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Los viernes de la Real Academia de la Historia. edificio de la Real Academia de la H i s t o r i a ofrece un contraste callejer i l típicamente madrileño. U n contraste displicente entre sü masa árida y vetusta y la amena y mercaderil plebeyez de la calle de León, donde se asienta. A l anochecer, tras del resplandor coruscante de las pescaderías y zapaterías, la penumbra del patio académico parece más mortuoria, y veladas, inexistentes, las estatuas que lo decoran: una de D o n Pelayo- -jalón de nuestra H i s t o r i a- -y otra de Clío, la musa tutelar de la casa. H a s t a entrar en la lujosa litera del ascensor no olfateamos ese aroma dulzón y dieciochesco que perfuma el aire d o r m i d o- -c o m o el del camarín de l a B e l l a D u r m i e n t e- -d e las Reales Academias. E n realidad- -confesémoslo sin rodeos- la A c a demia de l a H i s t o r i a carece del acicalamiento y el boato de l a Española, su elegante hermana mayor. E l espíritu académico no sonríe en ella en mármoles y dorados, y a n tes bien aparece empañado por el aire un tanto curialesco y cov a c h u e l í s t i c o de sus estancias. P e r o si las gracias del g r a n siglo no a s o m a n al exterior, perfuman su noble origen. -N u e s t r a Academ i a- -n o s dice D V i cente Castañeda, c u l to s e c r e t a r i o de la C o r p o r a c ion- -nació, en 1738, de una de aquellas tertulias e r u ditas de la gentil E s paña de Felipe V L a s reuniones del nuevo Instituto, dedicadas especialmente a la f o r mación de u n D i c c i o nario criticó- histórico, se celebraban en la biblioteca del Rey, p a sando más tarde al Palacio de la Panade- E L E L DUQUE D E ALBA, DIRECTOR D E LA REAL ACADEMIA D E LA HISTORIA, DESPACHANDO CON D. V I C E N T E CASTAÑEDA, SECRETARIO Dfi LA DOCTA CORPORACIÓN ría, de la plaza M a yor, e instalándose últimamente en nuestra actual residencia, conocida con el nombre de Casa del N u e v o Rezado, por i m p r i m i r se en ella textos litúrgicos y libros eclesiásticos. L a historia de la A c a d e m i a aparece avalorada desde s u s comienzos por el c a r i ño al hogar académi co de muchos de sus miembros, a cuyos legados y donativos se deben, en parte, el monetario, el museo y la gran b i b l i o t e c a que posee la Academia. ¿Podría resumirme las tareas académicas principales? -N u e s t r o s trabajos convergen hacia tres cuestiones fundamentales: acopio de materiales, conservación de monumentos e ilustración de la H i s t o r i a patria. Garantía del equitativo reparto del esfuerzo son las C o misiones de la Academia, de las cuales actúan permanentemente las de Indias, E s paña Sagrada, Antigüedades, Cortes y fueros y Estudios orientales. F r u t o de estas especializaciones son las 120 obras publicadas por la Academia. U n a de sus actuaciones más simpáticas es la adjudicación de diversos premios en metálico, entre los que figuran el del duque de Loubat, duque de A l b a el conferido al talento y la virtud, y, últimamente, la fundación del conde de C a r tagena. P e r o usted mismo puede tomar nota personal de estas diligentes atenciones y de la asidua concurrencia académica a nuestras Juntas ordinarias de los viernes, apenas i n interrumpida desde hace casi dos siglos. Amablemente, el S r Castañeda- -docto i n vestigador, entre otras eruditas exploraciones, de las letras valencianas- -nos conduce a u n saloncillo, donde van reuniéndose los académicos antes de pasar a l salón de J u n tas. Saludamos a l censor, D Ángel A l t o l a g u i r r e al conservador, D José Ramón Mélida; al bibliotecario, D E d u a r d o Ibarra, y a l tesorero, el marqués de Piedras A l b a s que componen la Junta directiva de l a A c a demia. E n grupos y corrillos charlan y c o- E ¡L SALÓN D E ACTOS IIJjl LA SESIÓN ACADÉMICA D E LOS VIEKXES E N E L SALÓN DE JUNTAS
 // Cambio Nodo4-Sevilla