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NO DEJE USTED DE LEER TODOS i LOS DOMINGOS QUE ES UN PORTFOLIO U N LIBRO UN MUSEO UN REGALO por por por por la diversidad de sus fotografías. la abundancia de su texto. la belleza de sus planas artísticas; y la baratura de su precio. U NA P E S E T A E L E J E M P L A R E N T O D A E S P A Ñ A a 82 R 0 DR 1 GUEZ- SOLIS L O S G U E R R I L L E R O S D E 1 S 0 S gen izquierda del Tajo, junto al puente del Cardenal, hoy conocida con el nombre de Lugar Nuevo. Escrito estaba sin duda en el libro del destino que los cuatro hermanos fuesen soldados, de una o de otra manera; así es que apenas resonó el grito de Independencia, que puso en armas a toda la juventud española, don Feliciano, seguido de su tres hermanos, el menor de los cuales, Antonio, sólo contaba diez años, y de algunos otros compañeros, volaron al combate, ansiosos de medir sus armas con los invasores de su Patria. A l ver ra heroica resolución de estos cuatro hermanos, el ánimo se suspende y la imaginación se traslada involuntariamente a otras épocas y otros pueblos, y acude a. la mente el recuerdo de aquellos valerosos Horacios que en el reinado de Tulio Hostilio combatieron a favor de Roma contra los tres Curacios, también hermanos y campeones de la ciudad de Alba, en presencia de los ejércitos romano y albano, para decidir con la victoria la supremacía de cada pueblo; con la diferencia a favor del nuestro, de que, como hemos visto por los datos anteriormente expuestos, Francia contaba con sesenta y cinco millones entre habitantes y tributarios, y E s paña poco más de diez, y con un ejército de millón y medio de combatientes contra cien mil hombres, que eran los únicos soldados que podíamos oponer a sus centuplicadas fuerzas. E n la primera acción que sostuvieron los hermanos Cuesta contra los franceses, se encontraron con que eran uno para veinte, saliendo derrotados nuestros guerrilleros, y el niño Antonio, a quien sus hermanos no echaron de menos en los, primeros instantes, quedó en el campo, oculto tras de un árbol, y casi en poder de los imperiales. No se intimidó el muchacho, y amparado de la obscuridad de la noche, con un ánimo imposible de elogiar como se merece, procuró orientarse y fué a dar con una venta, en cuyo pajar buscó un refugio saltando las tapias, gateando por las paredes y entrando por la ventana, concluyendo por dormirse sobre la paja con esa tranquilidad propia de los p cos años. P o r desgracia, no tardaron cü llegar a ia yeata sacramental, la respuesta obligada de todo guerrillero. Que son diez veces más que nosotros decía uno. No importa contestaban los otros. Que tienen mejores armas advertía alguno. No importa respondían los demás. Ese desprecio de la vida, ese amor a la Patria, esa indiferencia ante; el peligro, ese eterno no importa, nos salvó entonces, y nos salv a r á siempre, y nos h a r á invencibles, porque desgraciado el pueblo que para combatirlos cuenta sus enemigos. E n los últimos días dei mes de mayo se dejó ver por Higuera de las Dueñas, lugar de l a provincia de Toledo, lindante con la de Extremadura, el famoso presbítero- don Miguel de Quero. Este valeroso sacerdote abandonó el altar por la Patria, y bien pronto conquistó una justa nombradla. Puesto a la cabeza de doce paisanos, en su mayoría feligreses suyos, salió a campaña, y su primera acción fué desafiar y obligar a batirse a cuarenta y Seis dragones que se dirigían contra Escalona. L a lucha fué reñida, el combate sangriento; pero don Miguel de Quero y sus guerrilleros eran bravos y terribles, y bien pronto el triunfo coronó sus escuerzos. E l resultado fué dejar trece dragones muertos sobre el campo y hacer prisioneros a los treinta y tres restantes, que el famoso presbítero se apresuró a presentar, como trofeo de su victoria, a la Junta de Badajoz, cuyos individuos apenas si podían creer que doce paisanos mal armados hubiesen podido vencer a cuarenta y seis soldados, tenidos por los me jores del mundo. Don Feliciano, don Francisco, don Félix y don Antonio Cuesta eran cuatro hermanos, nacidos en Torrecilla de la Tiesa, no lejos de la ciudad de T r u jillo, en Extremadura. Su buen padre, con objeto de libertarlos del servicio militar, trasladó su vecindad al pueblo recientemente fundado por Carlos I I I en honor del cual se le dio el nombre de Villarrcal de San Carloi, en l a mar-
 // Cambio Nodo4-Sevilla