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A B C. V I E R N E S 27 D E J U N I O D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 14 ABC EN VIENA que los policías, jueces, etc. estén convencidos en absoluto de que ganan honradamente el escaso pan mojado en paprika con que les favorece el Estado; no conozco el número de jueces que ejercen su misión en V i e n a pero conozco el de policías... E n rigor, no puedo asegurar que los haya contado uno por uno; hubiera sido muy difícil, aunque los encontrara; reunidos a todos y dispuestos a que yo les pasara, revista. H a bría contado ciento, acaso ciento cincuenta; pero al llegar a esta suma, enorme para mí, los números me hubieran bailado una zarabanda espantosa en la cabeza y me hubiera visto obligado a sentarme en el suelo, en espera de que los policías, los árboles y los edificios se. dignaran formar de nuevo su teoría impecable... A l g o así como lo que me sucedía cuando, en mis años infantiles, acababa de gustar e l placer de los caballitos. E l número de agentes gubernativos en Viena es el de 10.000; el de, municipales, de creación reciente, y cuya misión principal hasta ahora consiste en detener a los gubernativos y ser detenidos por ellos, es de unos 2.000; estos policías, sin un mal c r i men de cuando en cuando, se encuentran desairados... Creo que el sátiro de Dusseldorf no ha tenido una persona de buenos sentimientos que le aconsejara razonablemente. E l sátiro de Dusseldorf, aburrido de que la Policía de su país no llegara a prestarle la atención que merecía su arte, ha acabado por denunciarse él mismo... Aquí, en Viena, hubiera tenido un gran éxito; se le hubiera mimado por la Policía, consciente ya de cumpli- r una misión en la vida social, y los periódicos le hubieran tenido que agradecer el aumento de sus escasas t i radas. Sólo me asalta la duda de si, como extranjero en un país donde las leyes de trabajo son excesivamente protectoras para los nacionales, se le hubiera dejado actuar con libertad, y si esa ley no le hubiera prohibido sus ejercicios al aire libre... E n todo cas le quedaba el recurso de fundar una academia de crímenes; los retratos de sus discípulos llenarían las columnas del Nei ¿s Wiener Joitrnal y la Shindet ocupando el si tío dedicado hoy a las cuestiones políticas; y el vienes, entretenido en las andanzas d e los caballeros asesinos, se curaría poco a poco del paludismo político que infesta lá ciudad. H e aquí el mayor beneficio que le reportaría a V i e n a un buen profesor de crímenes el olvido de la política. N o quisiera hacer comparaciones, que siempre son. desagradables para ambas partes y luego dan lugar a protestas desprovistas de cortesía y de sintaxis- -mi admirado Pujol sabe algo de este; pero creo que un buen c r i minal es más necesario o, si se quiere, menos nefasto que un mal conductor de multitudes. Si la actuación de aquél logra eclipsar la de éste y hacerla olvidar, entonces su misión es providencial; permítaseme esa palabra y permítaseme una breve estadística: E n Viena, hace tres años, por un motivo baladi, hubo una pequeña revolución, que costó un centenar de muertos. Supongamos que los discípulos del sátiro de Dusseldorf r de otro profesor igualmente ilustre hu bieran trabajado a razón de un cadáver por mes; en tres años nos hubieran ahorrado más de sesenta víctimas. Además, indudablemente, eso de las revoluciones es menos entretenido que un asesinato de mano maestra. MARIANO TOMAS S e necesita un buen profesor de crímenes Me, extraña en alto grado que el Gobier no federal del cantón vienes no haya hecho insertar aún este pequeño anuncio en la sección de ofertas y demandas de los grandes rotativos europeos, y presumo que los intereses de la Municipalidad de Viena no están debidamente administrados... ¿Qué le falta a Viena para poder compararse con las grandes urbes del mundo: Nueva Y o r k Londres, París y Berlín? A primera vista, nada; sus teatros son los más espléndidos; la ciudad, la más bella- entre todas; sus jardines, Jos más numerosos y variados, y sus mujeres, las de sonrisa más dulce y linea más graciosa v esbelta... Sin embargo, por todas partes se escucha el mismo ¡amento inonóíono: Oh, Dios mío; Viena atraviesa una gran c r i s i s! Después de n- aduras reflexiones, he lie gado a convencerme de que la única crisis por que atraviesa la ciudad es la de sucesos sangrientos y misteriosos. Aquí no pasa nada; transcurre un mes y otro, un año y el siguiente sin la insignificante- y ya desacreditada aparición del cadáver en una maleta; el asalto a los Bancos a mano armada es desconocido, y los escasos ladronzuelos que le arrebatan la cartera a los caballeros y los bolsos a las señoras lo hacen sin grandes entusiasmos, como quien cumple un deber penoso, más necesario para la buena marcha de la sociedad, que necesita justificar la existencia en su seno de jueces, reporteros y policías. N o creo, a pesar de esos menudos y no muy frecuentes sucesos, CA OA TI pO pA con corresP ga ra 9 es ma f ül S do a u rf c n c e o 1 bü! 3 SION 6 asco S FU O P S e p N
 // Cambio Nodo4-Sevilla