Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC. MARTES 8 D E JULIO D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 7 E n la barahunda, a través de la cual procuro incrustarme, encuentro algunas amigas; escuchándolas, más bien simulando que las escucho, dirijo una mirada inquisitorial E n el C o n c u r s o hípico a madame Baumont, que pasa por delante. Cuando se saca de la cuadra los purasanVeo que es seductora por su distinción. tre, los trotadores y los saltadores; cuando ¿Cómo va vestida r Lleva chaqueta corta y los jockeys se pesan y los mozos limpian y flexible, sin botones ni nada que sirva para engalanan sus caballos, se puede asegurar cerrarla, con nervurcs, jaretas derechas, en que las señoras preparan igualmente sus forma de rayas alrededor del cuello, tan galas. ¿Qué relación hay entre esos hechos? bien ordenados como los del astro solar; la me preguntarán ustedes. E s muy sencillo; falda recta tiene, de los costados hacia deen cuanto los concursos hípicos se organizan, lante, grandes picos plegados soleil, sobrelas mujeres se dejan dominar por una rápasando bastante el borde inferior. S i imafaga de elegancia, y ya no hacen más que ginan ustedes que la tela es negra y consteencargos seguidos de pruebas: buscar detalada irregularmente de lunares blancos, senlles inéditos y probarse sombreros. Todo tirán su alma estremecerse de gusto, sobre ello con actividad febril, porque para con- todo si les revelo que la blusa es de seda servar su buen nombre quieren estar listas estampada roja y blanca. el día y hora fijados. P e r o n o es esto todo; una rosa grande, Y a está abierto el Hipódromo. M i m i- recortada en la tela roja y blanca, está aplisión es entrar y descubrir las novedades, de cada con mucha gracia al borde del escote; cualquier género que sean. se trata de un adorno encantador, no lo olL a primera impresión es sorprendente, viden. porque desde el pórtico me creo acogida por Completemos el conjunto con la bufanda las trompas de caza y me parece que saludan estrecha, compuesta de una banda negra, mi entrada. Pocos minutos después la mú- otra encarnada y la tercera negra con lunasica se calla; yo desciendo rápidamente del res blancos; anudada al lado izquierdo, una pedestal donde imaginativamente me había caída pende sobre el pecho y la otra sobre encumbrado y vuelvo a ser la que soy simla espalda. plemente. Mientras apuntaba estas notas, una pareE n general, se cree que sólo caballos y ja, amazona y gentleman, con casacas rojas, caballistas se fatigan en estas pruebas. ¿Y montando hermosos purs sang s, ha hecho nosotros, los periodistas? L a vista alerta, los tan magnífico recorrido que el público papies en perpetuo movimiento, el lápiz en una talea, cosa rara aquí, donde la suprema elemano y el cuaderno en la otra, busca la i n gancia consiste en aparentar que no interevisible novedad que la moda, la moda, h a sa nada de lo que sucede en la pista. Algunos ocultado celosamente hasta ese día. E n ho- metros más lejos me cruzo con madernoinor de la verdad, en esta estación ha hecho selles Eliane de St. Hermyne y Frangoise tales esfuerzos, que las mujeres presentes Villejust, y advierto qué las dos han escolucen modelos que no han figurado en ningido el mismo traje deportivo en diferente guna colección anteriormente. color. E l de la primera es de tweed fino, azul y blanco; el de la segunda, verde y blanco. L a falda, estrecha por delante, recoge todo su vuelo detrás en tres grandes pliegues profundos; el borde está subrayado por galones blancos; dos bolsillos ribeteados del mismo galón son bonito adorno de la falda. E l cuerpo, a manera de bolero, unido a la falda por delante con dos botones blancos, y completamente suelto por detrás; un cuellecito discreto de galones blancos rodea el del vestido y se remata con corbata anudada a la marinera. Ambas muchachas cubrían su cabeza con un gorrito de tweed. ¡Cómo me gustó el traje de la baronesa de March. esi! Por cinco minutos no he perdido tan grata impresión, pues esta elegante se dirigía a la salida. L a retuve por un brazo, y amablemente consintió en concederme los minutos que le pedí. ¡Qué mujer no es sensible cuando se rinde homenaje a su elegancia! E l moiré, tan de moda por la noche, ha perdido su aspecto habitual por la tarde; en escocés rosa y beiga resulta ideal; pero lo más sorprendente de este modelo es su corte clásico de sastre. Supongan ustedes una falda recta con tres pliegues en cada costado, que se abren muy bajos; la chaqueta, entallada, cerrada, cruzada y abrochada solamente algunos centímetros por debajo de la cintura; a la derecha del delantero lleva solapa plegada de muselina de seda rosa, y a la izquierda solapa lisa de moiré beigc. Madame Marchesi se cubre la cabeza con sombrero cloche de panamalaque del mismo color del vestido, adornada por minúscula escarapela de faya rosa y beige. Devuelta la libertad con un gracias m i l a esta elegante, me quedo sola y me concedo un cuarto de hora para adCONJUNTO D E ALPACA A Z U L M A R I N O CON mirar a las amazonas. Pasan a galope, vaLUNASF. S BLANCOS; BIESES D E PIQUE B L A N lientemente saltan obstáculos o ios salvan; C O (M O D E L O KOSA P I C H Ó N) CRÓNICA D E L A M O D A 1 HAPPY TRAJE DE S P O R T B E R N A R D E T CIÉ. (MODELO brincan sobre el río, a menos que su cabalgadura prefiera la holganza- Admiro la i m pasibilidad de sus rostros ante la desgracia o el capricho de los caballos. Dos caen al suelo; se levantan y vuelven a montar rápidamente, sin descomponerse; observo que la variedad impera entre estas señoras, l a clásica amazona negra, con chaleco blanco, camelia en el ojal y sombrero de copa, conserva su perfecta corrección; pero las fantasías no son despreciables. Veo una falda marrón con chaqueta beige de seda cotelé, igual de color al sombrero de copa; también me gusta una falda azul marino y la casaca entallada, de seda azul con lunares blancos, sombrero de paja blanca con cinta azul. Algunos gabanes rectos no me seducen, porque tapan demasiado a figura, esbelta desde el momento que monta a caballo, y esos gabanes resultan antiestéticos. Un traje muy original es falda y chaqueta de reps negro; como la última está muy abierta, se ve el chaleco, amarillo limón; un fieltro amarillo cubre la cabeza, sin sombrear demasiado un precioso rostro. Por último, dos flores frescas, amarillas, completan este conjunto, digno del éxito que obtuvo; pero como amazona no pudo saltar varios obstáculos, y su caballo saltó barreras y lazos siempre fuera de pista, sin que la amazona pudiese imponerle su voluntad. Creo que su bonito traje la consoló del fracaso. ¡Fracaso! ¿Cómo ha podido venir esta palabra a los puntos de la pluma? M e sorprende- E l mundo sabe que las mujeres ignoran la existencia del fracaso. Si algún incrédulo mueve la cabeza con aire de duda, que sepa que las mujeres no aceptan fracasos más que cuando quieren... y generalmente no quieren nunca. TERESA C L E M E N C E A U