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ABC. JUEVES ro D E J U L I O U E 1930. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A PAG. f Y a sombrearon en el cielo las primeras nubes. Se ha dicho que el comunismo ha levantado la tempestad por vía de ensayo. S i n regateo alguno a esta imputación, indudablemente exacta, pues harto conocida es la EL LIBRO DEL DÍA pericia de los pescadores comunistas en río revuelto y hasta conocido el nombre de los inductores, lo más interesante en este caso sería destruir los motivos, quitar el pretexto a las maniobras revolucionarias, estudiando serena y desapasionadamente si hay o no causas que justifiquen el descontento campesino, y en qué medida se esfuerzan los que a ello están obligados en procurar solución de equidad y justicia al conflicto. Mientras sigan campantes los jornales del hambre, la explotación de tierras en AndaPOR A N T O N I O G A R C Í A lucía y Extremadura constituirá fatalmente, P. F I G A R O P SI rtO LO EMCUENTRA Efl SU LIBRERÍA y desde luego, no sólo en virtud de la razón PÍEAlflA ALOR EDUARDO DATP. 7- IU ia alegada, un mal negocio para propietarios y colonos. L a disminución de rendimiento en el trabajo es una de las consecuencias del disgusto de los braceros, como lo es asimismo l a desarticulación de aquellas coherencias precisas entre los dos factores que integran la producción. N o hay que detenerse en ponderar cuan perniciosamente i n fluye este mutuo despego en la agravación que no deben e s c a t i m a r s e l o s m e d i o s n e c e del mal social de nuestros campos, habida arios par a. le de a cuenta de que la labor agrícola no es pura- sdesaparecea fo b t e n e rtle m eL ta b eplo z a l a a clu mtez recuen ne r umente mecánica y las relaciones entre amo lación de tejidos m u e r t o s y de l a s i m p u r e y criado no son análogas a las de los ta- zas que. o b s t r u y e n l o s poros de l a c a r a L a lleres urbanos, pues requieren una mayor y p i e l debe poder t r a n s p i r a r l i b r e m e n t e p a r a c u m p l i r f á c i l m e n t e sus f u n c i o n e s n a t u r a l e s más efusiva compenetración. M a s dejado única m a n e r a de e v i t a r q u e se d e t e r i o r e l a aparte por ahora este aspecto de la cuestez. Sólo l a L o c i ó n O z o i n puede p r o p o r c i o tión, preguntemos si es suficiente para la nar a l a piel l a higiene necesaria e indisadecuada sustentación de un trabajador y de pensable. K s t e a g r a d a b l e p r e p a r a d o t o n i f i sus familiares el salario de cuatro pesetas o ca l a epidermis, i m p i d i e n d o así l a f o r m a cuatro cincuenta por jornada. H e aquí la ción de a r r u g a s y patas de g a l l o b l a n q u e a tasa mínima que señalan, sin añadir si co- y a c l a r a el c u l i s dándole e l a s p e c t o s o n r o rresponde a todo el año o a la época de re- sado, a s í c o m o l a f i n u r a y lozanía de l a j u v e n t u d L a L o c i ó n O z o i n se vende e n todas colección, no más, los contradictores. artículos mencionados no caben en el puchero, ¿quién será el majo que se atreva a costear los gastos de mantenimiento de casa y boca con ese jornal? Para establecer las normas justas y equitativas que deben de M I G U E L DE Z A R R A G A regular la tasa de los salarios es menester California, 1930. dilucidar un tema previo. Cuál es el concepto del trabajo entre obreros y propieuna función mecániR E L I E V E S D E A C C I Ó N tarios? -Es puramente el glacial imperativo ca, en la que preside de la Economía, o habrá de someterse a las CATÓLICA reglas de la moral cristiana, a los dictados de la justicia social? E s de inaplazable urTierras y almas gencia rectificar el concepto materialista de jornal y trabajo todavía imperante, infiltranE s fuerza insistir en los puntos de vista do por medio de una intensa, de una inteliexpuestos por A B C a propósito de las huelgente propaganda, la idea cristiana luminogas inesperadamente promovidas en ciudades samente precisada en la encíclica Rerum y campos de Andalucía. E l cruzarse de braNovarum. Además el salario corriente en zos equivale a una indiferencia de estupidez Extremadura y Andalucía no es el familiar, o complicidad, y volver las espaldas será, si como lo demandan los postulados ya unániqueréis, una postura cómoda, pero inconcimemente admitidos de la sociología católiliable con las exigencias más rudimentarias ca, sino el individual. C o n el sudor de tu del cristianismo y de la ciudadanía. N i vale rostro comerás el pan dijo Dios con voz decir que durante los años de Dictadura apede trueno, promulgando en el Paraíso la nas dio que hablar y hacer este problema ley del trabajo y su retribución. Pero ¿qué agrario. Sensible error el de un régimen exha de entenderse por el pan, concepto genécepcional, que, teniendo a mano medios y rico, sino todo aquello que es necesario para poderos únicos, omitió su empleo para acrela vida, alimento, vestido y habitación, y centamiento y consolidación de la justicia, esto no sólo para el hombre que suda, sino forzando quizá a las partes contendientes también para su mujer e hijos, cuando por a una resignación cuya resultante había de ser aplazar, agravándolo, el estallido de los sí mismos no pueden ganarlo? rencores. Refiérese el otro punto de vista de A B C He Vos amores; la que, reviviendo e! pasado, ¡a tantos centenares de leguas de España! nos hizo temblar esta tarde- de emoción, esclavos de un espíritu inmortal... Ll BRO AMOR CIOSA Con sólo tener a la vista el promedio actual de los precios de los artículos de primera necesidad, adviértese al punto la enorme desproporción entre el coste de los alimentos indispensables y la cuantía ordinar i a de las retribuciones. Suponiendo que la alimentación de una familia jornalera b i ciérase a base de pan, carne de oveja o carnero, bacalao, garbanzos, patatas, arroz, leche, vino, aceite y azúcar, lo cual es mucho suponer, pues al menos en gran parte de Andalucía y, Extremadura algunos de los las p e r f u m e r í a s en c u a t r o m a t i c e s L l a n c o rosa, n a t u r a l y r a c b c l t i l p ú b l i c o d e b e leer d i a r i a m e n t e nuestra sección de anuncios p o r p a l a b r a s c l a s i f i c a d o s en s e c c i o n e s E n ellos encontrará constantemente a s u n t o s q u e p u e d e n i n t e r e s a r l e a 3 a cooperación de los propietarios. E l Poder público- -dice- -y l a sociedad no pueden resolver por sí este gran problema; es imprescindible que l a acción del capital ayude en cuanto pueda y con l a gradación proporcional que pueda. Alúdese, sin duda, a l a obligación del dinero, más desconocida o disimulada dé lo que fuera menester. Sobre el deber de caridad hay otro que, si a todos incumbe, ele manera especial atañe a los ricos. Notorias diferencias imperan entre ambos deberes. Cada una de estas dos palabras tiene vida diversa. L a s dos respiran en el mismo ambiente y se encuentran en el mismo terreno. S i la obra de caridad ayuda al desvalido en la hora de su enfermedad, de su vej ez, de su desgracia, es individual; si, levantando, un poco el vuelo, el bienhechor atiende a las condiciones de la casa en que el infortunado habita, y a la educación de sus hijos, es familiar. P o r último, si de las observaciones recogidas infiere las causas de la desgracia e intenta remediarla interesándose en las tasas de los jornales, en las condiciones del trabajo, etc. buscando una mejor organización de la sociedad, y con ella un remedio que, previniéndolas, evite o cuando menos atenúe los daños causados, la caridad se hace social. E l cardenal Maffi trazaba hace años las líneas directrices del catolicismo social en este punto, diciendo: E n general, predicar la caridad de benevolencia y socorro t n las relaciones de obreros y patronos, equivale a olvidar que la primera caridad es la de justicia. Trabajar por que se dé al pobre todo lo que es suyo; he ahí la caridad que ante todo deben predicar los sacerdotes y practicar los ricos. L a limosna es lo último. Y o no debo dar de lo mío hasta que no haya entregado al pobre todo, absolutamente todo lo que es suyo. S i le doy en calidad de l i mosna algo que le pertenece, que realmente sea suyo, no ejerzo u n acto caritativo. cometo un robo; a ese pobre yo le robo un derecho Dos cosas enseña la religión: la riqueza es útil, l a riqueza es peligrosa; porque es útil, pide cordura en adquirirla, dice el padre M i r porque es peligrosa, pide más cordura en el manejarla. Así habla la Iglesia, sin establecer preferencia n i otorgar privilegio para el cumplimiento de obligaciones que son indispensables. Dice, por fin, A B C estar persuadido de que e l problema del agro se acerca rápidamente a una etapa peligrosísima Bien pudo añadir a esta apreciación, que comparten no escasos n i insignificantes observadores de l a vida española, que en el temeroso trance corren fuerte riesgo, a buen seguro, el capital y el trabajo, con perjuicio de la paz social. M a l religioso es éste que aqueja al campo y a sus hombres, porque proviene en gran parte del abandono de las creencias sobrenaturales y del desprecio de las leyes civiles; moral, porque, además del estrecho e indisoluble enlace entre la moral y la religión, la cuestión social agraria afecta a relaciones entre las diversas clases de l a sociedad, y, por tanto, a derechos y deberes; político, porque se trata de llevar a íá gobernación del Estado procedimientos hasta ahora no ensayados; económico, enfin. porque es de producción y distribución de r i queza. ¿Puede, por tanto, estar ausente la riqueza en problemas que tan de cerca le tocan? L a solución ha de plantearse con su concurso o sin él. N o hay términos medios. L a s interinidades, las situaciones puente, los rc- yr T para ir tirando, no tienen eficacia. Nadie cree ya en ellos. N i los que a son de platillos los vocean. J. P O L O B E N I T O f