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-Sin embargo, las horas de forzosa inactividad... -Pocas veces las hubo para la acción o para el pensamiento. I i Naturaleza tiene en esos parajes un? grandiosidad imponente, (jue la soledad acrecienta. Hasta donde la vista alcanza se extienden los desiertos glaciales. Todavía no habíamos llegado a ellos y ya salían a nuestro paso los g i gantescos icebergs, que avanzaban lentamente hacia el Norte y alzaban sobre el mar sus acantilados marmóreos. E n nuestro Discovery haoía libros, instrumentos científicos, que, más o menos, todos los expedicionarios sabían manejar, y hasta un gramófono, en el que han sonado por primera vez en esas regiones solitarias las músicas trepidantes del mundo habitado. Mientras el estado del mar lo hizo posible, practicamos sonda jes y obtuvimos redadas del fondo del Océano, que nos han permitido hacer observaciones curiosas acerca de la flora y la fauna de esas zonas submarinas. -Veo que llevaban también un hidroplano. -F u efecto, nos ha sido útilísimo. Merced a él fué posible descubrir nuevas tierras antarticas. Cuando nos acercamos a la región en que los hielos iban a dificultar la navegación y hacer lento y penoso nuestro avance en trineos, lo lanzamos como explorador. Un aparato pequeño, que podíamos recoger a bordo, pero sin el cual ya no es prudente emprender esta clase de cruceros. ¿Man bautizado las nuevas tierras? Las hemos puesto el nombre de Enderby Land v enarbolamos sobre ellas la bandera del Imperio británico. Ahajo quedaba nuestro buque, en el puerto natural, que hemos denominado de la Proclamación. Y arriba, en el día claro, palpitaba la bandera inglesa, que todos los expedicionarios saludamos con entusiasmo en aquella tierra que hollahan plantas humanas por primera vez. -i Qué les ha impresionado más en esa excursión? -Ea confianza que los animales de esas zonas tienen en los seres humanos. Las aves no huyen atemorizadas. Tampoco lo hacen los elefantes marinos. Y aunque ya, naturalmente, lo sabíamos por nuestras lecturas y por nuestros viajes anteriores, la realidad una vez más nos ha hecho comprender de modo tangible hasta qué punto la necesidad o la maldad del hombre han alterado en el resto de la tierra la paradisíaca inocencia de las bestias, que primitivamente serían en todas partes tan confia- CERCA D E LA COSTA HABÍA U. íí SEPULCRO TOSCAMENTE LARRADO, CON VS CRUCIFIJO D E 11 ADKRA, ERIGIDO POR UNOS E X P L O RADORES FRANCESES das como las de esas regiones, donde nadie las hace daño. No hemos tenido dificultad en fotografiarlas de cerca. Vea el rostro monstruoso de ese elefante (le mar, que dejó llegar hasta él el objetivo. ¿No hace pensar en épocas geológicas remotas, cuando la vida animal no había pasado de sus formas rudimentarias? ¿Ese es su más perdurable recuerdo? No. E l que no se nos borrará de ¡a memoria es d de un paisaje de la isla de Kergiiclen, que visitamos en la época del verano austral. Y no por la belleza del panorama melancólico, tan desierto cómo todas aquellas regiones. E l mar brillaba bajo un sol infrecuente. Una línea de montañas negruzcas se alza al fondo. Cerca de la costa, descubierto por el deshielo, había un sepulcro tosca lente labrado. V a distancia, pero TAMPOCO MUESTRAN NINGÚN TEMOR LOS KLEPANTES MARINOS