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MADRID- SEVILLA DÍA DE 22 D E 1930. JUNIO NUMERO DIARIO DO. N. ILUSTRAVIGÉ AÑO 8.577 S 1 MOSEXTO E X T R 3 O 20 C E N T S FUNDADO EN i. D E JUNIO D E 1905 POR D. TORCUATO LUCA D E TENA E L P R I N C I P E D E ASTURIAS D E C L A R A C L A U S U R A D A LA EXPOSICIÓN IBEROAMERICANA Epílogo que pudiera ser prólogo. La sesión de clausura. Discursos de los señores Cañal, Silveira de Castro, Sánchez Latour, alcalde de Sevilla y ministro de Trabajo. Banquete y baile. Final de la Semana de Méjico. Otras informaciones. Epílogo que pudiera ser prólogo Sevilla 21 de junio. Cuando, en el crepúsculo vespertino de este día inolvidable, la vos del Príncipe de Asturias, con la dulzura melancólica de una despedida, declaró clausurada la Exposición Iberoamericana, hubo un breve silencio de infinita tristeza, y, seguidamente, una explosión prolongadísima de vítores y un retumbo fragoroso de aplausos. En la brevedad del silencio cupieron hol godamente recordaciones, pesadumbres y hasta remordimientos. -Como en cinematográfico desfile, ante todos pasaron por el corazón y por el cerebro de la colectividad las imágenes de los proceres, patriotas y artistas, precursores, hacedores y propulsores del Certamen: Rodrigues Casso, Urbina, Colombi, Aníbal González, el primer marqués de Luca de Tena... La gloriosa legión de los ya idos... Y algunos más... Como dolor propio sintieron todos, absolutamente todos que la Exposición no haya tenido eco, y celebridad en consonancia con sus méritos y calidades. Santo dolor de patriotas, ganosos de admiraciones universales para su Patria... t a cosechar lo que sembró el Caballero. Acaso como Medina del Campo fué la gran feria de España, en un futuro inmediato sea Sevilla el mayor mercado de América, la ancha Casa de contratación de veinte países hispanoamericanos. Acaso este epílogo de hoy se convierta en prólogo de mañana. Se ha iluminado el anochecer con fulgores meridianos... Se yergue el Príncipe de Asturias. Majestuosamente resuena la Marcha Real. Unidas, enlazadas en altos mástiles, flotan muchas banderas. Todas son símbolos de naciones que riman con España. Todas han sido testigos del triunfo de la Exposición que ahora mismo, en un temblor de luminarias, comienza a convertirse en recuerdo. -M, R BLANCO BELMONTE. americanos, presidente de la Audiencia, fiscal de Su Majestad y delegado de Hacienda. A l ocupar! a presidencia el príncipe de Asturias, la orquesta tocó la Marcha Real, mientras el público, puesto en pie, tributaba una clamorosa ovación al primogénito de los Reyes de España. Los palcos y localidades de preferencia estaban ocupados por el elemento oficial, que entonaba perfectamente con sus trajes de etiqueta. Previa la venia de Su Alteza Real, el comisario regio de la Exposición, ex ministro D Carlos Cañal y Migolla, abrió los discursos, pronunciando el a continuación transcripto Extraordinaria afluencia de visitantes Desde las cuatro de la tarde de ayer, hora en que se franqueó la. entrada al público en la Exposición, comenzó la afluencia de v i sitantes en cantidad grandísima. Taxímetros, tranvías, coches y autobuses en constante i r y v e n i r vaciaron sin interrupción en los sectores del Certamen m i llares y millares de forasteros y sevillanos, que se- disponían, acudiendo al llamamiento hecho por el Sr. Cañal, a despedir dignamente a la Exposición en su día final. Cuando cerró la noche, la aglomeración era tal, que materialmente estaban cubiertos de personas los amplios paseos de ambos sectores. Bandas de música y pianillos, instalados en diversos parajes, no cesaban de tocar. Alrededor de los pianos se formaron animados grupos de bailarines, y en todas partes la animación y el bullicio eran realmente extraordinarios. Discurso del comisario regio, señor Cañal Serenísimo s e ñ o r Vuestro augusto padre, Su Majestad el Rey D Alfonso X I I I- -que Dios guarde- bajo cuyo reinado g a n ó España, con las invencibles armas de l a paz, los nuevos esplendores de progreso, que acreditan la legitimidad del puesto que ocupa entre las naciones modernas, ha querido, sin duda, señalar con vuestra presencia en este solemne acto de clausura de l a Exposición Iberoamericana, toda la importancia trascendental de la ceremonia en que culmina el hecho más singular de ese reinado: la reintegración del espíritu que E s p a ñ a infundió al continente occidental cuando, con sublime gesto, de madre n u t r i cia, se dio toda entera, con calor de sacrificio, para cumplir mejor su elevado destino histórico. A l cesar la tutela, accidentes históricos inevitables alteraron el ritmo unánime de las vibraciones, espirituales, hasta que, finalmente, volvieron a hallar el acorde sentimental, por virtud de esta espléndida reunión de familia, celebrada bajo el cielo de Sevilla, cuyo aire, perfumado con los aromas de sus flores, de sus tradiciones y de su preclara historia, ha acariciado, durante más de un a ñ o inolvidable, las banderas de todos esos pueblos, saludadas de continuo por las veneradas de las dos naciones. peninsulares, E s p a ñ a y Portugal, coopartícipes en la gloria y en el excelso honor de haber ensanchado el mundo y de haberlo iluminado luego con la luz de la civilización cristiana. Y porque en las claridades de su inteligencia vio vuestro augusto padre que este acto solemne no podía tener en modo a l guno dolorosos dejos de separación y despedida; porque la reintegración efectuada h a r á perdurable, por el recuerdo cálido, por el amor cordial y por la conveniencia recíproca, la unión que soldara el fuego de forja de los ideales comunes, os envió, serení simo seíior, para que, con vuestra asistencia, encarnaseis el m á s certero símbolo de En la prolongadísima explosión de entusiasmo férvido no cupo, no podía caber todo el orgullo amoroso de ver llevada a feliz cabo y remate una proeza de locura, una hazaña quijotesca, la empresa más alta intentada y lograda por España, en su relación con América, desde la fecha- -v mucho antes de la fecha- -en que las carabelas antañonas, transformadas en transatlánticos, condujeron hasta españolas playas a los últimos repatriados. Lo que España, asistida por América y Portugal, ha hecho en esta Exposición no puede aún apreciarse debidamente; requiere tiempo, exige distancia, para que la verdad no sea tomada por hipérbole, para que la. gente aprenda a escatimar el uso de la palabra maravilla, y la reserve y la utilice adecuadamente cuando se encuentre en presencia de otros conjuntos que se asemejen a eslas plazas de América y de España, floraciones de Arte magno en el parque más bello y más florido del mundo. La Exposición Iberoamericana ha sido bendita lección de amor y ha sido, por eso mismo, la más grande, la más fuerte afirmación de la unidad de la Raza, nacida en el. terruño hispano y propagada y multiplicada. desde la Patagonia hasta las tierras une ganó en la Florida el Adelantado D. Pedro Menénáez de Aviles. Hazaña quijotesca, ha cifrado lo inéfa- ble de la grandeza y lo excelso de lo absolutamente espiritual. Lo que no se vende ni se compra, porque es efusión del aluza y blasón del sentimiento. Hazaña quijotesca... Pronto vendrá la realidad de Sancho La sesión de clausura A las siete y media de l a tarde, en el hermoso teatro de la Exposición, se celebró la sesión de clausura. L a suntuosa sala, marco insustituible para realce de. la belleza de las distinguidas damas que asistieron al acto solemne, deslumhraba. E ñ el escenario, adornado con ricos tapices, el estrado presidencial, en cuyo puesto central tomó asiento Su Alteza Real el príncipe de Asturias, que vestía uniforme de marino. A la derecha del heredero del trono, se sentaron el ministro de Trabajo, el comisario regio presidente de ía Exposición, 1 almirante González, el gobernador civil, el comisario de Portugal, el rector de la U n i versidad y el presidente de la Diputación. A la izquierda del príncipe tomaron asiento el cardenal arzobispo de Sevilla, capitán general de la: región, alcalde de Sevilla, presidente de turno del Comité de comisarios É i