Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
que más la solemne fiesta anunciada en el siglo x i I I por la discutida p r i o r a de las Cistercienses de Fosses, la beata belga Juliana de C o r n e l l ó n que tío pudo ver realizado en vida su divino presentimiento. E l Corpus es uno de los días más grandes de Toledo. E l más grande y el más bonito. Tiene algo íntimo, muy íntimo- -algo que no se ve, ni se sabe lo que es; pero que existe- verdaderamente cautivador. Algo que c o m p l e menta la belleza de los actos religiosos; de la gran procesión, toda suntuosidad, toda r i queza esplendorosa, toda emoción, divina emoción; pero francamente optimista, halagadora, que nos hace rezar sonriéndonos. No es como todas las procesiones graves y ceremoniosas, aunque tiene la mayor solemnidad; no. Desfila toda ella: las mangas de todas las parroquias, los pendones de todas las Cofradías- -allá va el de los hortelanos, repleto de ricas frutas del tiempo- los angelitos- -los chiquillos a los que no mortifica, como otras veces, este traje- los seminaristas, alegres y comunicativos; la gran manga de la Catedral- -con la que apenas pueden cuatro sacristanes- todo el Clero y la Custodia, la exquisita joya religiosa, artística e histórica- -la gran obra de Enrique de Arfe- con sus dieciséis arrobas de plata dorada y algo más de una de oro, precisamente el primero que trajo Colón al. descubrir América; con su multitud de piedras preciosas y sus maravillosas filigranas, que la hacen una de las mejores del mundo; seguida de todas las autoridades, con uniformes y condecoraciones; los Cabildos, con sus ricos ternos; el primado... y el público, la inmensa muchedumbre que llena las calles- -las calles engalanadas como nunca, con ricos tapices y bellas flores: con atractivos mantones y lindas colgaduras, y con muchísimas mujeres hermosas; enarenadas y entoldadas en defensa de la excepcional comitiva- -cae de rodillas con toda respetuosidad pero francamente complacido, dominado por la más fausta felicidad. Hay un momento en que las diminutas campanilleas- -frágiles vocecitas de plata- -de la Custodia, multitud de ellas repartidas en la maravillosa representación divina, lo dominan todo. Es el símbolo de la fiesta. Qué singular encanto el de su voz débil e inocente, dominadora sobre toda la gran multitud, que nos quedará grabada en los oídos para mucho tiempo! i termina la procesión- -este año sin el bonito complemento del gran desfile de los alumnos de la Academia, porque no los hay; los que cubrían la carrera y la daban guardia de honor- y, contagiados del ambiente, todo nos es grató, todo nos alegra: las toledanas y las que no lo son, nos parecen más guapas que nunca; los monumentos, más bellos; las calles, más interesantes y hasta alegres, e incluso la fiesta taurina de la tarde, ineludible complemento material del día, nos incita y vamos a ella. Fs el Corpus Christi. Toledo le goza alborozado y ríe, ríe francamente, religiosamente, íntegramente. ¿Qué mejor incitación? SANTIAGO CAMARASA LAS DIMINUTAS C AMPAK 1 LLITAb LO DOMINAN TODO. LA M U L T I T U D CAE D E R O D I L L A S LAS CALLES, ENGALANADAS CON KICOS TAPICES. (VOTOS RODRÍGUEZ)
 // Cambio Nodo4-Sevilla