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NO DEJE USTED D E LEER TODOS LOS DOMINGOS QUE ES U N P O R T F O L I O por la diversidad de sus fotografías. U N L I B R O por Ja abundancia de su texto. U N M U S E O por la belleza de sus planas artísticas; y U N R E G A L O por la baratura de su precio. UNA PESETA E L EJEMPLAR EN TODA ESPAÑA E. R O D R I G U E Z- S O L I S contra la Alfdfería y las puertas de Sancho, Portillo, Carmen y Santa Engracia. E l Portillo fué destruido; la puerta de Sancho la salvó el intrépido don Mariano Renovales, de quien más adelante tendremos mucho y bueno que contar, y la del Carmen, dos valientes oficiales de Artillería, que, escapados de Barcelona, habían logrado salvar las líneas francesas. Palafox, que por librar a Zaragoza había empeñado una sangrienta acción en Épila, en c, ue la Suerte le fué contraria, mandó a su hermano don (Francisco que entretuviese a los imperiales con un fingido ataque, mientras él penetraba de nuevo en ¡Zaragoza para inmortalizar su nombre. L a llegada de Palafox coincidió con aquel horroroso bombardeo. E n el Portillo ya no había artilleros ni paisanos que pudiesen disparar los cañones; pero quedaba una española, y al decir española queremos decir heroína: Agustina de Aragón, í Véase cómo la pinta el ínclito Palafox: Agustina tenía de veinte a veintidós años. E r a ¡morena, de grandes y hermosos ojos, y aun cuando no podía pasar por linda, era graciosa, alta, bien ¡formada, y tenía una viveza sumamente agradable y ¡un aire muy despejado. Amaba a un sargento de Artillería, que murió en el acto de hacer fuego. Ciega de cólera, arranca la mecha de las manos de su ámatite, y jurando vengar la muerte de éste, se abalanza al cañón de 24 que él servía y le da fuego. iYo fui testigo de aquella escena en el momento en que llegaba a la batería, que estaba cubierta de ios cadáveres de más de 50 artilleros tendidos por el suelo, y p reser tando el espectáculo más desgar r a d o r L a joven brillaba entonces con todo su esplendor, aunque envuelta en humo, y me saludó ton una desenvoltura igual a su valor. E n el insjtante en que terminó el combate cogí las jinetas del sargento muerto y las coloqué en los h o m b r o 3 jüe Agustina, que continuó después peleando en vajrias acciones, siempre exaltada y siempre guerrera. jIBien merece algunas páginas en la Historia, pues aun cuando mujer nacida en el vulgo, se ha portado, siempre como una h e r o í n a L O S G U E R R I L L E R O S D E 1808 231 A la mañana siguiente continuaron el fuego contra! a Aljafería y las puertas de Sancho y el Portillo, y dieron una, primera embestida a la plaza, conquistando después de sangrienta lucha los conventos del Carmen y San José. E l general Verdier, cada vez más resuelto a apoderarse de Zaragoza, en cumplimiento de las apremiantes órdenes de Napoleón, mandó circunvalar la ciudad por sus tropas, talando los campos del Norte, incendiando el puente sobre el Gallego, que comunica a Zaragoza con Cataluña, y destruyendo los molinos harineros que abastecían una gran parte de la ciudad. A l objeto de batir a las partidas de guerrillas que pululaban por todo el país y amenazaban interceptar las comunicaciones del ejército francés con Pamplona, dispuso Verdier la salida del general Lefevre con cinco batallones, un regimiento de Caballería y cuatro piezas, para exterminar a nuestros valerosos patriotas. Don José Palafox, cuyo valor y entereza crecían con los peligros y las desgracias; don Lorenzo Calvo de Rozas, don Mariano Renovales, el célebre tío Jorge, nuestro amigo don Valero Borja, el tío Cerezo y otros héroes, realizaban frecuentes salidas, y a pecho descubierto se batían contra los invasores de su país, ansiosos de impedir el avance del camino cubierto que había empezado a construir el odioso Verdier. Otra nueva desdicha cayó sobre Zaragoza. LoS molinos de Villafeliche, que desde l a v o l a d u r a del Seminario surtían de pólvora a la. ciudad, fueran tomados por los franceses; y gracias a los conocimientos del jefe de Artillería don I. López, pudieron reunirse materiales y construir algunos molinos movidos por caballos, y utilizar hasta los morteros de Jos confiteros para fabricar pólvora. E l día 31 de julio, colocados en posición 60 cáfíones, algunos a 150 varas de la ciudad, y los que más a 400, comenzó tan horroroso bombardeo, que en sólo tres horas el vigía situado en la Torre Nueva señaló 1700! disparos, logrando abrir dos grandes brechas en el monasterio de Santa Engracia, del que se apoderaron. Desde allí dirige Verdier; a Palafox su célebre proposición Paz y capituhdónj a la que contesta el héroe; Querrá cuchilldg
 // Cambio Nodo4-Sevilla