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ABC. SÁBADO 5 D E J U L I O D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 7 E n la casa de Carmen, abierta de par en par a la curiosidad de los transeúntes, veinte muchachas encantadoras se dedicaban al desemboje de los capullos de seda. E r a n pasados los instantes en que los gusanos hiian la cárcel en que deben dormir el quinto último sueño para transformarse en mariposas, unirse aleteando por parejas y continuar eternamente la vida, desde l a semilla negruzca al calabozo de oro o plata. Mozos fornidos bajaban grandes brazadas de hierbas olorosas, entre cuyo tupido ramaje brillaban como copos de nieve o frutillas variopintas, los capullos enracimados entre hojas y pedúnculos, y los iban dejando dejante del eullitor que cada m u chacha tenía delante de sí. E l capullo de seda no se quiebra como v i d r i o tiene l a resistencia de, la bóveda y la fortaleza de las esferas ahuecadas. L a s muchachas destruyen tirantes y cables m á s o menos arriostrados, y el capullo pasa a sus dedos de, nácar como una flor, cae en la cesta, semejante a un gran copo de nieve perezoso e ingrávido, como si dentro de sus paredes no viviese negruzca crisálida que busca a tientas en l a sombra una vesta blanca purísima para presentarse en la vidaL a tarea del desemboje e. s tan fácil y agradable, que las mozas que l a acometen cantan o rezan, siguiendo antigua costumbre, y las indicaciones del ama de la. casa. Carmen, que tenia por ojeras dos lirios, creyendo alejado a su padre, que paseaba por el patio y rendía viaje en la besana- y no la oía, dirigió a sus compañeras de f a tiga esta súplica religiosa: -U n padrenuestro y un avemaria por l a persona que está en peligro de muerte. ¡Carmen! -saltó el So Toni, que era muy redicho- te prohibo hablar de ese desgraciado. ¿E s así como cumples las ó r denes de tu padre? Y o creí cue me tenías algún cariño y m á s respeto. ¡P a d r e! -c o n t e s t ó Carmen, angustiada, pero sin lágrimas- E n t r ó en m i alma; no le puedo olvidar; sé que va a morir, y rezo por el, como si le hubiese perdido para siempre. ¿E n qué yerro? ¿Q u é mal hice? N o es usted justo conmigo. -Las muchachas honradas y decentes no deben enamorarse de asesinos. ¡P a d r e! ¡Asesino, no; eso no es cierto! F u é la fatalidad, el demonio... -Buen nombre le pones a la ira desencadenada; llámale mala sangre, corazón ruin, instinto de hiena... ¡Padre! ¿Quiere usted que rece o no? -Si la oración sagrada ha de servir a ¿se granuja que afrenta a su familia y a l pueblo en que nació, hay dos seres que prohibimos que la pronuncien tus labios. ¿Q u i é n e s son esos seres, padre de m i alma, que se oponen a una obra de piedad? Quisiera conocerlos. -Nadie. ¡D i o s y y o! ¿R e z o o no re, zo? ¿E n qué quedamos padre m í o? ¿Qué mal hay en ello, So Toni? ¡U s ted que es tan religioso! -dijeron algunas de las desembojadoras. -Padre, nuestro que estás en los cielos- -exclamó Carmen, repitiendo con voz decidida la oración del Monte, enseñada por Jesús a todos los hombres que imploran el favor divino. N o había terminado la postrer avemaria cuando en la puerta de entrada apareció l a figura airosa de un hombre joven, de buen gesto y mejor talante. E r a Micalet. ¡Carmen! -exclamó, deteniéndose medroso de atravesar el umbral sin permiso. ¡M i c a l e t! -gritó ella, levantándose, acercándose a su novio, y mirándole de hito en hito, como si quisiera introducirle en su ser por los negros ventanales de sus pupilas. -Aunque el infortunio me aleja de ti ansiaba verte. N o tengo ni tendré otra dulzura en mi. vida. ¿N o te persiguen? ¡Q u é importa! ¡Huye, defiéndete! -N o quiero vivir si t ú no me quieres. T u cariño me hará vencer los mayores obstáculos. -Entonces no morirás- -dijo Carmen, bajando los párpados con modestia. E l So Toni entró precipitadamente en l estudi y salió armado de una escopeta. ¿P o r qué traes compromisos a esta casa honrada? ¡B a n d i d o! ¡V e t e o te descerrajo un t i r o! ÍVenecia, reinas indiscutibles en el mundo de las grandes sugestiones artísticas. M á s de quinientos dibujos han sido precisos para el palio. Cada uno de ellos es una pieza de gracia y facilidad, que, con la ayuda del martillo, toma cuerpo en l a plata de un modo único en el arte actual. L o s varales, cuyas macollas o nudetes son dorados, representan un trabajo de más de cien dibujos, que, al encarnar en el blanco metal, han realizado el prodigio de vencer dificultades invencibles, y los respiraderos, perfectamente románticos, han exigido doscientos diseños, fuertes, decorativos, elegantes y viriles como pide y corresponde al arte que reinó en el mundo cristiano antes de la aparición del gótico. L a orfebrería alcanzó lauros inmortales en España. Desde los maestros ojivales y desde aquellos otros que siguieron las tradiciones bizantinas, tanto tiempo sostenidas por el buen gusto y el genio de los orfebres alemanes, hasta los inspirados en las obras de Benvenuto, que lo mismo era g r a n d e h a ciendo el collar de una Médicis que trabajando la maravilla de su Perseo, orgullo de la logia de L a n z i todo tuvo repercusión artística, gloriosa, en los repujadores, fundidores, torneros y cinceladores españoles desde el siglo XIII al x v n L a gloria de los A r f e aunque de ascendencia germánica el primero de ellos, es nuestra, y culmina con Enrique, el fundador de la nobilísima genealogía artística, en la custodia de Toledo; con Antonio, su hijo, en la de Compostela, fuente riquísima del plateresco propiamente dicho; y con Juan, inmortalizado en la de Sevilla. N o hay que nombrar a los maestros catalanes, aragoneses y valencianos, n i hacer mención de los Valdiviesos y Merinos, de Toledo; ni de los singulares Becerriles, de Cuenca, que igualaron y superaron muchas veces a los m á s altos prestigios de Italia y Alemania. Viene luego la decadencia en los s i glos x v i i i y x i x cuando los fundidores van desplazando poco a poco a los artistas repujadores, hasta llegar a nuestros días, en que el joven maestro Cayetano González hace renacer las viejas gloriosas disciplinas a r t í s ticas, volviendo a una técnica sincera, sin p i cardías ni martingalas. E l martillo y el cincel son los reyes y señores en esta manera del maestro sevillano, que aún no ha encendido un horno de fundición, n i creemos que lo encienda hasta que no sea absolutamente necesario a la belleza de la producción. Vaya, pues, mi enhorabuena para España, para Sevilla y para Cayetano González. P e r m í t a n m e los lectores que yo me regocije en el alma, acordándome hoy de Aníbal, el grande, de cuya fecundidad artística brotó este maravilloso Cayetano, creado en la escuela del arquitecto inmortal. Andalucía es eterna. Sus hombres se van, pero quedan vibrantes y luminosas las ideas y el genio creador de l a raza. M. S 1 UROT SAN SEBASTIAN Como propietario del H O T E L MÉXICO, pongo en conocimiento del público haber suprimido la Gerencia que venia actuando en el HOTEL, poniéndome al frente del misno, para lo cual he introducido grandes reformas en el edificio y he cambiado completamente el personal de cocina y comedor, colocando al frente de estos servicios personal competentísimo, con el cual espero servir cumplidamente a mi distinguida y numerosa clientela. A B C E N V 1 ENA Dos horas en el infierno -M e siento orgulloso de tener cierto parecido con el Dante. Esto me compensa de las amarguras pasadas- -me dijo mi honorable amigo Joe Harrison cuando, de vuelta de las laderas danubianas, nos apeábamos en la estación de Francisco- José. -No sabía que fuera usted poeta... -S í en efecto, sólo me falta ese pequeño detalle. Y es una lástima. Y o como el autor de l a Vita nuova, hubiera hecho una hermosa descripción del infierno, de donde regresamos. Por la mañana habíamos salido de Viena gozosos de esperanza. L a columna termométrica había ascendido mucho en pocos d í a s a pesar de tan bonita carrera no parecía mostrarse muy orgullosa, ni siquiera satisfecha, de su suerte, y elevaba su brazo. hacia el cielo en un gesto de amenaza, como si se dispusiera a descargarlo sobre m i cabeza. Esto me hizo suponer que no le era grato crecer tanto, y que m á s bien le agradaría pasar por jovencita menuda y mimosamente friolera. Alguna vez. ante su amenaza, quise caer de rodillas y jurarle que yo no era culpable de su desarrollo prematuro. No lo hice porque estos juramentos con los h i- EL RODER M l CALET Con Rafael Comenge, nuestro ilustre coIaborador, ha publicado- una novela de vivo interés dramático y de rico colorido. El fondo es la huerta feraz valentina, en lo iftás tradicional y típico de sus costumbres; el protagonista, un roder, indómito y bravio; tipo real e histórico, de la historia, de ayer mismo. La intensidad emotiva de la. acción palpita sobre el contraste de la vida honesta, laboriosa y cristiana de ¡os huertanos, y se poetiza con el perfume de un amor imposible. Insertamos un fragmento, que da idea de la fuerza y del verismo de las escenas, que sólo pueden al. las plumas maestras: PAPEL DE -FUMAR v IKOLA P o r s u calidad y pres e n t a c i ó n l o prefiere e l fumador elegante lülIU!
 // Cambio Nodo4-Sevilla