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pondía con Academias y personalidades de por cierto que n i M. ediciha sabe. L e ceservan los Padres Agustinos d e E l E s los estudios matemáticos, y como remanso, gaban su deseo y e l olvido de la desproporc o r i a l otra serie de cuadros anatómicos como sosiego de algunas tardes libradas al ción. Suponía a todo el mundo con su cey el boceto del techo del anfiteatro de l a dolor, yolvía a G r e c i a se refugiaba en rebro- esponja, capaz de asimilarlo todo y Facultad de M a d r i d y la figura de V e su helenismo, casi escondiéndose, temeroso todo con plena substancia. Y pretendía la salió, que es la principal, porque fué el de lastimarse con el roce de la incomprenregla común de la renunciación a todas las primer director y tratadista de Anatomía. horas y a t o d o s los A l propio tiempo d i r i atractivos de las h o gía personalmente toda ras. E l la m a n t u v o la decoración del anfihasta que e x p i r ó L e teatro. horrorizaban el vicio y D e l 6o al 78 fué en el ocio, y por temor a l B a r c e l o n a presidente ocio, camino del vicio, de sección y pres denbuscaba siempre el r e te del Ateneo; m i e m creo en l a a c t i v i d a d bro de l a Academia de espiritual. E n ella le M e d i c i n a de l a de sorprendió la muerte. Buenas Letras del Instituto M é d i c o y cor r e s p o n s a l de entidaD o n Rafael F o r n s des científicas. E l t? catedrático a c t u a l y fundó, con C a s a s el y a v e t e r a n o fué de Establecimiento D e n a Letamendi hijo polítioioterápico, primero en co después de serlo esEspaña, y- -e n t o n c e s- -p i r i t u a l (Para este de los mejores de E u g r a d o naturalmente, ropa, dedicado al emtuvo que trasponer sus pleo t e r a p é u t i c o de buenos años de griego l o s a g e n t e s etéreos y de latín. Este se (luz, electricidad) L l e ñor F o r n s es el sacernaría v a r i a s c o i u m dote de la capilla en nas de A B C la relaque tiene culto- diario c i o n de sus iniciatiy memoria inmarcesivas, algunas memorable L e t a m e n d i Este bles, como, la de funSr. F o r i i s ha editado dar la primera Socieen cinco p seis libros dad española de inocutodo aquello que a l a lación d i r e c t a de la m u e r t e de Letamendi B O D E G Ó N E J E C U T A D O A L O L E O S O B R E CARTÓN P R E P A R A D O P O R L E T A M E N D I E N T R E ternera contra la v i estaba concluido e n L O S T R E I N T A Y L O S C U A R E N T A AÑOS D E S U E D A D ruela humana. E l 75 tegro, y custodia lo de; descubrió un procedimiento de anestesia local, que el doctor Salvador Cardenal p r a c ticó en París, y que fué acogido con entusiasmo por el famoso profesor Vulpian y consignado en el Anuario Medito de Sánchez- Ocaña (M a d r i d) E l 75 fundó el F o mento de la Producción Española, y el 78 pasó a la corte para ocupar en San Carlos la cátedra de Patología y Clínicas. E n M a d r i d la figura de Letamendi se agranda y, diríamos, se desdobla y multiplica. Cnanto más le turba y maltrata la g a r r a del sufrimiento físico- -encadenándole en el lecho días, semanas, meses- más potente y creadora se expande su mentalidad con i n- flujo centrífugo que irradia simultáneamente a todos los lugares de enseñanza y d e labor analítica. N i aun la política queda desdeñada; bien que en su alto concepto y en relación con los grandes problemas n a cionales. Letamendi no tiene tiempo para sentirse enfermo; su descansóles v i g i l i a su distracción única, el estudio. Desde el lecho escribe; cuando sale, inicia, enseña, perora. E n dondequiera, su estatura mental sobrepuja a las tallas más elevadas. Publica sus tratados de Patología general y de Clínica, ésta con el famoso volumen de Aforística; redacta l a Historia evolutiva del pensamiento medicó, obra cumbre, que no terminó, y que con las otras constituiría el Tributan que determinaba su personalidad médica; y preparaba l a publicación de l a Historia de la Medicpia, del Tratado de Morfología, de! Hermafroditismo, -del Sistema df educación anatómica. de muchos otros libros de Medicina. E r a no más, u n a p a r t e de su producción. A l propio tiempo alimentaba con sus trabajos revistas por él fundadas: y otras que se disputaban su firma; desarrollaba e imprimía sus estupendas conferencias sobre fa Antropología del genio, cuyo sumario, de 45 capítulos, fuera bastante para proclamar su sabiduría y su o r i ginalidad i n d u c t i v a componía música (que editaba la C a s a R o m e r o) desde l a r o m a n za y el dúo de factura clásica italiana, y las jotas, a las páginas del Dies ira y l a Misa, de Réqnierii a toda orquesta; pintaba al óleo y a la acuarela; comentaba y v u l garizaba inventos y aplicaciones; se corres- sión. L a ignorancia y la grosería de m u chas personas que pasan por cultas y educadas no era para él u n secreto; pero prefería no tenerlo que revelar, y apelaba a la distancia. Quienes le trataron más cercanamente saben cómo sabía mantener la distancia sin hacerla notar. E r a la exactitud de equilibrio entre la frialdad y la cortesía forzada. P e r o no ocultaba luego, en alguna insinuación dentro de la intimidad, su pesadumbre por estas decepciones. L e afligían, sobre todo, en la clase médica, donde siempre quería ver compañeros o discípulos. D e l médico que no sabe más que Medicina- -exclamaba y escribía- ten más. Este Sr. F o r n s que ha hecho de su vivienda propia un museo de arte y u n taller de arte, tiene en ella como u n altar para Letamendi, y al pie del altar la urna en que serán trasladadas las cenizas desde M a d r i d al Panteón de H i j o s ilustres de Barcelona. E l Ayuntamiento barcelonés acordó que ésta fuese la primera inhumación. L a fecha aún no ha llegado. Sería curioso el averiguar si las obras impresas de Letamendi han llegado a l a biblioteca del Ayuntamiento... o las espera también el n i c h o vacío. Y si no interesa al catalanismo, al espíritu regional de Cataluña, el recoger y custodiar los restos de Letamendi, que fué gloria de la ciencia española. L a memoria municipal suele ser muy flaca para los hombres que no fueron nada en la política, aunque fuesen sabios. V e r dad es que para l a gloria de los sabios hay demasiado estruendo en la plaza pública. Benot murió en un rinconcito, muy cerca de esta casa de A B C quedo, encogido, callado, como temeroso de molestar y de hacer ruido. M u c h a s t a r d e s m i r a m o s a los balcones de l a calleja e n declive. ¿Quién se acuerda de aquel viejecito, en cuyos ojos, allá a lo hondo, brillaba siempre u n a chispa casi imperceptible, como un puntito de luz dorada, que no iba a extinguirse nunca? ¿Quién se acuerda de Letamendi, de su vibración contagiosa, que también pav recia inacabable; de su oratoria esbelta, a r moniosa, elegantísima en el g i r o clásico, saturada en l a densidad de las ideas más nobles y elevadas? L o s que no le olvidan, cuiden de las reliquias de su obra. T o d o el polvo de los siglos no cegará la huella. A c a s o con los siglos se perderá el nombre, vestigio humano, residuo de la vanidad. L o que- importa es el tesoro espiritual, la lección humana d e aristocratismo espiritual. Porque Letamendi, proteico, prolífico, i n menso, fué, sobre todo, el ejemplar de u n alma eminentemente aristocrática que se hnbiera asfixiado fuera de la belleza, de l a ciencia, del trabajo y del amor al prójimo; es; decir, del bien. F. SANCHEZ- OCAÑA de V Muro. L E T A M E N D I A LOS C U A R E N T A Y CINCO ANOS (Reproducciones fotográficas
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