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M A D RID- SEVILLA 12 D E 1 U N Í O D E 1930. NUMERO 10 C T S CERCANA A T E T U A N SEVILLA DIARIO ILUSTRADO. A Ñ O V 1 GE SIMOSEXTO N. 8.568 SUELTO REDACCIÓN: PRADO DE SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE. de seguir. Puesto que no le importa mi opi- confianza que lo harían en la plaza de la nión, daré, por mi parte, por acabado este iglesia. Las casuchas de sus márgenes parecían asunto. más contentas que en invierno. No temían JÓSE M A R Í A S A L A V E R R I A la inundación. A derecha e izquierda había apacentan 1 nterprerací ones Con las anteriores líneas. de nuestro ilustre colaborador Sr. Salaverría- -a. quien de do toros de las vacadas que fueron del du, Por espacio de bastantes días se ha inque de Tovar y del duque de Veragua. cautado Mussolini de la Prensa universal, y tantos años se admira y estima en esta casa- -No se asustaban ni por la velocidad ni damos por terminado el incidente, renovando puede tener la satisfacción, si eso le place, por el ruido del automóvil. Unos se acerde que no existe rincón en el mundo que no nuestro deseo y nuestro ruego de que no se caban mansamente a las alambradas que los Jíaya vibrado con la resonancia de sus ex- produzcan nunca rozamientos ni estridencias separaban de la carretera; otros comían pansiones oratorias. E l periódico es así. entre los escritores que colaboran en nues- junto a las gallinas y las palomas, y traNuestros antepasados desconocían, no sa- tras páginas. jinaban mezclados con el mayoral y los bemos si para su bien o para su mal, este honderos, los caballos y los perros. formidable medio de difusión de la palaMe acordé por bra que hace que las cosas adquieran un caT A R D E D E V E R A N O ción pensé en de la corrida, ycosas. deducotras muchas Aquel rácter de rápida, de fulminante, de irrepatoro hostigado, herido, asesinado, era de la rable gravedad. A l propagarse, en efecto, El toro misma casta que el que pacía tranquilamenlas encendidas palabras de Mussolini, el munUno de esos compromisos, tan frecuen- te por aquellos prados sin hacer daño a nado ha vuelto a pensar en la posibilidad de lo que se suponía liquidado e inverosímil: tes en nuestra clase de vida, me llevó a la die, sin molestar a nadie, sin otra misión plaza de toros. No había una sola loca- que crecer, engordar y ser vendido para la guerra otra vez. lidad vacía. Salió un toro de bonita lá- diversión de los hombres. No es la resonancia lo que más singula- mina, negro, alto de agujas; salió despacio, de esa humariza al periódico, sino la estridencia. Como como un flamenco que no teme nada ni a noProtesténecesita parte del egoísmoen una para ciertos aparatos que sirven para difundir y nadie; al llegar al centro del ruedo miró a tardeque estío presenciar divertirse de el sacrificio de agrandar los sonidos, no se sabe cómo su- su alrededor despectivamente, levantó el animal noble y bravo y ver su sangre, un su cede, pero lo cierto es que el periódico da testuz con orgullo y embistió con fiereza. a las expresiones un acento extraño. E l mis- A l noble animal, con mil engaños, unos ar- dolor y su agonía. Pensaba en ello mientras subía la cuesmo que dice o escribe esas palabras, al ver- tistas hábiles, disfrazados como cantantes las correr impresas en el periódico, muchas de opereta, lo martirizaron con lanzadas ta que conduce a Torrejón, cuando otra idea- -asistir al diálogo de ideas opuestas es veces se asombra del efecto con que suenan. y rehiletes. un ejercicio espiritual muy entretenido Es un timbre de voz especial que tenemos El toro, la lucha, echaba que llamarlo estridente para aproximarnos espuma por fatigado porsangre por el mo- cuando se está solo- -acalló la anterior, dila boca y ciéndome: a su verdadero nombre. rrillo, pero no se rendía; veíase burlado, se- -Es brutal, inicuo hacer matar a un E l libro, al contrario, es como si atenua- sentía herido y acometía solo, sin ayuda se el acento de las expresiones y mitigase de nadie, sin más defensa que sus armas na- animal para entretener a un público, y es muy triste que para comer perdices haya la especie de impulsividad orgánica que toda turales. que matarlas, y para comer foie gras unos palabra necesariamente tiene. En el libro se De vez en cuando detenía la carrera, dicen continuamente cosas que en el perió- mirando con sus ojos tristemente fieros, al expertos tengan que hipertrofiar el hígado a los patos, pero es más sensible todavía dico no se podrían decir. E l libro habla para pocos y para unos lectores sin prisa y sin público, que invadía los tendidos, y a sus hacer matar millares y millones de hombre por competencias comerciales. nerviosidad. Mientras el periódico es como verdugos, que le rodeaban. E l toro, escarbando el suelo con las pael grito alarmante que suena en plena calle JACINTO C A P E L L A i tas delanteras, lanzaba un bufido trágico, y entré una muchedumbre compacta y sensacionalista. Por eso no se debe comparar como el de la sirena de un barco cuando la literatura del periódico y la del libro. abandona la playa. Engañado por un trapo rojo, dio una emN i atribuirle, por tanto, el mismo valor EL CONDE ZEPPEo sentido a la frase escrita para ser publi- bestida, y de una estocada le partieron el cada en libro como a la que aparece en el corazón, cayendo patas arriba. Unas muL 1 N Y S E V I L L A periódico. Esta distinción no ha querido no- las a todo galope lo arrastraron por el rueEste príncipe de Gales de- los aires qud tarla D. Manuel Bueno al replicarme en uno do, y un público consciente, a modo de reses hasta ahora el Conde Zeppelin ha mosponso, le brindó una formidable ovación. de sus últimos artículos. Menos mal. Hay muchos hombres tam- trado desde sus primeros paseos internacioEl artículo que tanto, le ha molestado era bién que no los han aplaudido hasta des- nales marcada predilección por la ciudad de un capítulo de mi reciente obra Nuevos re- pués de haberlos matado. Por lo visto la Sevilla. Casi la ha escogido por novia, ya tratos. La contrariedad estuvo en que se pu- muerte en. varias ocasiones se traduce en que aquí quiere labrarse su casa de despoblicase en A B C precisamente ese capítulo éxito. sado para la mayoría de edad, la edad de) y no otro cualquiera del libro. La- irritaA l salir de la corrida atardecía, y la au- trabajo y del negocio. No sabemos si cuanción que D. Manuel Bueno ha usado en su sencia del sol invitaba al paseo. do esté montada la servidumbre aérea transréplica me indica que no ha tenido en cuenOrdené al chófer que me llevara fuera oceánica servida por seppelines desaparecerá ese intenso matiz romántico de que ahora ta este caso; es decir, que yo no escribí las de Madrid. palabras que le han molestado para que fuePor los alrededores de la plaza una mu- están revestidas todas las proezas del dirisen publicadas en el mismo periódico en que chedumbre abigarrada se repartía, asaltan- gible. Porque el Conde Zeppelin lia sido la ambos colaboramos. Si en efecto han llegado do los coches, llevando a un torero en hom- gran válvula del escape romántico de la H u a publicarse ha sido por lina suerte de cir- bros y apedreando a otro, que. custodiaba manidad en estos últimos años; todos los ojos del mundo están pendientes de él como cunstancias fortuitas, y, desde luego, muy la Guardia civil. de un héroe de gran epopeya, y la más pesensibles. Pronto gané el camino de las Ventas y queña rasgadura Por lo demás, yo suponía al Sr. Bueno crucé el puente de San Fernando de Jarama. todos los mortalesde su envoltura la sienten como arañazos en propia con suficiente amplitud de espíritu como para El rio estaba seco; era una carretera más. pie! pasar por alto. un percance enojoso de esta La sequía había puesto al descubierto su vicia literaria que arrastramos todos. Me he lecho vacío, abandonado, arenoso. Su cauE l Conde Zeppelin y el doctor Eckener. equivocado, y confieso que soy el primero eñ ce, rodeado de prados en pleno verdor, pa- E l doctor Eckener ha salido de su rincón lamentar los efectos y la publicidad que este recía una calva del paisaje. Hasta los hom- de Alemania para librar contra las nuevas incidente ha tenido. Ahora, como el Sr. Bue- bres, las bestias y los cabros se atrevían a generaciones la última gran batalla del homno declaraba, en tono rotundo y airado, que cruzarlo. E l agua estaba lejos, muy íeios. bre de pipa. Este viejo gruñón y amabilía él no le importa lo que yo piense y diga Los chiquillos que moraban en sus orillas ¡simo, cuyos antepasados deben de estar en de su personalidad literaria, esto me exime jugaban con los guijarros con la misma Ialguna novela del Siglo de Oro alemán, es EL PERIÓDICO Y LA ESTRIDENCIA
 // Cambio Nodo4-Sevilla