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MADRID- SEVILLA 18 D E J U N I O D E 1 930. NUMERO S U E L T O 10 CTS. REDACCIÓN: PRADO DE SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE. CERCANA A T E T U A N SEVILLA los peladeros de hacer llorar de la tola (i) el cortesía de hablarles su dialecto en el coganado de llamas vivaces, el grupo prieto- mienzo de las relaciones. dorado de las vicuñas. Cuanto no es atmósAceptamos a nuestros amigos de L a Siefera y cielo sobrenatural lleva la marca pa- r r a el que el español se quedó a media terna del indio y cuenta el sostenimiento de marcha, y que la lengua aborigen, al igual esa pobrecita mano. Hasta no sé qué de la que iá naturaleza de la Amazonia, sigue Carlos M a r i á t e g u i el noble maestro de la carrera del venado hay en el indio trota- siendo soberana como en el día del desemdor de l a sierra de Puebla y la mirada con barco de Pizarro. juventud peruana que acaba de morírsenos, polvo adentro del a y m a r á es la misma de su Pero vamos a darles a ellos otras razoinició hace unos siete años, con valiosos gruahijada la alpaca. E l paisaje está reteñido nes para que al indio se le convide primero pos universitarios de L i m a de Arequipa y de indianidad; donde es grasamente feliz, el Cuzco, una buena campaña indianista, la explica el frenesí de las danzas sensuales y se le exija después aprender castellano. Algunos consideran mucho en una educasegunda de la América. L a honra de la p r i- guerreras; donde él es la pobreza sin nommera corresponde a Méjico, y aunque con- bre de la puna, apunta su desposeimiento. ción el nivel en que recogen la pieza educativos, y éstos son los amigos de las contenga las exageraciones que sabemos, es, en. Cabalgando por la sierra, yo sentía a ra- cesiones y de cierto desaliento derrotista; todo caso, un movimiento de ios m á s raciootros consideran poco o nada el terreno, y, nales y de los m á s realistas en este tiempo tos que mi bulto y mi gesto se quedaban fue- no contando al educando en el orden vegera del orden de este paisaje; yo sentía que de la promoción de las realidades. golpeaba en ese mundo nuevo con m i emo- tal, sino en el zpológico, lo arrancan da Nuestros países tropicales, tan recargados ción sin que él quisiera mucho ni poco de allí, y lo hacen andar con dolor o rezongo, de población india, para algunos de los cua- mí, mientras que un paisaje mío, el que yo porque para ellos la educación es m á s una les todavía es válida l a estampa de un cam- llamo mestizo, del centro de Chile, me i n- marcha migratoria que un sedentarismo vepamento de blancos que tirita en un paisa- corpora en un momento y me incluye sin getal. E l hombre- -dicen éstos- -es el que je indígena, nuestros lentos países tropicales dejarme una potencia fuera de sí. camina, salta, corre, y trepa; el que se gana abrieron una pausa de cien años en el proo se pierde jugándose a sí mismo; lo otro, L a plana de peticiones de los indianistas lo que no da de sí m á s de lo que se le ve, blema indio, unas vacaciones inconcebibles peruanos contiene la distribución de la tie- se llama planta, y se la deja buenamente en la tarea indianista que no soportaba posrra, unos tribunales de justicia paternales, sentada, que el estar de pie de un árbol es tergación. la dignificación de los oficios indios uno por un estar sentado en sus raíces... Algunos indiófilos que exageran por ge- uno y, en general, l a revalidación completa nerosidad, dicen que este olvido cuenta qui- de la cultura autóctona. E n el último tiemY o me acuerdo de esta pedagogía saludanientos años y comienza con la Conquista. po se ha hecho destacar con fuerza en ese ble, aunque un poco imperiosa, cuando me S e g ú n ellos, desde que asomó el blanco, el programa sensato l a resurrección de la len- hablan del indio como un adobe cocido que no responde, a excitación ninguna. indio se sumió corno criatura y desapareció gua aborigen. como si se lo comiera la tierra L a afirmaL o s misioneros se habían puesto entre la L o s jóvenes indianistas consideran que el ción de que la colonia echó una mirada leal j castellano nunca ha penetiado l a sierra; que manera fuerte y l a blanda, y donde se les y bastante larga hacia el problema no la se ha quedado, como el jinete blanco, delan- dejó trabajar sin capitán intruso que les hago yo por escribir en diario español; diez te del anillo cerrado de la selva y a medio revolviera todo, ellos consiguieron lo que; años enseñé Historia y supe. bien y dije cla- repecho del altiplano. Ellos alegan que la q u e r í a n el indio habló español, recitó oraro que l a suerte del indio hizo presencia m á s enseñanza del quechua- aymará en las es- ciones y geografía en español, y dio la quevertical en la colonia que en el período i n- cuelas es el sésamo verdadero para mani- j a de su atropello en español. dependiente, y que por lo menos algunos pular las masas indias en una educación N o conozco la lengua quechua sino por de los Reyes de E s p a ñ a se acordaron del digna de este nombre. las referencias de su eufonía y de su relaaborigen con legislación coordinada y con L o s misioneros supieron antes que nadie tiva riqueza. Pero no se necesita hablar cartas excitadoras a virreyes y capitanes ge- que aprender el dialecto local era cazar al una lengua para, averiguar si ella es válida nerales, sin tener al indio en el horizonte indio con su propia miel, y se pusieron, no o no en l a vida moderna; si puede o no como lo tiene el legislador mestizo. A q u é- sólo a aprenderlo, sino a enseñarlo a algu- cumplir su oficio de relacionar, qu, e es su llos olvidaban o desobedecían por conscien- nos de los soldadotes; ellos escribieron gra- primera obligación; si ella posee los pies cia muelle o truco m a ñ o s o pero olvidar no máticas y diccionarios, y nadie ha conce- de Mercurio para ir todo lo lejos que prees ignorar, y después de ellos el indio ha dido después al formidable nudo lingüístico cisan los recados vitales que se le dan, o sido rebanado de nuestra consciencia, barri- más atención. Incorporación y lengua co- si, al revés de la sandalia aletuda, ella mues do de nuestras preocupaciones. Mientras más mún eran un solo negocio para l o s m i s i o- tra un pie rebanado y en muñón, incapaz dulce, m á s inadvertido; mientras m á s dócil, neros. Aunque en otros órdenes, los religio- de ir a ninguna parte, y, en fin, si ella conm á s bueno para estera de los pies criollos. sos dieron a los indígenas trato de n i ñ o s tenta y sacia al indio en su necesidad de exE l olvido del campo americano, que hor- los tenían por bien capaces y bien dignos presarse. Dudamos, dudamos de que nuestras lenmiguea de indio, es cosa de las ciudades de manejar una lengua europea m á s tarde; mestizas; la ciudad tropical echa a t r á s el son los indianistas posteriores quienes vie- guas aborígenes puedan cumplir con este campo, lo niega y lo anula fabulosamente, nen dándonos, la noticia, un poco trágica, grave racimo de deberes, a menos de que de. que el indígena no puede con t a digni- nos pongamos a recrearlas técnicamente, por m á s que la muy pobre, la muy indolente dad, y que no hay que violentarlo en este añadiéndoles tanto como lo que poseen, y y la muy v i v i d e r a se hambrearía sin él sentido. no es el caso de, meterse en una aventura y en una sola semana. Para saber la verdad L a enseñanza de mayas y quechuas por de ingenuidad esperantista... sobre r -iestra demografía, sálgase de Quito- Supongamos que l a empresa, que es de un o de Bogotá, cabalgúese un día a buen ga- el misionero fué siempre un medio y nunca nos convenciera. Resulta que lope, y el indio se vuelve la pajuela atrave- una finalidad; para mejor enseñar el espa- filial- heroico, sada del ejo, que no deja ver nada más. In- ñol, en un trueque hábil de lengua por len- una lengua completa, buena y todo, no vive dolente, desperdiciador de la tierra, rutinario gua, ellos aceptaron quechuas o guaraníes de sus puros deudos y tiene que ganar clienpara el cultivo y cuanto se quiera, en verdad en el trato y en el adoctrinamiento, y su tela entre los e x t r a ñ o s que es una verdadera todo sale de su riego, de su asistencia y de plan era mantener la lengua bilingüe hasta pieza comercial, lo mismo que el cheque, y su fidelidad: el cafetal rizadamente pulcro, el punto en que el español de los alumnos pide que agentes extranjeros le den estimación y confianza redondas. Nadie nos aprenel plantío desmañado de la caña, el lindo tuviese l a destreza suficiente. Los maestros misioneros de Méjico re- dería nuestro pobre quechua, dulce para la campo del algodón, la mancha mixta de plantas y tutores (i) del cacao. Trepar a la alti- cibieron del ministro Vasconcelos las mis- lengua, rítmico para la sangré, rico y cuánto planicie- de la penitencia, y el testimonio es mas ó r d e n e s disponer del dialecto como se quiera. Nuestros dialectos, resucitados, o m á s rotundo t o d a v í a el indio pastorea en cosa de t r á n s i t o no rehusar a los niños ta- mejor dicho, galvanizados, se nos quedarían rascos o tarahumaras esta caridad y esta allí mismo donde lps halló Francisco P i z a rro, en el festón de la costa peruana, y tal (1) E l tutor es la planta que sombrea al vez m á s adentro, donde se acaba el mestizo ¿1) Tola, planta, del altiplano. cacao. ABC DIARIO ILUSTRADO. A Ñ O VIGÉS 1 MOSEXTO N. 8.573 g) LENGUA ESPAÑOLA Y DIALECTOS INDÍGENAS E N L A A M E R I C A