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A B C, M A R T E S 15 D E J U L I O D E ig o. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 6 3 que Rivera ha recorrido las inmensidades selváticas y que ha padecido sus horrores, sus alucinaciones, al mismo tiempo que ha gozado la grandiosa belleza de los bosques tan hondos, extensos, magníficos y peligrosos como un mar. Por otra parte, Rómulo Gallegos, con su Doña Bárbara, nos había dado dé manera insuperable la novela de los Llanos venezolanos, esa región que desde el pie de los A n des hasta las riberas del Orinoco reproduce, en el cálido tono intertropical, la inmensa, planicie de la pampa argentina, toda ilena de ganados y de majestuosa soledad. E l territorio que en La Vorágine se describe, está próximo a los Llanos, y es, sin embargo, un paisaje completamente distinto. Es el triunfo del árbol, ¡a apoteosis del bosque impenetrable, la exaltación de una naturaleza inauditamente vigorosa que crea y mata con espantable inexorabilidad. Y ante esa naturaleza sublime y monstruosa, el hombre de la ciudad refinada, el poeta José Eustasio Rivera, se siente arrebatado por una mezcla de terror y de entusiasmo, y escribe, en efecto, el libro de las selvas vírgenes que en nuestra literatura de lengua española estaba por hacer. Desde lejos, en la comodidad de las calles y los parques tirados a cordel, los hombres civilizados sólo concebimos el bosque en un aspecto de amenidad sombrosa. U n bosque es, en último caso, el sitio en que a l guna vez puede transitar un lobo durante los más nevados días del invierno. Todo lo más alcanzamos a imaginar las selvas ecuatoriales a través de las pintorescas narraciones de caza de algún sucesor de Julio iVerne, con manadas de antílopes y oportunos rugidos de león, casi lo mismo que si estuviéramos atravesando un gran parque zoológico europeo. L a selva que se nos describe en La Vorágine es cosa bien distinta. P a r a hundirse en su estupenda profundidad no basta ser curioso y novelero; es preciso ser héroe. E l autor del libro ha sido el héroe que desafía al monstruo de la selva destructora para descubrir todos sus secretos de horror y para cantar todas sus alucinantes bellezas. Y es posible que incluso haya afrontado el peligro m á s grande de la selva ecuatorial: la tentación de abandonarse a su voluptuoso y mortal maleficio. ¿P a r a qué las ciudades? Quizá mi fuente de poesía estaba en el secreto de los bosques intactos, en la caricia de las auras, en el idioma desconocido de las cosas; en cantar lo que dice al peñón la onda que se despide, el arrebol a la ciénaga, la estrella a Jas inmensidades que guardan el silencio de Dios. Allí en esos campos soñé quedarme con A l i c i a a envejecer entre la juventud de nuestros hijos, a declinar ante los soles nacientes, a sentir fatigados nuestros corazones entre la savia vigorosa de los vegetales centenarios, hasta que un día llorara yo sobre su cadáver o ella sobre el m í o Así dice en una página, por boca del protagonista del libro, él propio autor. Pero más adelante, en otras páginas de la novela, hay pasajes que sirven para revelarnos qué especie de dantescas tragedias esconde la selva caliginosa, y qué crímenes espantosos alfombran- de cadáveres humanos el seno de esos bosques a cuyo fondo no llega nunca un rayo de sol. Allí las fuerzas de una naturaleza de atormentada vitalidad están acechando continuamente al hombre; lo de menos son las fieras; lo terrible es la i n fluencia letal del ambiente que obra sobre les nervios debilitados y sume a los hombres más robustos en un estado de alucmainiento o de locura. ¿Quién no ha leído pavorosas narraciones de náufragos perdidos en la inmensidad del mar? H a y algo m á s pavoroso todavía, y es la suerte infeliz de los que se pierden en la inmensidad de la Cálculos hepáticos y nefríticos, estómago, artritismo, gota. G R A N H O T E L en el B a l n e a r i o A b i e r t o de 1. de j u l i o a 30 s e p t i e m b r e L a m e j o r y m á s p u r a a g u a de m e s a AOy S CABREIROA selva. E n uno de los pasajes de La Vorágine se cuentan las peripecias de unos de estos náufragos que vagan días y días en busca de un claro de bosque, en busca de un trozo de cielo, por el cual poder descubrir la posición del sol. Los gigantescos á r b o les de gruesos y lisos troncos forman un toldo espesísimo sobre sus cabezas, que la fiebre palúdica enloquece. Uno de ellos es rumbero y como a tal lo siguen y m i man. Pero de pronto resulta que el rumbero anda desorientado, que él mismo comprende que se ha perdido. U n o de los gomeros (buscadores de caucho) declaró con certeza súbita que le parecía escuchar silbidos. Todos se detuvieron. E r a n los oídos que les zumbaban. Souza Machado quería meterse entre los d e m á s juraba que los árboles le hacían gestos. E s taban nerviosos, tenían el presentimiento de la catástrofe. L a menor, palabra les haría estallar el pánico, la locura, la cólera. Todos se esforzaban por resistir. ¡Adelante! Pero el anciano Silva, el rumbero deteniéndose de repente, levantó los: brazos, conio el hombre que se da preso, y e n c a r á n dose con sus amigos, sollozó: ¡A n d a m o s perdidos... A l instante, el grupo desventurado, con los ojos hacia las ramas y aullando como perros, elevó su coro dé blasfemias y plegarias: ¡Dios inhumano! ¡S á l vanos, mi D i o s! ¡Andamos perdidos... Pero La Vorágine no se escribió únicamente para contar las grandezas y las tragedias de la naturaleza ecuatorial: su autor se propuso, además, y acaso en primer t é r m i n o revelar al mundo los crímenes inconcebibles que en el fondo de la selva cometen los buscadores de caucho. Parece imposible que en nuestra misma época puedan existir explotaciones tan brutales, martirios y asesinatos tan feroces coma los que se describen en este libro ardiente y doloroso. Vale la pena de comentar el asunto, y así, en el artículo siguiente, hablaremos del drama de los gomeros y de la sorprendente vida de codicia y brutalidad que ocultan las selvas del interior de la A m é r i c a del Sur. Jos ¿M S A L A V E R R I A ¿ompania Anónima da seguros F u n d a d a en 1840. Incendios, Accidentes, K o b o Lunas. Dirección para E s p a ñ a LOS M A D R A Z Ó 20, M A D R I D Teléf. 10055. raricísoo Alvarea, Coiistantina. CELA, Madrid. ACADEMIA Fernanflor. 4, B a n c o- E s p a ñ o l d e l Río d e la Plata De a c u e r d o c o n los a r t í c u l o s 27 y 28 de los E s t a t u t o s sociales, e l D i r e c t o r i o c o n v o c a a los s e ñ o r e s a c c i o n i s t a s a A s a m b l e a g e n e r a l o r d i n a r i a que d e b e r á c e l e b r a r s e en el l o c a l de l a C a s a m a t r i z d e l B a n c o calle R e c o n q u i s t a n u m e r o 200, B u e n o s A i r e s (R e p ú b l i c a A r g e n t i n a) e l d í a 16 de agosto p r ó x i m o a las 15,30 horas, con el s i g u i e n t e orden del d í a 1. L e c t u r a y c o n s i d e r a c i ó n de l a M e moria y Balance general correspondientes a l 61. ejercicio, t e r m i n a d o e l 30 de j u n i o de 1380. 2. A p l i c a c i ó n de u t i l i d a d e s 3. D e s i g n a c i ó n de c u a t r o d i r e c t o r e s en r e e m p l a z o de los Sres. D R a m i r o F e r n á n dez de V i l l o t a D F e d e r i c o C ó r d o b a d o n Casto O r b e a y d o c t o r D S a m u e l O r t i z B a sualdo, salientes p o r h a b e r t e r m i n a d o su mandato, y confirmación del nombramiento del S r D J o r g e A S a n t a m a r i n a a q u i e n el D i r e c t o r i o en v i r t u d de los a r t í c u l o s 44 y 45 de los E s t a t u t o s sociales, d e s i g n ó p a r a llenar l a vacante producida por el fallecim i e n t o d e l Sr. D D o m i n g o B r a c e r a s c u y o m a n d a t o t e r m i n a b a e l 30 de j u n i o de 1031. A d e m á s d e b e r á elegirse u n s í n d i c o y u n s u p l e n t e de s í n d i c o 4. D e s i g n a c i ó n de dos s e ñ o r e s a c c i o n i s tas p a r a que. en r e p r e s e n t a c i ó n de l a A s a m blea, a p r u e b e n y firmen el a c t a de l a m i s m a Se r e c u e r d a a los s e ñ o r e s a c c i o n i s t a s que, de c o n f o r m i d a d c o n lo p r e s c r i t o p o r el a r t í c u l o 23 de los E s t a t u t o s de l a Sociedad, p a r a poder a s i s t i r a l a A s a m b l e a d e b e r á n d e p o s i t a r sus acciones en las C a j a s d e l B a n co, p o r ío m e n o s tres d í a s antes d e l fijado para celebrarse a q u é l l a B u e n o s A i r e s 12 de j u l i o de 1 9 3 0 -R a miro F e r n á n d e z 3 e V i i l o í a P R E S I D E N T E G u i l l e r m o A. W a o m l o S E C R E T A R I O PARA SALVAR L A F E RIA D E S E V I L L A Un nuevo emplazamiento L a feria de Sevilla es uno de los atractivos universales de E s p a ñ a uno de los motivos españoles que tienen la virtud de desplazar hacia nuestra Patria, durante los mágicos días de la primavera meridional, a los felices viajadores delmiundo. A l llegar el mes de abril, el final de todos los caminos turísticos de la tierra está en Sevilla... Interesa, pues, al mundo conocer en todo momento lo que se piensa; y se hace para que esos viajeros- -serhbradores de oro en la veras de esos caminos, para recoger cosecha de emociones bellas- -cuenten con el deseado espectáculo subyugador. Nosotros tenemos el deber de esparcir la buena nueva de que no ha de faltarles, como pudo temerse en los últimos años. E s cierto que la transformación de Sevilla, o, mejor dicho, su expansión urbana, exigió el sacrificio de los terrenos que constituían el escenario tradicional de la gran fiesta incomparable. I. a feria se había hecho dueña de un espacio que forzosamente debía ser absorbido por la ciudad tan pronto como ésta lo necesitase para crecer al compás de sus necesidades expansivas. Hubo lucha; un gran pedazo del campo se obstinaba en permanecer sin merma dentro de la urbe, callado y vacío por todo un año, para llenarse de luz y de ruidos durante
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