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9 (allí) 3 d loj lienzo 1 A B E a l g o más expresivo, más adecuado al verdadero sentido idealista, del M i s terio de l a E n c a r n a ción que el cuadro de Giovanni de Fiésole que tenemos en el M u seo del P r a d o? I n t e r m i n a b l e sería este artículo si estud i á ramos cui dadosamente los admirables detalles del cuadro en cuestión. P o r eso. no hablaremos siguí n i del vestíbulo cubierto por una bóveda azul estrellada de o r o n i de la finísima columnata que sostiene a ésta, n i de la perspectiva conducente a l a habitación de María, n i de las figuras de Adán y E v a saliendo avergonzados y compungidos de un Paraíso sembrado de flores campestres, n i siquiera de la P red ella, compuesta por cinco admirables miniaturas, que f o r man de por sí cinco cuadros independientes. T o d o ello de g r a n valor artiptico, c o m pone un fondo adecuado para dar mayor realce a las dos figuras centrales. Estas figuras, las de Gabriel y María, encierran el alma del cuadro- -un alma d i v i na- ¡Porque el espíritu de este lienzo es la pureza angelical! De lo que este cuadro nos habla más claramente que ninguno, otro es de l a castidad y de la pureza; l a inspiración verdaderamente ideal de F r a Angélico ha creado en esta obra dos. personas sobrenaturales, cuya belleza no es terrestre; esta belleza y su p u reza inmaculada interpretan perfectamente el M i s t e r i o de l a Encarnación. D i o s te salve, M a r í a llena eres de g r a cia el Señor es contigo dice el ángel reverentemente, y al pronunciar las palabras el celestial mancebo fija su mirada serena y límpida en l a cara de María. L a reverencia con que cumple su augusta embajada no puede confundirse n i con el miedo n i con el a m o r es algo luminoso, sereno, obediente y confiado a l a v e z una inspiración tan elevada, que sólo puede ser celestial. María recibe el divino mensaje con el cuerpo inclinado, las manos cruzadas sobre C GIOVANNI D E F I E SO L E L A A N U N C I A C I Ó N -MÜSEÍÍ D E L P R A D O) el pecho. L o s ojos bajos, m i r a n no al m u n do terrestre, n i al jardín sembrado de flores, n i al d i v i n o mensajero que le habla, ¡n o! l a mirada de María v a dirigida h a cia dentro- -está mirando al alma- N o encierra l a expresión de l a V i r g e n n i alegría ni dolor- -éstos son terrestres- y l o que ella siente es más elevado; lleva algo m u cho más intenso y sobrenatural. A l contemplar los ojos de María, en ellos se ve reflejado todo el misterio y l a grandeza de su ce. estial misión sobre esta t i e r r a pureza a n gelical, sumisión absoluta a l a voluntad del Señor, divina serenidad... Pero, con todo ello y como dulcificando aún más su expresión, adivínase algo que no es nube, n i sombra, n i tampoco alegría; es una expresión de dulce y triste ternura; algo que nos hace comprender que en aquel momento de revelación tuvo visión la V i r g e n de cuánto iba a s u f r i r de cuan grande y doloroso era el destino de su vida y que supo también cuan hermoso sería s u f r i r tal dolor, y por eso, con los ojos en el alma, contestó a G a b r i e l H e aquí la sierva del Señor. H á g a s e en mí según tu palabra. La Anunciación es el único cuadro que poseemos en el Prado de Giovanni de F i é sole. L o tenemos gracias a l a inteligencia de. u n artista y a la iniciativa de un R e y D o n Federico Machazo, siendo director del M u seo, consiguió jue el R e y Francisco se i n teresara cerca de l a superiora de las Descalzas Reales a fin de que éstas cediesen, m e diante u n cambio, el cuadro al Museo. Así se hizo, y merced a ellos: al R e y ciue l o obtuvo; a Madrazo, que lo descubrió, y a las monjitas, que l o cedieron, podemos admirar en el P r a d o una de las joyas pictóricas más hermosas del mundo. EL LAZARILLO D E MADRID (F o t o R u i z Vernacci.
 // Cambio Nodo4-Sevilla