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NO DEJE USTED DE LEER TODOS LOS DOMINGOS Q U E ES UN P O R T F O L I O por la diversidad de sus fotografías. U N L I B R O por la abundancia de su texto. U N M U S E O por la belleza de sus planas artísticas; y U N R E G A L O por la baratura de su precio. UNA PESETA E L EJEMPLAR E N TODA ESPAÑA E. R O D M G U E Z- S O L I S Tarragona, que el día 6 de junio había visto a los soldados, de Chavrau profanar su suelo, apenas éstos salieron, dedicóse con tenaz empeño a levantar for- tificaciones que la libertaran de su tiránico yugo; y el 15 instaló una Junta compuesta de representantes e todos los Corregimientos, que dirigiese el d movimiento, k cual ordenó un alistamiento de todos los hombres aptos para la guerra, de dieciséis a cuarenta años, los que cada día se ejercitaban, durante algunas horas, en el manejo de las armas, resultando de todo la formación de valerosos tercios de Miqueletes y de una compañía de Zapadores, y l a resolución de la ciudad de mantener a su costa un regimiento de 2.400 plazas. E l 22 de julio, el marqués del Palacio desembarcó en. el puerto de Tarragona con, algunas tropas; y la Junta Suprema de Cataluña, que funcionaba en Lérida, se trasladó a Tarragona, a fin de estar más cerca del cuartel general- español, estableciéndose igualmente en esta ciudad la Audiencia de. Cataluña, las oficinas de Hacienda, el Consulado de Comercio, el Parque de Artillería y todas las oficinas. L a s Vascongadas. E n poder de los franceses San Sebastián y V i toria, no quedaba libre más que Bilbao en las provincias Vascongadas. N o desmintieron los hijos de esta villa su lealtad y patriotismo, y haciendo causa común con sus hermanos de todas las demás provincias, se armaron en defensa de la Patria y en contra del extranjero. E l 16 de agosto se dirigieron los franceses sobre B i l b a o un corto número de valientes quiso oponerse a su entrada, pero fueron vencidos, no por el valor, sí por el número, y la villa fué entrada a saco y hubo de sufrir todas las calamidades flue ¿spn de suponer en trance semejante. L O S G U E R R I L L E R O S D E 1 S 08 Cobardía y heroísmo. Descrito, aunque a grandes rasgos, el glorioso; alzamiento nacional de nuestra querida España, pasemos a examinar los hechos y a estudiar la conducta de todas las clases sociales en estos supremos instantes. Comencemos por los más altos. Carlos I V cedió el Trono a Bonaparte; Fernanq. 0, el Principado de Asturias, y con él la Corona; sus hermanos, sus títulos y honores. E n uua palabra, la Real Familia traspasó a Napoleón sus vasallos como se traspasa un rebaño de carneros; no tuvieron ni el valor de resistir, ni siquiera el de la fuga, que e! duque de Mahón les propuso; y mientras sus vendidos subditos se sacrificaban por ellos derramando su sangre, sufriendo el hambre y la sed, el calor y el frío, sin tener albergue n i lecho, ellos, gozaban en los palacios de Compiegne y Valencey de todas las comodidades... Y más tarde los veremos felicitar a Napoleón por los triunfos que obtienen, sus soldados contra los españoles, que se batían... j p o r elloí. A l decir de los mejores historiadores, la nobleza en general, ni se presentó a sostener el Trono ní ¡a defender la independencia, pues los grandes que hemos visto figurar en el alzamiento de algunas ciudades fueron, en su mayoría, obligados por la fuerza de las circunstancias. También las dignidades de la Iglesia se alejaron del alzamiento; y si es digna de alabanza la conducta del obispo de Orense, negándose a ir a las Cortes de Bayona, y la del prelado de Santander, poniéndose al frente de la Junta, ¡qué decir del arzobispo de Valencia, pretendiendo sobornar al padre Rico, y del obispo de Falencia, reconociendo a Napoleón... -Sólo algunos curas y frailes, sólo esa parte del clero que vive en constante comunicación con el pueblo se identificó con el movimiento. E n cuanto a los generales, los que no entregaron las plazas condenaron la insurreción, y alguno hubo que no vaciló en ofrecer su espada al tirano. L o s altos funcionarios, no satisfechos con cen