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MADRID- SEVILLA 19 D E 1 U N 1 Q 1930. SUELTO DE NUMERO 10 CTS. REDACCIÓN: P R A D O D E S A N S E B A S T I A N S U S C R I P C I O N E S Y A N U N C I O S MUÑOZ CERCANA A TETUAN, SEVILLA ABC E n el corral, el gallo, erecta la cresta, avizores los fúlgidos ojos, escucha y desdeña el halago de la gallinería. A l fondo del parque escóndense en los heléchos, silenciosas, las ranas, y tiemblan las gráciles madejas plumeadas de los sauces sobre el lago, que frunce sus aguas con escalofrío de miedo. Dice la servidumbre de este samek que se aparece en la torre un viejo guerrero y que se le oye andar por los salones en la alta noche. ¿Fantasmas? ¿Espíritus en pena Y o creo que esa leyenda toma arraigo hoy en la mente del vulgo impresionada con imágenes diablescas: las de los soldados enmascarados para evitar la onda de los gases asfixiantes. E n las villas y ciudades se efectúan los simulacros de ataques nocturnos. A una señal, un grito de sirenas urbanas, se apaga el alumbrado público, y aunque el vecindario está advertido sienten zozobra muchos corazones. Crujen en los espacios las alas de los aviones apuntados por la artillería especial que ha de herirlos, y el estruendo del combate aéreo desconcierta en las sombras. Granadas llenas de gases mortales han caído- -se supone- -en el frente, y entonces bultos y sombras avanzan, caen, crúzanse y perfílanse contornos monstruosos. Son los soldados, cubierta la cabeza con las caretas defensivas. Son los sanitarios y los hermanos de la Cruz Roja que prestan auxilio a los moribundos. Son los personajes de la tragedia de la guerra moderna- -la invencible guerra del porvenir- disfrazados de demonios, ensayando, ejercitándose en la defensa y el ataque de las traidoras armas químicas. Sosiego debido a la infancia y a las existencias laboriosas, cultas, cristianas, ¡dónde hallarte! N o nos dejan olvidar, n i aquí n i en parte alguna, que la guerra ha sido, es y será eternamente el pan amasado con sangre de las democracias pervertidas y de los usurpadores imperialismos, DIARIO ILUSTRAD O AÑO N. 8.574 VIGE íf SIMOSEXTO OLIVE. ABC EN FRONTERAS ESLAVA S L a dulce paz campestre... N o nos dejan olvidar la guerra en ningún sitio de Polonia, cercada de enemigos. A lo largo de las fronteras de Ucrania, de Rusia blanca, de las del Sur, y de éstas a pocos kilómetros de Alemania, se realizan incesantes maniobras militares en extensos sectores, destinados a base de operaciones para los simulacros del Ejército. N o ha de ser este Ejército de una nación de 30 millones inferior a los vencedores en la lucha mundial, y ocupa su baluarte- defendiendo de A s i a a Europa. E n el tiempo pacífico que gozamos se ejercitan las tropas en todas las ciencias y- las artes guerreras. Esfuerzo y valor, pericia, dinero, abnegación ciudadana pénense al servicio de los defensores de la Patria. Del punto de vista real e inexorable cumple su deber Polonia haciéndose. fuerte por las armas; pero yo, que tengo horror de la guerra y espanto, me duelo de lo irreparable, consubstancial a todas las épocas: él perenne luchar de los grandes devorando a los débiles que obliga Polonia al militarismo. milde y cariñoso. Y si el visitante o fiel se muestran liberales, caritativos, la viejecita les cuenta un secreto que ella sabe. Secreto terrible; secreto que, si lo supiera un novelista, podría sacar de él mucho dinero; y no digamos nada de un dramaturgo; éstos sí que saben sacar dinero de todo. ¡Felices mortales! Pero sigamos con la viejecita de Burgos; os voy a revelar s u secreto, y si podéis sacar de él unas pesetas, mejor que mejor. E n Santa Gadea tomó juramento el C i d al Rey D Alonso V I quiso el C i d que este Rey jurara que no habia intervenido en el asesinato de su hermano D Sancho. E n los viejos romances se habla repetidamente del cerrojo de Santa Gadea; sobre este cerrojo tomó el C i d uno de los juramentos al M o n a r c a en entredicho. En Santa Gadea de Burgos, d o j u r a n los fijosdalgo, allí t o m a r a l a s j u r a s el C i d a l R e y c a s t e l l a n o L a s j u r a s eran t a n fuertes, que a todos p o n e n espanto: sobre u n cerrojo de hierro y u n a b a l l e s t a de p a l o H a dejado mayo al primer día de junio los campos cuajados de margaritas, y en las estepas, con dos palmos sobre tierra, el trigo y el centeno. L a s remolachas apiñan sus tallos, absorbiendo dulcedumbre, que será azúcar mañana, y en los patatales van a. brotar capullos blanquecinos. E n las huertas cayó sobre los fresales en flor la nube rosada de ios cerezos y manzanos, la floración, promesa del fruto, y el heno recién cortado en las praderas huele a humedad soleada. Concede Dios a sus criaturas aquí un breve período de claridad, de hermosura suave, de premio al trabajo aldeano con la SOFÍA C A S A N O V A abundante cosecha, y destemplando la armonía del ambiente cuando junio va a secar Tierra de Poznañ, junio, 193 a con su luz las escarchas en las rosaledas y en los macizos de albos lirios, resuenan ahora los largos estampidos de los cañonazos con el tableteo de las ametralladoras en el próximo campamento de Biedrusk. A r r i b a vuelan, rugidores, los aeroplanos, D o s viejecitos disparando sobre los que les persiguen o alcanzados por los disparos de abajo. E n la provincia de Alicante, maravillosa Días, meses, casi todo el año duran estas provincia, por la gente y por el paisaje; en maniobras. L o s aldeanos, de amorfa sensibi- la provincia de Alicante hay unas viejecitas lidad, acostumbrados a ellas, no las echan de que son de ébano y de marfil; el cuerpo es ver siquiera, y la chiquillería- -aquí divierte de ébano- -vestido con las limpias ropas necuanto es vistosamente militar- -se emboba gras- -y la cara es de marfil; en algunos pueoyendo el tiroteo y buscando en líneas del blos, en que las aguas están cargadas de cal, acallado fuego cascos de bombas reventadas. la dentadura se conserva intacta, admirable, A cada cañonazo y a cada repique de las durante toda la larga vida de estas viejeciametralladoras levantan el vuelo las palomas tas parecen estas ancianas que acaban de torcaces, amedrentadas; chillan los gorriones, salir de una clínica dental. ¿Habrá viejecicalla el cuco y cubre con sus alas a los po- tas de éstas en Burgos, en la cabeza de Caszuelos la alondra, que tiene nido al pie de las tilla? Seguramente qué las hay. U n a de esencinas, oculto entre juncias y céspedes pro- tas viejecitas de ébano y marfil, está a la íusos. L o s canes, mis amigos, guardadores puerta de la iglesia de Santa Gadea, o Águedel samek- -castillo- aullan, inquietos, y en da, en Burgos; todos los días se pone allí; las selvas los lobatos, asomados al sol, huyen no importuna a los fieles con gemidos ni a refugiarse bajo el vientre de la madre, que aves lastimeros; se contenta con mirarles de mira en torno, encendidos los ojos feroces. cierto modo; con niirarles de un modo hu; E n esta hora plácida de la mañana, en el profundo silencio de la ciudad, la vieja castellana, tan limpia, cuenta al visitante de la iglesia la temerosa historia. Allí, en la misma puerta, está el famoso cerrojo; desde hace siglos, ese cerrojo cierra y abre la puerta. L a viejecita baja l a voz y echa una m i rada alrededor: todas las noches, en la bóveda del templo, se escucha un ruido espantoso; parece como si arrastraran cadenas y si dieran voces coléricas. Se pueden oír esos ruidos extraños, terribles; pero mejor es estar lejos. Además, algunas veces, el propio C i d el C i d y D Alonso, aparecen junto a la puerta. Sí, son ellos; no cabe dudarlo; son el C i d y Alonso V I que repiten la escena de as formidables juras; el C i d hace que el Rey ponga la mano sobre el cerrojo, y el M o n a r c a está tan enfurecido, que sus ojos parece que echan lumbre. Y la viejecita, revelado su secreto, calla y contempla la cara del visitante. T a l es, lector, lo que una pobre mujer, que pedía limosna a la puerta de Santa G a dea, contó a un viajero; ese relato se publicó en un libro que, con el título de Recuerdos de un viaje por España, salió a luz. en M a drid en 1849. A h o r a vamos con otro viejecito. Este, acabo de decirlo, es varón. Cerca de B u r gos, allá por donde estaba el convento de Fres de V a l se levanta una colina, a la que se asciende por una suave cuesta. Se llama de los Grillos esta subida. A r r i b a se extiende una meseta anchurosa; es como un paseo desde el cual se divisa un espléndido panorama; P o r un lado, Burgos, la noble ciudad; la Cartuja, con sus pináculos funerarios, a modo de blandones; las Huelgas, entre la fronda del arbolado; por otra parte, los pueblos de Quintanilla, V i v a r del C i d Cercedüla, Villaverde. E n la cuesta de los Grillos ocurre todos los años una cosa de maravilla y de espanto; no vayáis a verlo; os asustaríais; sentiríais el escalofrío de la muerte. L o que pasa en esa cuesta es que la noche del día de Difuntos sube por el declive un caballero montado en su bridón. ESPAÑA
 // Cambio Nodo4-Sevilla