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MADRID- SEVILLA 4 DE I UL 1 O D E 1 930. N U M E R O S U E L T O 10 CTS. REDACCIÓN: P R A D O D E S A N S E B A S T I A N S U S C R I P C I O N E S Y A N U N C I O S MUÑOZ O L I V E CERCANA A TETUAN, SEVILLA Va pasando el paisaje ABC como u n mapa en DIARIO ILUSTRADO. A Ñ O VJGÉS 1 MOSEXTO N. 8.587 relieve, sin esos puntos de referencia n i cribe, sino para l a inmensa multitud de los esas nomenclaturas con que los individua- que se sienten vacilantes entre la curiosidad lizan los rótulos de las estaciones ferro- y el miedo y consideran- el viaje en aeroviarias. E s preciso adivinar los nombres plano como una temeraria empresa, de la Muchos amigos que en España y fuera de los pueblos, situándolos en 3 a carta geo- que sólo por buen gusto se puede hablar de ella han hecho grandes viajes aéreos me gráfica que los más previsores llevan con- sin jactancia. N o hay en ella temeridad, sino sigo. Todo el paisaje se afina y estiliza y comodidad: el malestar renace una vez en habían dicho lo mismo: -L a época heroica de l a aviación ha pa- hay campos desiertos, de cuyos dibujos y tierra, cuando se sube a l automóvil que dessado ya. Ahora se v a en aeroplano con l a colores tengo ahora l a certidumbre de que de el aeródromo ha de conducirnos a la ciumisma seguridad, tranquilidad y confort que se han sacado motivos ornamentales para dad y corre entre los otros vehículos con sederías y tapicerías de arte moderno. E l riesgo de chocar con ellos- A seguida coen un buen automóvil. bienestar de sentir que se nos ha evapo- ¿Y sin peligro? mienza la nostalgia de las rutas del aire. S i rado definitivamente el miedo nos pone de- -C o n el mismo que hay en cualquier otro no se es lo bastante rico para poderla sabuen humor. A las dos horas y media se medio de transporte. Pero con la ventaja de ve el Peñón de Gibraltar. E n seguida el tisfacer, ignoro cómo será posible librarse la rapidez. Estrecho. Espectáculo inolvidable en una de ella en algún tiempo. M e costaba trabajo creerlo. L o s que he- mañana clara de comienzos del estío. A b a JUAN P U J O L mos nacido cuando todavía no se habían jo, en el mar en calma, quedan los navios inventado los aviones, tenemos demasiado que, aun siendo rápidos, parece que van tan adherida al instinto la ley de la gravedad lentamente; las diminutas barcas de vela, para considerar cosa normal lo que al pron- los pueblecitos que se dirían hechos de sal. to parece una vulneración de ella. Cierto que Tánger, A r c i l a como una ciudad murada en Francia, en Suiza, en Alemania, habla- de juguete infantil. Cuatro horas justas Sí. Aquí iremos bien. Este camión de mos visto salir y regresar, conforme a un después de salir de M a d r i d- -a mediodía- viajeros no está mal. Relativamente moderhorario fijo, los aeroplanos que cruzan todos Larache. no; relativamente cómodo. Aunque este los días Europa. Pero no nos decidíamos a Llegados allí nos sería posible regresar utilizarlos. Nos aguijoneaba la tentación y a España por la vía marítima y terrestre asiento está dispuesto para cuatro, puede nos retenía el recuerdo de los accidentes que sin demora. Preferimos esperar dos días que nos hagan ir seis. Encójase un poco. han ido marcando los sucesivos progresos para utilizar el avión. ¿Dónde está l a i n- Vamos cerca, a Aznalcóllar. Que qué hay en Aznalcóllar? de ese maravilloso sistema de locomoción. quietud que precedió a nuestro viaje? D e O sea- -dicho sin matices atenuantes- -que ella no nos queda más que el remordimien- H a y un H a n de Islandia que no es de teníamos miedo. U n o de esos miedos que to del tiempo perdido y el recuerdo de las Islandia, claro, sino de Aznalcóllar. H a n no se confiesan claramente y que justifica- molestias sufridas tantas veces- en auto, en de Aznalcóllar. Casi todos recordamos esa mos, incluso ante nosotros mismos, por nues- coche, en tren. Y ahora comprendemos cómo portada de novela en que aparece un homtras responsabilidades familiares y por la los potentados de la tierra, el príncipe de bre con cara feroche, de rodillas, vestido falta, de razón suficiente para arrostrar el Gales, ciertos nobles ingleses y españoles, de pieles, bebiéndose ávidamente la sangre peligro. Y al mismo tiempo un vivo deseo ciertos grandes financieros internacionales, de una calavera. H a n de Islandia por Vícde experimentar las emociones que presu- tienen su aeroplano para i r de un lugar a tor Hugo, 30 céntimos. P o r algo más. que míamos en un viaje por el aire, y que pre- otro en vez de desplazarse por tierra o cuesta el camión, vivimos esa novela en A z por mar. nalcóllar, pueblecito cercano a Sevilla. cisamente nuestro tácito pavor nos hacía Esta sincera convicción es, sin duda, la imaginar más dramáticas y sugestivas. Aquí tenemos a nuestro hombre. Mírelo de los burgueses que en Sevilla- -al regreHasta que días pasados hemos tenido oca- so- suben al avión: el viajante con su ma- ahí, acostado en su cama habitual. ¿L e exsión de hacer uno de esos viajes desde M a- letín de muestras y notas, la pareja de re- traña que esté dentro de un ataúd? E s a es drid a Marruecos. Circulan ya por el cielo cién casados, el muchacho elegante que vie- su cama. S u casa es el cementerio y en una de España aviones magníficos; la excursión ne a ver la novia tal vez. N o Realmente no calavera le han visto beber agua. había de hacerse en uno de ellos. Acabada hay heroísmo ninguno en esto. Son. las diez Despertémosle: ¡Lázaro! ¡Levántate y sin incidente, no nos queda más que el r u- y media de la mañana cuando cruzamos so- anda; anda, que te v a n a retratar... bor de nuestras vacilaciones y el deseo de bre la Giralda, morena a la luz del sol. A Y a ve usted cómo nos rectifican los chique el lector que se halle en idéntico estado las doce y cuarenta y cinco minutos esta- quillos todos a coro. N o se llama Lázaro, de espíritu- -perplejo entre el temor y la mos en Madrid otra vez. Y todo el mundo 110 se llama Lázaro. ¡Dios mío! falta de curiosidad- -se beneficie de nuestra expe- bien vestido, dispuesto para sus quehaceres pedagogía. riencia, seguros de que quien haya hecho y sus visitas en la corte, dos horas y cuar- ¡Niños de m i alma! Esas son las paun viaje en aeroplano ya no volverá al au- to después de haber pasado sobre el Gua- labras que pronunciara Jesús ante la tumdalquivir. tomóvil o al ferrocarril sino con sentimiento ba de Lázaro cuando... semejante al del rué, conociendo estos ve- ¿V i a j a mucha gente? -pregunto a los Pero usted es. testigo de l o difícil que es hículos, se viese obligado a viajar en dili- pilotos. hacer de Siurot con estos diablillos. A h o r a- -Siempre traemos ocupadas todas las comprendo que no es culpa del maestro, sino gencia. de ellos, que no se dejan enseñar. N o atienMadrid- Larache, cuatro horas y cuarto. plazas. Dentro de poco será preciso duplicar, tri- den, y todos a una, con gran bullanga, se Inquietud- -que uno disimula lo mejor que puede- -los dos minutos en que el aparato plicar el número de aparatos. Cada viajero abalanzan al ataúd donde nuestro Lázaro rueda por el aeródromo y los cinco que que haya gustado esa voluptuosidad será un duerme. Y no le llaman Lázaro, sino P i tarda en elevarse a dos mil metros y avan- propagandista espontáneo y. sobre todo, un zarro. zar sercnr. roentc por el aire, sobre los cam- predicador con el ejemplo. Señalará las ven- ¡Pisarro, P i s a r r o ¡Alevánrate, P i pos Y ¿n seguida una sensación liberado- tajas concretas de este modo de navegación sarro, que vienen a sacarte un retrato... y tratará de explicar lo que. se resiste a ser ra, como si de golpe entrase en el ánimo N o retroceda si P i z a r r o ha rebullido un la certeza de que el medio por donde se descrito: la emoción magnífica de ir flotan- poco dentro de su caja y. parece que se disnavega es el natural de! hombre y acabase do suave y rápidamente sobre l a tierra sin pone a incorporarse. Tenga serenidad y de sacudirse el yugo de. una esclavitud i n- temor, libres de un peso que ha gravitado afrontemos esta situación, que, por otra parmemorial. U n o va en el saloncito bien ele- hasta ahora sobre toda nuestra especie... Y ya se sabe que hay unos cuantos m i- te, no debe ser muy peligrosa. ¿N o ve a corado, sentado en una cómoda butaca, junlos chiquillos cómo se confían y no le huyen? to a l a ventanilla, por donde puede contem- llares de españoles para quienes nada de esto constituye una novedad. N o en vano A lo mejor, este temible sepulturero de plar el grandioso panorama. Otros viajeAznalcóllar es un infeliz. ros, habituales sin duda, dormitan o leen las líneas regulares están funcionando hace (Hagamos l a señal de l a cruz, por si tranquilamente. Nadie siente- -y ahora se algún tiempo y antes se habían establecido SPffPí Sá? $31 lüé- -Ú u; eiior sobresalto. servicios análogos fuera de España. N o es acaso. LA VIDA NUEVA para ellos para quienes este artículo se es- Rutas del aire HOMBRES Y PUEBLOS El sepulturero de Aznalcóllar