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FLORENCIA. PÓRTICO D E LA LOGGIA LAIÍZI de todos los sentidos a los rumores extraños, con la inútil esperanza de adivinar en t! las palabras de amor y el grito de a g o nía dé aquel caballero Boundelmonte que, por olvidar compromisos anteriores y c a sarse con t. uién impresionó tan fuertemente su corazón al mirarla por vez primera, t r a jo sobre la ciudad la guerra de e n e r a d ja las entre los bandos de U b e r t i y Boundelmonte- -prólogo o ensayo de las de guelfos y g i belinos- y él mismo sucumbió bajo el hierro de los asesinos, que le esperaron un anochecer del año de 1215 a orillas de este río, escondidos en una casa de sus enemigos, y cuando atravesaba el y a entonces llamado puente viejo sobre u n caballo blanco, cayeron sobre él y le mataron. -I b a confiado- -dice Maquiavelo- -porque creía que era tan fácil renunciar a una injur i a como olvidar un amor viejo por un amor nuevo. Cuando el río habla dulce y lastimero parece c, ue recuerda las suaves palabras de P e t r a r c a tal vez en u n día de otoño, cuando la corriente es clara y sobre el cielo de u n azul pálido pasan nubes blancas, el poeta, de codos sobre el petril del puente viejo, dejaría que las horas volaran una a una, viendo deslizarse las aguas del río, raudas también como el tiempo, y como el tiempo llenas de luces cambiantes y de voces no comprendidas. Y aquella nube blanca. que cruzaba ahora sobre su cabeza, al reflejarse en la corriente entre un marco de azul candido e íntimo, le fingiría el rostro de L a u ra, aún desconocido, tal vez desconocido siempre. Esta voz bronca y este golpear insistente de las aguas sobre las piedras de las orillas serán la palabra y el cincel de Benvenuto; orfebre maravilloso y ciudadano indeseable, que mientras labra el oro con deleitada paciencia, el pensamiento se le desborda en torrente de celos y de injurias, y en propósitos de sangre y exterminio. M o z o se acuchilla en las encrucijadas con otros galanes de su edad, y cuando, por sus andanzas turbulentas se ve desterrado de la ciudad y v a a pedirle al padre anciano su ayuda y consejo, -E n vez de darnos alguna suma de diner o- -d i c e en sus Memorias, c o n un ingenuo y gracioso despecho- como no lo tenía, sólo nos dio su bendición. Y a maduro, en presencia de Cosme de M e diéis, ue trata inútilmente de apaciguarlo, le dice a su rival el escultor B a n d i n e l l i -B a c c i o te aconsejo que te prepares a marcharte al otro mundo, porque cuento despacharte pronto. -A v í s a m e u n día antes- -le contestó B a c cio B a n d i n e l l i- -p a r a que me confiese y no muera como un perro. M e desagradaría que al llegar a las puertas del cielo me tomasen por ti. Más allá, el A r n o al ensancharse, finge una sonrisa, porgue el cielo se refleja más amplio en sus aguas serenas; pero su voz se esconde bajo la superficie mansa y sólo surge con un rumor apagado, a la sombra del puente. Sonrisa de asesinos, voz de conspiradores que acechan en la sombra; acaso la voz y la sonrisa dé L o r e n z o de Médicis, pobre bufón de corte, retoño raquítico de un árbol robusto, que u n día se rebela contra su destino, y, queriendo alzarse de la abyección en c, ue se ve y hacerse digno del apellido que lleva, toma aquella espada que no tuvo en su mano antes si no fué con gesto de histrión, y, nuevo B r u t o empequeñecí- E L ABITO A SU PASO POR FLORENCIA
 // Cambio Nodo4-Sevilla