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A B C. J U E V E S 19 D E J U N I O D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 1 actividad, no como expresión reducida a aludir a la pérdida de una hacienda o de u n P A L P I T O -N o sé. Pero tengo l a i m- lucro. Soledad, que también debe trascender para que sea grave la pura anécdota presión de que hace algunos años debe de de un desengaño amoroso. andar decreciendo en el mundo el número Quizá no esté de más traer aquí una de suicidios. conjetura relativa a la intervención de estas E s una especie de fulgor de verdad que causas en aquel fenómeno. A s í como los ha cruzado por los campos de mi atención, así, de pronto. U n palpito según se dice psiquiatras han creído advertir a veces que en la producción de la enfermedad a que se italianizadamente en alguno de nuestros alude con la fatídica pareja de letras P G. jueridos ultramares. Como aquellos a cuyo tehan de concurrir dos causas, no bastando nor- -según murmuraciones dictadas por el una sola, por violenta que sea, n i el morbo odio intergremial- -pretendía vaticinar los específico, ni el alcoholismo, n i la fatiga i n eclipses cierto famoso astrónomo espiritelectual, así es la catástrofe vital que detista. termina el suicidio, quisa nunca se encuenSi yo fuera sociólogo, para verificación tra aislado el accidente de la ruina o el de de m i palpito hubiérame arrojado i n la soledad. L a soledad afectiva de quien se mediatamente sobre las estadísticas. L a inssuicidó siempre estuvo agravada por un piración gratuita- -pero, si yo fuera sociólocierto elemento de ruina profesional. O bien go, ¿tendría inspiraciones aún? -se trocasu ruina profesional por cierta dosis de ra así en tesis metódicamente elaborada... soledad afectiva, P e r o m i tarea no es de Sociología, sino simplemente de Filosofía; lo digo con un D Í A S P O B R E S Y S I N A M O R -A taacento de humildad, por lo mismo que lo adles miserias, a tales dolores, ¿han traído a l vierto con una sensación de ligereza. gún alivio l a sociedad contemporánea, la c i L a Filosofía me otorga derecho- -como lo vilización contemporánea? ¿Qué verduras de concede la Matemática- -a ciertas elaboraciones formales. S i n necesidad de ser específicamente un doctrinario del ais ob puedo yo discurrir como si tal cosa fuese verdad, sin comprometer ei. que, por el momento, lo sea. Puedo, por otra parte, dejar m i consAGUAS DE trucción situada en aquella zona de la verdad en que la verdad no es precisamente i exactitud. O en aquella otra que todavía no Y SO PORTILLA lo es, pero que no tardará en serlo... U n Aíecciones de e s t ó m a g o hígado, intestinos filósofo es, por modo primordial, un artey de la nutrición. sano de hipótesis. Apertura, el 15 ele junio. Trato excelente. Queda, pues, planteada como hipótesis m i T e l é f o n o B e r g ü e n d a níim. 1 improvisada intuición. E l número total de Depósito: San Mateo, 18. Teléfono 31590. suicidios viene disminuyendo en el mundo en los últimos años. Con oscilaciones quizá, con regresiones bruscas, probable CRONÓMETROS y TAQUÍ M E T R O S! mente con excepciones o antinomias locales, l a línea promedial del fenómeno debe de manifestarse descendente. N o será superfluo, por ventura, que nos preguntemos: GEN EVE IOS AL CONTADO ¿P o r qué? Y A PLAZOS MEJORES QUE GLOSAS S OBRO nuestras eras novísimas han podido refrescar el árido terreno de tragedia en que se producen estos terremotos, estos derrumbes? L o que es un bienestar económico, no será. Sin necesidad de entregarnos ahora a trenos de industrial o comerciante o agricultor jeremíaco, n i en pesimismos de economista sobre e l estado de los negocios ni en patetismos de literatura societaria, podemos l i mitarnos, para tomarle la medida a la situación actual, en punto a su provocación de catástrofes individuales, a recordar tres hechos uno, las graves crisis de falta de trabajo en los países más progresivos y laboriosos otro, la continua y acelerada precipitación de la que se llamó clase media en un proletariado y la desvalorización de las profesiones liberales y del esfuerzo intelectual otro hecho, por fin: a los lamentos de Europa, que se considera arruinada por América, contestan los Estados Unidos mostrando sus propias angustias, sus colosales cataclismos financieros. Últimamente, creo que por primera vez en la historia de las haciendas, una ciudad importante, creo que San Francisco, no encontraba un céntimo de crédito para un empréstito municipal. Volvamos los ojos al otro problema. S i del lado de la riqueza no parece haber ventaja para l a suerte de los hombres, la habrá del lado del afecto, para antídoto a los males de la soledad? Pero, ¿no se ha llamado a la nuestra l a era sin amor ¿N o sabemos en crisis la familia, en defección la paternidad, la amistad en penuria, en anacronismo el m a trimonio desinteresado, en descrédito la pasión ingenua? ...PERO C O N OCASIONES CONTIN U A D A S D E E S P E R A N Z A -Ocurre, empero, que de todos estos valores haya venido a compensar, hasta cierto punto, la baja, el hecho de una extrema, movilidad. E l mercado de ellos está abierto, abierto de noche como de día. S i el volumen de la satisfacción ha disminuido, las ocasiones a la misma parece, en desquite, haberse acrecido sobremanera. U n a facilidad de conexión se ha establecido- -sólo para dar un ejemplo- -con las Bolsas de Trabajo N o tendrá mucho, por otro lado, de B o l s a del afecto con i n finitas e infinitamente matizadas transacciones, la actual manera de vivir de los hombres y las mujeres? Semejante multiplicidad abrirá, sin duda, camino a la esperanza. Y no hemos dicho aún, pero y a se entiende, que el arruinado, el solitario, de cuyo dolor se fabrica un suicidio, son también, por definición, unos desesperados. ¿Qué diferencia separa, en lo relativo a l florecimiento de la esperanza, en lo profesional como en lo afectivo, ei ambiente de una gran metrópoli del de una pequeña c i u dad provinciana? Quizá en ésta se trabaje más, en proporción; quizá en ésta se ame l a gente en mayor grado. Esto último no lo creo, con todo. Pero lo que sí parece indudable es que en l a primera, en la gran metrópoli, las ocasiones de acceso. al amor y a l trabajo se darán con más frecuencia y facilidad... Pues bien, puede acontecer que, respecto de días pasados, recientes inclusive, el mundo que nace tenga mucho de lo que l a gran ciudad con respecto de la ciudad chica. Y que la nueva manera empiece a traer, si no buena solución, manera de trampeamiento y alivio a aquellas ruinas, a aquellas soledades en que, sobre l a vida de los miserables hombres, de las miserables mujeres, el peso de la doble condenación bíblica apretaba demasiado. L a sombra de Julieta se aleja quizá d? nosotros en una perspectiva romántica. Se aleja con ella, al mismo tiempo, la sombra del Juanito del niño bueno de los libros DOS P R O B L E M A S D O S CATÁST R O F E S N o hay más que dos problemas en la vida moral- -viene hace años y lustros diciendo Octavio de R o m e u- no hay más que el problema del amor y el problema del trabajo. L a manera particular de resolver- -o de intentarlo, o de fracasar en el intento- -la cuestión sexual y la cuestión profesional definen cada biografía humana, cada fisonomía nacional, cada caracterización cultural de un período de l a Historia. D i m e cómo has querido, dime cómo te has ganado la vida y te diré quién eres. ¿N o fueron éstos ya los dos rieles de 3 a vida y de l a muerte, en la doble inicial condenación bíblica: T ú Adán, ganarás el pan con el sudor de tu frente y T ú E v a habrás tus hijos en el dolor L a civilización, en su avance en las dignidades, ha podido más tarde complicar el tema, haciendo que el hombre quisiese también participar en el dolor de amar, mediante el sentimentalismo; y la mujer, en el dolor de trabajar, mediante el conjunto de aspiraciones y cargas a que modernamente damos el nombre de feminismo. P e r o la múltiple diversidad de las combinaciones históricas o a. ctuales deja sin alteración la originaria dualidad de los elementos: sexo, amor, por un lado; por otro, trabajo, profesión. A h o r a volviendo a pensar en el atroz fenómeno del suicidio, si éstos son los dos problemas reales, ¿cuáles son, desde el punto de vista del valor para vivir o de la renuncia a la vida, las dos reales catástroIfes... L a catástrofe profesional tiene un nombre; se llama ruina. L a catástrofe amatoria tiene un nombre: se llama soledad. R u i n a que debe entenderse aquí como rup ¡tura del resorte general que impele a l a SE F A B R I C A N V LOS GRANDES MAS GARANTIZADOS PIDAN C A T A L O G O ILUSTRADO GRATUITO Y BOLETÍN D E C O M P R A S I N C O M P R O M I S O P A R A Vd. 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