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s MADRID- SEVILLA 14 D E I U N I O D E 1930. NUMERO 10 CTS. CERCANA A TETUAN, SEVILLA DIARIO ILUSTRADO. AÑO VIGES 1 MOSEXTO N. 8.570 g) é OLIVE. SUELTO REDACCIÓN: P R A D O D E S A N S E B A S T I A N S U S C R I P C I O N E S Y A N U N C I O S MUÑOZ ESPAÑA Maribobales ¿N o ha viajado el lector nunca en carro? Pues es el gran medio de locomoción. Sobre todo cuando no hay automóviles. E n el siglo x v i naturalmente, no los había. Imagine el lector que de una vieja ciudad castellana sale en un día del siglo x v i un carrito. Claro que las que son viejas ciudades castellanas hoy no lo eran entonces; por lo tanto, querido lector, no podemos hablar ahora de lo dorado de las piedras, ni de las maderas alabeadas, ni de la socorrida patina del tiempo. Todo blanco; todo nuevo en esta ciudad que ahora es vieja. Sale por la mañana un carrito, y van. en él cuatro monjas. Los carritos son cómodos; yo he hecho en uno de ellos toda la ruta de don Quijote. L o s carritos van forrados de esteras; tienen un toldo de cañizo, que les resguarda del sol y de la iluvia; en algunos se ve de través un ancho asiento, hecho de cuerdecitas de esparto. L o malo que tienen, los carros es que no podemos hacer con ellos ochenta a la hora pero acaso esto no sea malo, sino bueno. Y si no fuera porque, cuando hay un bache, todo el carrito se i n clina y da un fuerte golpazo, que nos hace ver las estrellas; si no fuera por esto, la delicia sería completa. Las monjas que van en este carro no tienen tiempo de pensar en las incomodidades; rezan a ratos, y otras veces conversan apaciblemente. ¡Y qué ojos tan. límpidos y serenos tiene una de estas madres! ¿T e has fijado, lector? Esta madre de los ojos henchidos de inteligencia y de voluntad es nada menos que Teresa de Jesús, que ahora no es santa todavía; es decir, santa reconocida por la Iglesia; pero que lo será en 1 Ó 21, si no recuerdo mal, y en compañía de otros tres santos españoles: San Ignacio, San Isidro y San Francisco Javier. E l carro con las monjas llega a otra ciudad, después de haber andado mucho; anda que te anda han estado todo el día. A l llegar a esta otra ciudad, adonde iban a fundar un convento, se encuentran las madres con que el caballero a quien venían encomendadas y en quien fiaban ha muerto hace ocho días. N o conocen a nadie en el pueblo; dineros no traen; eso, n i pensarlo. H a n comido a mediodía unas sardinas asadas en una seroj a y ahora aquí, en esta ciudad, se encuentran sin conocer a nadie, sin dinero y con un apetito voraz. ¿Dónde van a pasar la noche? ¿Quién las socorrerá? ¿A quién acudirán para salir de este trance angustioso? E n este momento, cuando todo está negro para estas cuitadas, negra la noche y negros los ánimos, la madre Teresa sale con un donaire que las hace reír a todas; es su ocurrencia tan aguda, y es su palabra tan cordial, que ya lo han olvidado todo. Teresa sonríe y habla alegremente; las otras monjas sonríen también y charlan placenteras. Y en este momento, como siempre en los pueblos; -en los pueblos españoles- hay un alma caritativa, aparece una señora que las lleva a su casa; después les cede, un camaranchón para que funden el convento, y la gran obra de la Fundación se realiza. ¿P o r qué la madre Teresa, en vez de angustiarse, ha reído de la aventura? E s éste su temperamento; pero también, sí, tam- puesta a caer a l suelo y hacerse añicos, se bién es una tradición española ésta de son- puso a bailar delante de Santa Teresa; reír, de mostrarse alegre, confiado, en los bailar como bailaba San Felipe N e r i detrances difíciles. Y en todos- los trances. E l lante de los cardenales. A l verla bailar le religioso español está siempre muy lejos de dijo Santa Teresa: ¡A y Maribobales; clia. la terrible acidia; de la acidia, que es uno riéndose, ha de i r al c i e l o! ¡Maribobales! de los más formidables enemigos de la vida ¡Que nombre tan bonito y tan cariñoso! religiosa. U n académico y eclesiástico fran- Maribobales, que es candor y simplicidad. cés ha publicado recientemente un tomo de Maribobales, que indica que se tiene el ániestudios en que incluye uno sobre San Fe- mo de niño y a la vez cierta ingenua malilipe Neri. San Felipe Neri o el humor mís- cia. Con el reproche afectuoso de M a r i b o tico. San Felipe Neri era el santo preferi- bales queremos designar la inocencia y la do por Goethe; el escritor aludido llama sencillez de alma. Reímos de la chanza o a San Felipe el Patrono de los humoristas. del paso gracioso, y no nos atrevemos a E r a San Felipe un hombre j o v i a l tenía condenarlo. Nos contentamos con decir que donosos e impensados repentes; hacía de esta buena mujer jovial y chancera- -siempronto esas cosas extravagantes que sólo pre dentro de lo decoroso- -es una Maribohacen los locos y los niños. E l estudio del bales. ¡Cuántas deliciosas, maravillosas M a escritor francés es interesantísimo; pero ya en España temamos un librito en que ribobales habrá escondidas por esos clausse trata el tema del humor místico de un tros de los conventos! Maribobales hay tammodo delicioso y magistral. Aparte de que bién en el mundo. Y todas son- -estas i n también, en 1781, y en la imprenta de la comparables mujeres de España- todas Gaceta, se publicó un tomo de los Dichos, son dechados de lealtad, buenas, fieles, abnerecuerdos y documentos morales y espiritua- gadas. Muchas de estas Maribobales velan los más angustiosos dolores, las crisis más les de San Felipe Neri. E l libro a que antes aludíamos es el cono- terribles, los trances más desgarradores con cido Gracias de la gracia, del racionero José unas palabras placenteras, con un gesto de Boneta. Se han hecho muchas ediciones de niña traviesa, con una sonrisa divina, este libro, que se publicó por primera vez inefable. en 1706. E i título completo es el siguiente: AZORIN Gracias de la gracia; saladas agudezas de los santos; insinuación de algunas de sus virtudes; ejemplos de la virtud de la eutrapelia. ¡Lástima que no haya una editorial que nos dé una edición moderna, limpia y elegante de este libro, escrito con tanto p r i ¿exposiciones y M u s e o s mor y que contiene tan sana y noble docSiempre que me, dispongo a ver una E x t r i n a! Doctrina para todos: para santos y para no santos. Doctrina que se resume en posición o un Museo, tiende a formarse en tener siempre ante la adversidad un rostro mí como una vaga pena. ¿E s pereza o displacentero, sereno, y unas palabras sosega- gusto de las artes? N o E s la pena que se das. Los santos nos enseñan, entre otras siente al ir a visitar los Asilos. E s ir a encosas, la moderada y fina alegría. E l cato- contrar en las Exposiciones innumerables licismo francés es severo, noble, no admite cuadros como pobres niños que no conocieron la facecia discreta. E l catolicismo italiano, ihogar fijo, o en los Museos innumerables representado por San Felipe N e r i es jovial cuadros como pobres ancianos que tuviey no juzga reñido el donaire con la digni- ron hogar una vez y se quedaron solos en dad de la persona. Hace este paralelo el el mundo. escritor francés en su libro; al leerlo, penL a Sociedad- -con maj úscula- -se ha ensábamos en la jovialidad de nuestros relicargado de ellos, y cuando la Sociedad- -así, giosos. José Boneta trata este punto, en el prólogo de su libro, de un modo insuperable. con mayúscula- -se encarga de algo suele haL a eutrapelia es cosa de que debe hacer uso cerse a veces un gran bien y a veces repael religioso. Aunque Aristóteles ciñe la rarse un gran mal, pero surge una gran memateria de esta virtud a dichos graciosos lancolía. E n el Museo los cuadros tienen, números. -escribe el autor- sus intérpretes y los de Santo Tomás la extienden a cualquier E n la Exposición, además de números, tiejuego o diversión de dicho o hecho, como nen- -lo que aún es más triste- -medallas y sea decorosa, honesta o indiferente y 110 premios en metálico. ¿Os figuráis todo esto exceda de los confines de la necesidad. E l muy alegre? Cuando el arte o la Humanisanto Pontífice Pío II. en la bula de ca- dad viven así, con números y premios, dedinonización de San Bernardino, alaba al cados a finalidad poco precisa, viven como de santo porque fué alegre y usaba chanzas. una beneficencia y de una justicia glaciales. Erat alacris et jucundiis. ei facetüs utebatur. Las obras de arte son, por esencia, obras sinE n España, los santos han usado de ía vir- gulares. Y para las cosas singulares la cos; tud de la eutrapelia; todos han dicho chan- más triste es el plural. E n realidad, se ordezas y hecho cosas joviales. Entre las per- nan, catalogan y socializan pinturas y esculsonas santas o venerables de que se habla turas cuando la sociedad constituye como en el libro Gracias de la c racia figuran los nunca una masa sin jerarquías. Cuando la siguientes españoles: San Pedro Alcántara, sociedad estaba, estructurada y tenían su pleSan Vicente Ferrer. San Francisco de Bor- na posición Emperador y Papa, prelados y la, San Juan de Dios, Santa Teresa de señores, gremios populares y gremios merJesús. cantiles de la burguesía, los cuadros no tenían premios ni números, Exposiciones ni U n día la madre Catalina de la Concep- Museos. L o s cuadros entonces estaban c a z ción, fundadora de un convento de carmeli- uño en su sitio: en la casa común- -burgués; tas en Zaragoza, llevaba un cesto de vajilla, o popular- -del gremio o del concejo, en e que acababa de fregar, y con esa carga, ex- palacio del señor o del rico, en el templo E L ARTE AISLADO