Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Haya a Haarlem se va cómodamente por carretera en poco más de una hora sin forzar la velocidad. L a tierra, cuarteada frecuentemente por los canales, es siempre llana, y la vegetación de un verde esmeralda contrasta con el tono bistre de las nubes. Para un español, estos paisajes no son enteramente desconocidos, puesto que todavía hace trescientos años formaban parte de nuestro patrimonio nacional. No lo decimos con la orgutlosa ufanía del conquistador, sino con la sencillez del asceta que ha renunciado a todo. Por aquí anduvieron los Tercios que acaudillaban el duque de Alba, D Luis de Requeséns y D Juan de Austria en una época en la cual se había impuesto E s p a ñ a el ideal de catolizar el mundo. Precisamente los arqueros retratados por Frahz Hals que hemos visto en el M u s e o de Haarlem eran, so color de vasallaje, nuestros enemigos encubiertos. Estos hombres sanguíneos y robustos, que hacían llevaderas las horas de tedio en el c u e r p o de guardia emborrachándose con cerveza, eran los reivindicadores de la independencia, nacional. Guillermo el T a c i turno contaba con su heroísmo para echar- PLAZA D E L MERCADO De los grandes retratistas que han conquistado la inmortalidad, con el pincel, pocos igualan a Fránz Hals; ninguno le supera. Su nombre repercute con la m i s ma s o n o r i d a d que Jos de Velázquez, Van D k k y Coya en los ámbitos de la gloria. Para ver sus mejores obras es indispensable ir a Haarlem. Hecha en verano la visita a ese delicioso rincón holandés, nos reserva, además, o t r a sorpresa: los plantíos de tulipanes; pero el que venga en las postrimerías del o t o ñ o tiene que resignarse a no ver sino los desnudos tablares anegados por la lluvia. De E l CATEDRAL D E HAARLEM