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A B C MIÉRCOLES 9 D E J U L I O D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 7 papel, su indignación estalló ruidosa. E n Madrid- -exclamaba- -no se puede v i v i r ¡L a estafa acecha a las personas honradas tras de cada esquina! Y o que paseaba tranquilamente por el Retiro- -seguía diciendo- -sentí el dolor de contemplar a una pobre mujer enlutada, que me salió al paso ofreciéndome este cuadro a cambio de una veintena de duros, que imploraba para comer. Y según afirmaba entre sollozos la pérfida mujer, su esposo, recientemente fallecido, le había dicho que el cuadro era obra de un tal M u r i l l o ¡H a g a usted obras de caridad! Así terminaba el visitante su lamentación. E n este caso apenas existe diferencia con el conocido timo de las limosnas en el que la condición moral del timado no es superior a la del timador. L a falsificación de obras de arte no merece, ciertamente, la condenación extremada que ahora se le dedica. A mí no me parece m a l más bien estimo que es el medio eficaz para descubrir, a su vez, a los numerosos falsificadores intelectuales que hablan y escriben sobre temas de arte sin conocimiento a fondo de la materia. Especialmente entre nosotros, el hecho de escribir sobre temas históricoartísticos, con más o menos erudición, capacita oficialmente a algunos señores para actuar de expertos, sin darse cuenta, al parecer, de que el documento más importante, el fundamental en materia de arte, es la obra misma, que es indispensable saber ver e interpretar. Consiguientemente, quien actúa de experto sin más bagaje artístico que el literario, por muy erudito y atildado que sea, es tan falsificador- -falsificador o simulador de una cultura- -como el autor de una mixtificación pictórica. Entre ambos tipos, el último no es el más desleal. Cuando menos, realiza en el mundo la misión providencial de desenmascarar a los farsantes, misión útil y hasta no indigna de agradecimiento. Como que, en realidad, los falsificadores son quienes, sin darse cuenta, lanzan el alerta de ¡cuidado con ía pintura! obligando a las gentes a ser más cautas. M a s en esto de la cautela sí que hemos adelantado. H a y Centros que, en tocante a adquisiciones, los encargados de informarlas navegan cual submarino en inmersión, utilizando el periscopio. E n este caso, el periscopio es el abnegado restaurador, que examina, diagnostica y da la patente de sanidad de la ebra. Claro es que el restaurador no firma esa patente. Eso se reserva para los altos jefes de la nave, siempre despiertos para hacer su presentación pública en el momento de los aplausos... Ante tal situación acude a mi memoria el recuerdo de un absurdo librito de deportes que hace años se anunciaba en los escaparates de algunas librerías. Arte de nadar en veinte lecciones titulábase, si no recuerdo mal. E n el texto, profusamente ilustrado, se preveía todo, todo menos el caso seguro de ahogarse si el lector se lanzaba al agua sin otra preparación que la teórica del librito... Aquí, si algunos de nuestros más entrometidos eruditos no saben por dónde se andan en materia de técnica y autenticidad de una obra, en cambio, con el oculto salvavidas del restaurador, logran algo verdaderamente extraordinario. Logran lo que una frase popular castellana define como acto de nadar y guardar la ropa L a ropa sucia- -se entiende- -que algún falsificador insolente puede sacar a la vista de las gentes, descubriendo con la propia mixtificación la farsa de ciertos señores oficialmente muy doctos. Como verá el lector que medite sobre el íema, el falsificador de obras de arte no deja de ser un animalito muy útil en toda república bien organizada... ANTONIO MÉNDEZ CASAL CRITICA Y NOTICIAS DE LIBROS El l i b r o del amor p o r el padre García F i g a r España en la H i s t o ria de las M i s i o n e s O t r o s libros gesto de apetito la clientela de la literatura amorosa colateral de la pornográfica, si no es la misma pornográfica ligeramente disfrazada. Este volumen dice en el subtítulo: Lo que Jesús amó, y dice, en consecuencia, que se habla de la fuente pura, celestial, inigualada, del A m o r Cómo amó el Redentor al niño, al pobre, al enfermo, a los hombres, al amigo, a la Naturaleza, a la Verdad única y resplandeciente, luz de la conciencia y del entendimiento. Y cómo su amor divino, que era misericordia y perdón, ganó el alma arrepentida de las mujeres pecadoras para ponerla en camino hacia Dios. H e ahí, en cita sumaria, la melodía temática de estas páginas. Los pasajes bíblicos, las palabras y los milagros del H i j o de Dios dan la esencia y el perfume a cada capítulo. Pero no se trata de una glosa ceñida exactamente a la línea inicial, sobre margen delimitado, sino de discursos que, partiendo de una escena o de una parábola, proyectan la interpretación sobre la sociedad actual; una interpretación amplia y generosa en el, bien; no menos amplia, pero severa, en el mal. Declaramos que en algunos pasajes esa interpretación tan justamente extensiva y materializada en acciones y en hechos vivos, es uno de los méritos que hemos hallado en este libro. Los arreglitos de conciencia el convencionalismo egoísta e impío que itrans- mi te y propaga la lenidad- -ahora suele llamarse comprensión -casi como un deber de encubrimiento y de tolerancia, merecen menos indulgencia que el pecado franco. E L LIBRO D E L AMOR. ¡No se precipite con A un respetable religioso le hemos oído decir que tiene que emplear el sacacorchos para escuchar una confesión en regla a muchas señoras y jóvenes bien porque ellas se preparan la confesión sobre los- Mandamientos con el método cómodo y simplista del texto literal. S i la mujer casada no ha ESPAÑA E N LA HISTORIA D E LAS MISIONES. robado a nadie, ¿por qué no pasar de largo Constituye este folleto, escrito por el culto el mandamiento sobre el hurto, aunque adpresbítero D. Ramón Olalla Villalba, un ministre su casa con desorden y con desdocumentado y brillantísimo informe- -diglealtad para el marido, distrayendo sumas no de la mayor divulgación- -de la obra inmoderadas en dispendios de vanidad y de misional realizada por España desde la conlujo, hurtando a las necesidades legítimas versión de los godos hasta, la época condel hogar el. fruto del trabajo y defrautemporánea. dando al esposo; forzándole, incluso, a maContiene este trabajo curiosísimos datos yor carga de trabajo? ¿Y por qué detenerbiográficos de Santo Domingo de Guzmán, se la doncella en otro mandamiento, si las fundador de la Orden dominicana; San I g exhibiciones de la moda corta y la libernacio de Loyola, fundador de la Compañía tad de actitudes y expresión que han traído de Jesús; Sari Francisco Javier, el más los tiempos no se citan para nada. en el grande misionero; Santa Teresa de Jesús, Decálogo... y algunas informaciones acerca de la histoLos capítulos en que aparecen las figuras ria de la fundación y desarrollo de las funde la Samaritana y de María de Magdala daciones misioneras españolas. están henchidos de emoción y de ternura. L a (prosa es cálida, vehemente y como saturada ORIOLANAS. -Muéstrase en este libro, rede un aroma sobrehumano. Llega, a trechos, cientemente publicado, D. José María B a hasta ía cumbre de la elocuencia. E l autor llesteros como brillantísimo escritor costum. es un abogado generoso de la mujer caída brista, de fino espíritu observador, que sabe y del niño falto de protección integral. Para trasladar a las cuartillas las vibraciones de el hombre que aprovechadla miseria de una la vida cotidiana en estilo ágil, ameno e mujer y para el donjuanismo seductor por interesante. ¡el engaño hay algunas páginas de magníA través de las páginas de O R I O L A N A S el fica condenación. Esos miserables, ¿no tenlector presencia el pintoresco desfile de podrán en casa hermanas para mirarlas a la pulares personajes de las tierras levantinas, cara y ver en sus caras a todas las mujeres? que se desenvuelven en ambientes saturaSe crean Ligas para proteger a las plandos de brillante colorido, de vida y realitas y a los animales, y siguen indefensos la dad. También maneja el autor la nota dramujer y el niño. Se llenan millones de folios para perseguir a los rateros, y se permática, como cuando describe con briosos miten los vedados de caza y se permite rasgos la inundación de la huerta de O r i que la propiedad se haya hecho robo; no la huela por las aguas del Segura. legítima, no i a creada por cada hombre o conseguida cristianamente, que esa está reconocida en la Escritura y afirmada cu el Evangelio, sino la que hace poderosos, desposeyendo al prójimo con cualquier tipo de la usura; la que logran los salteadores de lo ajeno con tributos, rentas, censos, intrigas, violencias y cargas E n fin, se prodiga en los sitios públicos los avisos, las advertencias, los mandatos, las conminaciones- -hasta para no escupir en el suelo- pero nadie cuida de recordar los mandatos y los consejos divinos, T a n sólo se recuerda la prohibición de blasfemar bajo multa. Eso porque suena y escandaliza. Siempre el precepto receloso, desconfiado o el mandato tiránico e impracticable. E n lugar de en- señarnos a ver en nuestros semejantes a nuestros hermanos, se nos enseña a ver a nuestros enemigos. Y a veces, sin querer, lo son; lo son porque nosotros los hacemos. L a conclusión no puede ser más amorosa... ni más optimista. Respetemos el optimismo del autor. Y digamos ya quién es, que antes se nos fué de la pluma: es el padre García. D Fígar, de la Orden de Pre- dicadores, y de los bien reputados. Nos d i cen que en el pulpito es de elocuencia subyugadora. Deberíamos haberlo adivinado por el estilo de muchos trozos de este l i b r o de este libro que es u n gran sermón; en el doble sentido de la perspectiva evangélica que abarca y de su eficacia y efecto para mover el sentimiento emotivo y mostrarnos la fuente esplendorosa de todos los amores; el ver- dadero manantial puro del amor. ¿Sermón perdido? N o S i n hipérbole optimista. Pero, no. L a simiente del Evangelio no será estér i l jamás. Este libro acaso atraiga pocas mi- radas; pero cautivará las que logre. Y las que pasen de largo serán como las gentes que no quieren mirar al firmamento en las noches estrelladas para no preocuparse -F. S- O.
 // Cambio Nodo4-Sevilla