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INTERVIÚ CON UNA GALLETA H a b í a m o s oído hablar tanto de M a r í a A R T I Á C H que, como buenos reporteros, no p o d í a m o s por menos de tratar de conseguir una i n t e r v i ú con d i cha s e ñ o r a Pero nos h a l l á b a m o s perplejos, porque nosotros estamos acostumbrados a celebrar todo g é n e r o de entrevistas con actrices, literatas y aun abogadas, sin que j a m á s nos h u b i é r a m o s visto en nuestra vida en el complicado trance de dirigirnos a una galleta. No dejaba de ser curioso el temor que s e n t í a mos a l acercarnos a l establecimiento donde dicha s e ñ o r a se hospeda. ¿Q u é clase de galleta s e r í a? Pesada, indigesta tal vez, Ksto, que nosr- ha sucedido muchas veces con las personas, nada de p a r t i cular t e n d r í a que nos sucediese con las galletas. Pero nuestra sorpresa no tuvo límites a l encontrarnos aijte una hermosa galleta redonda, finita, cuyo tueste perfectp nada tenía que envidiar a l de Jas m á s modernas damiselas. A l contrario, su tostado color era natural y legítimo, cosa que no p o d r í a n asegurar muchas de las s e ñ o r i t a s a que nos referimos. E n lo único en. que no hay gran diferencia entre esta galleta y una dama cualquiera es en que es sumamente locuaz, y así, apenas nos divisa, se adelanta a saludarnos con el mayor agrado, y a l enterarse del rrcotivó de nuestra visita se apresura a complacernos: -Aunque me esté m a l el decirlo- -comienza M a r í a A R T I A C H- yo soy una galleta de excelente familia: -h a r i n a de flor, azúcar, mantequilla y una p e q u e ñ a dosis de sal y bicarbonato. Como ustedes ven, nada en m i origen es inconfesable, y puedo asegurar con l a frente muy alta que todo el proceso de m i fabricación es de una limpieza absoluta. Aquí se interrumpe para tomar aliento, y nosotros la dejamos continuar: ...Pero cuando se tiene l a desgracia de llamarse María, nada tiene de e x t r a ñ o que l a gente se desoriente, porque es t a l el n ú m e r o de M a r í a s que hay en el mundo, que difícilmente puede h a llarse una diferencia, a menos que se trate de personas que nos conocen a fondo. Todas las M a r í a s somos idénticas de aspecto: redonditas, finas, pinchadas. Hace falta fijarse poco para distinguir una galleta a r i s t o c r á t i c a de una galleta plebeya. Y o soy una A r t i a c h y m i ejecutoria de nobleza va grabada sobre m i frente. B i e n claro se lee: A r- t i- a c h Pero la gente no se fija siempre, y esto me desconsuela. Sin embargo, e l que me prueba y a no puede olvidar m i sabor: harina de ñor, azúcar, leche y mantequilla. Esto es y a mucho; pero, a d e m á s n i soy dulzona ni sosa, m i tueste es perfecto, soy delgadita, apetitosa... Tenga la bondad. Y se ofrece amablemente para que la probemos. -De ninguna manera, s e ñ o r a- -n o s excusam s- ¡No- faltaba más! Pero ella insiste, casi enojada: -Si no me prueban ustedes, i c ó m o van a notar l a diferencia? No podemos negarnos a tanta amabilidad, y l a verdad es que no lamentamos haber desfigurado su s i m p á t i c a redondez con l a media luna de nuestros dientes: es deliciosa. -Y diga usted, M a r í a A R T I A C H ¿c u á l e s son sus s i m p a t í a s? ¡O h Dios mío! -dice poniendo los ojos en blanco- C o n l a leche estoy muy bien y mis relaciones con l a mermelada, son excelentes. T a m b i é n hago muy buenas migas con una copa de jerez y hasta me permito a c o m p a ñ a r airosamente a l helado... -Usted e s t á bien con todo- -decimos galantemente, recordando t o d a v í a su exquisito sabor, -Son ustedes m u y amables- -contesta l a inteligente- galleta; Y prosigue: -Puede decirse que con quien mejor me llevo es con los n i ñ o s pequeños. E l e s t ó m a g o de los chiquitines, cuando. empieza a tomar algo sólido, e s t á solamente acostumbrado a líquidos de fácil digestión. Y o soy m u y digestible. P o r otra parte, el hiño en esa época, suele ser perezoso para masticar: yo me deshago a l contacto con l a saliva, y j a m á s h a b r á n oído ustedes que una A r t i a c h haya intentado ahogar a Un pequeñito. ¡Eso, nunca! H a y otra r a z ó n a ú n a los n i ñ o s no les convienen los huevos en l a primera época, y yo no llevo huevo e n m i mezcla. Soy pura y alimenticia, no empacho, soy l a verdad en forma de galleta. Si las mamas leen esta interviú, no d e j a r á n de mostrarme su s i m p a t í a Felicitamos a M a r í a A R T I A C H que se muest r a m u y agradecida, y le hacemos una ú l t i m a pregunta: -D i g a usted: ¿t i e n e usted alguna otra aplicación alimenticia? -Pueo v e r á n ustedes... Empiezo a gozar de gran favor entre las muchachas que quieren conservar l a línea sin dejar de alimentarse. Soy rica en vitaminas, -pero m i tueste especial me hace fáailmente asimilable. N o engordo. Estoy llamada a ponerme de moda entre las damitas cuida. dosas d é su silueta. -E s t a m o s seguros de que t e n d r á usted un éxito, s e ñ o r a- -c o n t e s t a m o s Y nos inclinamos para besar, sü mano, que nos tiende en señal de despedida. Pero, de pronto, recordando, su sabor i n i mitable, cambiamos de opinión y nos l a comemos. Y l a excelente galleta cruje golosamente bajo nuestros dientes, p a r a hacernos m á s grato e l trabajo de masticarta. M R.