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NO DEJE USTED DE LEER T O D O S ¿LOS DOMINGOS QUE ES UN PORTFOLIO U N LIBRO UN MUSEO UN REGALO p o r l a d i v e r s i d a d d e sus fotografías. p o r la a b u n d a n c i a de s u texto. p o r la b e l l e z a d e sus p l a n a s artísticas; y p o r la baratura de su precio. U N A P E S E T A E L E J E M P L A R E N T O D A ESPAÑA i $2) E RODRIGDEZ- SOLIS L O S G U E R R I L L E R O S D E 1808 Í 43 ceses y dictando reglas para la lucha, tales como evitar batallas campales, hacer la guerra de partidas, acometerles por los flancos y retaguardia, no dejarles sosegar, interceptar sus convoyes, sorprender sus depósitos, cortarles las comunicaciones con ¡Francia y Portugal, fortificar los puntos indicados y demostrar que sus noticias de victoria eran falsas, reglas que dieron en toda España grandes resultados. También decidió enviar emisarios a las otras ciudades de Andalucía para promover la insurrección, así, como a los ejércitos de Portugal y la costa, decretando, por último, un alistamiento general. síDos asuntos principales reclamaban la atención d e l a J u n t a atraerse el ejército de Castaños, que se hallaba en el Campo de San Roque, y sublevar a ¡Cádiz, plaza fuerte de primer orden, y en cuyo ¡puerto ¿se hallaba bloqueada por los ingleses una escuadrajfrancesa. ¡P a r a obtener j p j i ó a don Juan B. E s teJler, y Castaños, despreciando el virreinato de Méjico que Murat le ofrecía, se puso a las órdenes de l a Junta, pidiéndola instrucciones para marchar con sus 10.000 soldados donde se creyese necesario; y era que este ilustre general, que a l frente del regimiento de África se había distinguido en la guerra de España contra la República francesa, y que sospechaba de Napoleón, se había ya puesto en comunicación con el gobernador de Gibraltar, sir H e w Dalrymple, a fin de que le auxiliase si los ¡franceses penetraban en Andalucía, y... ¡coincidencia extraña. pensó, al igual que Palafox, en el archiduque Carlos para Rey de España, si los principes no recobraban l a libertad. Enviado por la Junta el conde de Teba para sublevar a Cádiz, se halló con que Solano, ganado por Murat por l a Capitanía general de Andalucía y arrepentido de su patriótico acto de Badajoz, se negaba a todo, y sólo al ver la actitud del pueblo accedió al alistamiento, pero condenando la insurrección. i L o s gaditanos, cada vez más alborotados, acudieron al Parque de Artillería, cuya entrada les franqueó 3 a guardia, y una vez armados pidieron atacar a la escuadra francesa surta en el puerto. Solano reunió 0 r mero env una Junta de generales para resolver hias el pueblo que le consideraba traidor por sus vacilaciones y sus negativas, arrolló la guardia de la Capitanía, teniendo que huir Solano y refugiarse en la casa del banquero irlandés Strance. V a r i o s grupos, capitaneados por el ex novicio de la Cartuja de Jerez, Olaechea, le persiguieron, allanando la casa del banquero Olaechea iba delante y se encontró con Solano, quien para librarse de él parece le arrojóla un patio; los grupos que seguían al ex novicio, ebrios de furor al ver la muerte de Olaechea, se apoderaron de Solano, a pesar de los heroicos esfuerzos de la esposa del banquero, y le condenaron a morir en la horca, si bien en la plaza de San Antonio recibió una herida que le causó la muerte. Sucedióle en el mando, como militar más antiguo y más simpático al pueblo, el general don Tomás Moría, oficial que ya se había distinguido en la guerra del Rosellón y en la defensa de Cádiz contra los ingleses; pero hombre de ideas tan poco fijas, que bien pronto cambió por Napoleón el entusiasmo que sentía por España. El- día 31 de mayo se nombró una Junta que reconoció la de Sevilla, proclamó a Fernando y decreto un alistamiento general, así para reforzar los Cuerpos de la guarnición, como para crear otros nuevos, a los veteranos que debían encargados E 3 almirante francés Rosilly aprovechó este respiro para meter sus buques en el canal del Arsenal de la Carraca, a fin de ponerse a cubierto de los fuegos de la plaza y de la escuadra española, pro- poniendo su salida a la Junta si ésta alcanzaba que los buques ingleses, situados a- la boca del puerto, no le molestasen en su retirada; o, en caso contrario, desembarcar los cañones, conservando a bordo los, equipajes y la bandera, bajo promesa de que ni él n i los franceses establecidos en la ciudad sufrirían daño alguno del pueblo ni de los ingleses. Moría, impulsado por el pueblo, le exigió la en trega a discreción; y al saber que Rosilly se negaba, mandó que cuatro baterías nuestras y una flotilla de fuerzas sutiles rompiesen el fuego (9 de junio) hasta que Rosilly izó en su navio el Héroe bandera marchar a campatia.
 // Cambio Nodo4-Sevilla