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MADRID- SEVILLA 12 D E J U L I O D E 1 930. NUMERO 10 CTS. SUELTO REDACCIÓN: P R A D O D E S A N S E B A S T I A N S U S C R I P C I O N E S Y ANUNCIOS- -MUÑOZ CERCANA A TETUAN, SEVILLA ABC doy el placer de deshojarlo para aspirar a poquitos su perfume. Dice Ledesma M i r a n d a en el Preliminar: N o sé lo que soy. Quisiera ser clásico, porque no querer ser clásico es una atrocidad. Y más tarde agrega: U n a obra clásica, sin elementos románticos, no es obra típica, no es obra humana Y se decide al fin, ofreciendo su l i b r o L o designamos a los lectores de 1985, por ejemplo. P a r a esa época las gentes vivirán otra era romántica y yo pasaré por un precursor del nuevo romanticismo. Seré el Juan Jacobo Rousseau del siglo x x i L a aparición de una novela romántica, absolutamente romántica como ésta, en 1930, pudiera constituir un hecho sintomático. Porque pudiera afirmar que- -aparte la escuela- -el romanticismo es eterno en lo que tiene de personal y de esencial. De mí sé decir que nunca aprendí a separar en la práctica lo clásico de lo romántico. E n toda la dramaturgia española, que, por razón de mi oficio, sigo estudiando, no he hallado un clásico puro a la manera de Racine, por ejemplo. Nuestros poetas del Siglo de Oro, me llevan a Shakespeare, no a otro anhelo de perfección, y el día que dejase de ser romántico me parecería que dejaba de ser español. Porque, lejos del romanticismo de lazo alemán, hay una disconformidad con el medio, una rebeldía, un punto autobiográfico, una necesidad de confesión y un individualismo frenético, que son calidades esencialmente románticas y fundamentalmente españolas. P o r otra parte, este libro de Ledesma Miranda es un libro español y universal, sin que españolismo y universalidad se estorben ni un instante. A l través de escenarios extraños sigue española el alma de su autor, y en su castellano se interpolan, con su fonética y su ortografía, algunos vocablos extranjeros. E l autor advierte: O b servará el lector, a lo largo de este l i V o cierta arbitrariedad en la obstinación con que determinados vocablos, hoy castellani zados, persisten en permanecer inmutables dentro de su idioma... Niego esta arbitrariedad: el escritor, en vez de manchar su léxico con palabras ajenas al genio de nuestra lengua- -que seguirían exóticos, a pesar del ropaje de su fonética y de su ortografía reformadas- -prefiere incorporarlas con su propia fisonomía, sin maquillage ¡y unlversalizar así su sensibilidad. P o r donde añade una nota de elegancia a su condición de español que se sale de España sin renegar de su españolismo. Y escribe muy bien, con un vocabulario abundante y jugoso y una rara propiedad en el adjetivo. S i el verbo es el movimiento de la frase, el adjetivo es su gesto. A s í dice: L a hija, mezcla bravia del campó andaluz y el pueblo de M a d r i d era un ejemplar espléndido. M e deleitaba imaginarla como a una hermosa yegua nacida de un cruce vigoroso y áspero. ¿Necesito explicar el valor del último adjetivo, áspero que es toda la fuerza plástica, descriptiva y evocadora de la frase? L a forma y el ritmo no son siempre bellos; o, mejor, su belleza anda separada y rara vez suele fundirse en perfección armónica. E s natural; el libro es denso de sensaciones y pensamientos, y aun cuando se ha dicho que, la forma es el fondo, y que se escribe claro y bien aquello que se pensó DIARIO ILUSTRADO. AÑO VIGES 1 MOSEXTO N. 8.594 OLIVE, ANTES DEL MEDIODÍA Acotaciones literarias Cierta noche primaveral en que esparcía ¿di tedio por la calle de Alcalá, ausente de ella el pensamiento, me llamó desde la terraza de un café la voz amiga del. novelista peruano Manuel Bedoya. Estaba con él otro nombre corpulento y mozo, en el pleno florecimiento de su edad: el escritor Ledesma Miranda, a quien me presentó, y del cual sigo ignorando el nombre de pila. L a temperatura era blanda, de las que ya no se gozan hace tiempo; la concurrencia, escasa; el ambiente, no muy ruidoso- -unos mendigos filarmónicos, finada su cuestación, se llevaban el cadáver del contrabajo- y me plugo aprisionar mi inquietud entre él sandwich de aquellos dos varones gordos que bebían el tudesco hombrecillo de una apócrifa batiera. Manolo Bedoya, verboso y tropical, nos contaba sus impresiones hispanoamericanas de París defendiendo unos galicismos que yo atacaba implacable. Ledesma M i r a n d a hablaba poco: pausada l a acción, moroso y reflexivo el rodar de las palabras, barrenadores de lejanías los ojos negros y brillantes como olivas, despectivo el mohín de los labios, que acaso supieran todos los sabores de la vida, me pareció un artista descontentadizo, arbitrariamente seguro en sus juicios, de gusto difícil, como todos los que leyeron mucho y adiestraron con ventura su sensibilidad. N o sé por qué, mirándole, me cantaron en la memoria dos versos de Rubén Darío a Antonio M a c h a d o Su mirada era tan profunda, que apenas se podía ver. con claridad, ésta es una condición de superficie, la sima es siempre obscura, y una forma elegante y ágil corresponde generalmente a un fondo leve. Cuando se dice poco, se dice mejor. L o s grandes cantantes son los que tienen poca voz y encauzan con facilidad un sonido poco caudaloso. Los andantes se cantan muy bien a fior di labbro, y el Sr. Ledesma Miranda tiene mucha voz. A lo largo del libro, un libro de aire m u sical, hay siempre un. grave trémolo de emoción. Este acompañamiento appassionato, estos acordes armoniosos, disonantes a veces, valen más que el diseño melódico a voce sola. L a cultura vasta y sólida que sale de este libro, no exhibida voluntaria y presuntuosamente, se adivina, como, por el color de la tez, una buena circulación sanguínea. E l l o nos dice que son Memorias muy retrospectivas y que ei autor las escribió después; cuando ya pensaba, hombre, lo que de niño no pudo pensar. Es una cualidad literaria, de literato que trabaja sobre el recuerdo, diferente del pintor que selecciona ante l a realidad inmediata del modelo. Porque l a sensibilidad del literato es una sensibilidad de la memoria, para él milagrosa y subconscientemente autocrítica, y para el pintor inútil, cuando no traidora y funesta. Antonio Machado se refiere así a su memoria de artista de la palabra: D e t o d a l a m e m o r i a solo v a l e e l d o n p r e c l a r o de e v o c a r los s u e ñ o s Luego, cuando se despidió de m i y lo v i alejarse, tardo el paso, apoyándose en una cayada, el aire flojo, impropio de su vigorosa mocedad, torné a recordar los versos rubenianos: Misterioso y silenciosa, iba una y otra vez... A mí me gusta mucho este libro de L e desma Miranda, cuyo nombre de pila i g noro todavía, y que pudiera ser mi gran amigo. M e gusta porque es la bella historia de un niño que no lo fué nunca, y yo tampoco he sido niño, y por eso me empeño en serlo ahora, cuando en mi corazón preludia el invierno, para que el círculo de mi espíritu se aquiete cerrado, completo, v no roto; vuelto a encontrar el primer uno de m i yo esencial, cuando éramos nuevos yo y l a vida y ella no me había enturbiado y transformado a su antojo. FELIPE SASSONE Andaba como sin rumbo, como escoltado por graves pensamientos. y se perdió en la sombra. Y a nunca lo volví a ver; pero ahora se me devuelve en la luz de un libro, Antes del mediodía; libro moroso, como su autor; de ritmo lento, de una minuciosidad a lo Marcel Proust, que se empezó en M a drid en octubre de 192 S y se terminó en marzo de 1930. E l mismo se pregunta si es una colección de memorias imaginarias o una novela. Desde luego no es una novela construida, íntegra, de sólida y concreta arquitectura, como las urdía, por ejemplo, el último de los maestros españoles del género: he nombrado a Vicente Blasco Ibáñez. Pero es una serie de preciosos momentos novelescos; las impresiones de una sensibilidad joven que presiente el dolor de la madurez cercana. Así, Antes del mediodía- -in measo del cammin di ostra vita, que dijo el divino A l i g h i e r i- -e s el vaso de hieles y mieles de un corazón, o un ramo de rosas con espinas: un libro lleno de aromas, mojado y sentimental. Mojado? Sí. ¿Sangre, lágrimas, rocío... Y o que no soy crítico, sólo por gratitud de lector rae W m fr? CLAROSCUROS FLE OS RE- Del actual vivir español Las estridencias I Y a que todo el mundo opina que la mayoría se cree con derecho a palabras y enunciaciones atrabiliarias, no veo razón ninguna para que el espectador sereno, mucho más, consciente, estudioso, atento e imparcial, no pueda opinar también. L o primero que saita a la vista es lainutilidad de las estridencias, sobre todo, de determinadas estridencias, que no sirven sino para entorpecer y dificultar l a marcha normal de la vida, y, particularmente, para acreditar, ya que no de travieso (que la travesura no está de moda) de rebelde (que algo más se lleva) a tal
 // Cambio Nodo4-Sevilla