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L a historia, si r. de estos pormenores, -aparecería hojas, agradable siempre, pero cuando se muestra acompañada de frescos capullos... ¡L a var ¡unidad, esa eterna ley de la hi ¡P o r esto, nosotros, sin perd vista la verdad histórica, nos p importancia a los detalles y por: de ¡os- cuales hemos logrado ai trabajo, ya de las corporación! algunos hombres estudiosos de ya de las familias de los gueri menores que prestan nuevo cal los hechos, que son como lo: panorama, y sin los cuales pos: hechas de la historia, sólo dfei suceso, resultaran ininteligibles. (f Esto dicho, prosigamos. Nos hallamos en una herma He junio, en la provincia de E lanzan al viento sus más dulces l a aurora; las flores abren sus ce el aire con su aroma, y las dor trigos se balancean a impulsos d yiene de la Brújula. E l cura Merinoj seguido de si a todo el galope de su caballo Cuesta de Quintanilla. ¡Nacía m que el aspecto de aquellos hoa suelto, de rostro atezado, todos, te, según su posición social; un coa gapatos de hebillas, la rnayí ¡IGUEZ- SOLIS autor, que cierjs por entero si historia; la p r i nda, porque proriosa lucha por ida, porque esta es del más alto stros paisanos y, son una historia ndo; la leyenda, ese acompañada 10 una rosa sin tan bella como lindas hojas y ¡i dentro de la x y de l a vida í in momento de tiernos dar gran res, 3 a mayoría ir a fuerza de opulares, ya de ntas provincias, os, a esos porT nueva vida a cidentes de un es que algunos os a narrar ei L O S G U E R R I L L E R O S D E i86 S 192 ravilla la lucha por nuestra independencia, la situación de España y el carácter de nuestro pueblo, que no hemos podido resistir al deseo de copiar; sus imparciales juicios y consignar sus francas declaraciones. Dijimos antes, y repetimos ahora, que si en historiadores de gran reputación, si en publicistas de toda veracidad no hubiésemos leído los actos de pillaje y de salvajismo del ejército francés, dando el ejemplo los generales, quizás los juzgáramos fábula... Pero, ¿qué más? si hay un testimonio irrecusable, el del mismo Napoleón, que en sus Memorias, escritas en Santa Elena, no vaciló en escribir: Las guerrillas se formaron a consecuencia del pillaje, de los desórdenes, de los abusos de que daban ejemplo los mariscales, en desprecio de mis órdenes más severas. Y o debía hacer un gran escarmiento mandando fusilar al mariscal Soulr, el más voraz de todos ellos. Conozcamos la opinión de Canning. E l ejército francés podrá conquistar una provincia después de otra; pero no es posible conservar, ninguna conquista en un país donde el conquistado! no domina sino los puntos militares que ocupa, donde su autoridad está limitada a las fortalezas o los (cantones que guarnece, y cuando delante, detrás y a los costados encuentra venganzas premeditadas, resistencias indomables y odios a muerte. íañana del mes s. Los pájaros ios saludando a s y embalsaman espigas de los esco viento que trtidarios, corre dirección a la igno de estudio- i de ánimo re. traje diferenon botas, otros arte con. alpaj Napoleón soñó en España con batallas que, como las de Austerlitz y Jena, a las que debió la victoria sobre el Austria y la Prusia, le dieran el triunfo en nuestra P a t r i a pero se engañó, y ¡ojalá qua la mayoría de las que dimos no las hubiésemos empeñado! Nuestro pueblo, amigo por naturaleza de! a l i bertad, y amante por carácter de la independencia adoptó el sistema de guerrillas con entusiasmo. Siguiendo las indicaciones de la Junta de Sevilla: en su notable Manifiesta, nunca bastante alabadas,