i yo dijera a ustedes que he encontrado de nuevo reminiscencias de aquella aldeta en forma de capa, ¿s e s o r p r e n d e r í a n? Pues es exacto, gracias a volantes en forma que rodean el talle y cambian por completo la línea. H e aquí otra novedad. Las mangas han desaparecido en muchos modelos. L a s blusas se han convertido en chalecos para dar paso franco a l a camiseta de organdí con encajes; todos los trajes de día necesitan el complemento de un abrigo hecho con tela exacta a la del vestido. Cuando vemos mangas propias en los trajes advertimos que se detienen antes de llegar al codo, adornadas con carteras vueltas de lencería. Luego llegan los boleros, verdaderos de todo género, en tejidos de lana o de seda, que sirven de abrigo a los trajes de tarde y también a los de noche; resulta encantador. Redferne parece interesarse vagamente por el abrigo tres cuartos y reserva su predilección por la chaqueta corta para los trajes de tarde, para el sastre de m a ñ a n a y para el traje de noche. H e admirado un conjunto de raso crudo, cuyos pliegues clásicos cubren la figura; el escote atrevido se oculta bajo la chaquetadel mismo raso, de la cual pende una capita; viene detrás una casaca de taffetá floreado con el vestido escotado de muselina de seda, que reproduce el mismo dibujo y exacto colorido. E l aire señorial y distinguido de Jos trajes negros mates o brillantes, la exquisitez de los géneros empleados y esa frescura general que se esparce sobre l a colección de Redferne marca la orientación de su moda estival. TERESA CLEMENCEAU:
 // Cambio Nodo4-Sevilla