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NO DE 1 E USTED D E LEER TODOS LOS Y DOMINGOS Q U E ES P O R T F O L I O por la diversidad de sus fotografías. UN L I B R O por la abundancia de su texto. 1 U N M U S E O por la belleza de sus planas artísticas; y UN R E G A L O por la baratura de su precio, PESETA E L EJEMPLAR E N TODA ESPAÑA 2i9 E. RODRIGUEZ- SOLIS L O S G U E R R I L L E R O S D E 1808 247 Según los. mejores historiadores, la toma de Roa fué uno de los más brillantes hechos de armas de los guerrilleros, causando tal pánico en los franceses su valor y arrojo, que huyeron a la desbandada hacia la venta del Ángel, camino de Valladolid, y hasta ella fueron perseguidos por los nuestros, que los derrotaron otra vez, demostrando así que los guerrilleros de igual modo entraban de noche y por sorpresa en los pueblos que los imperiales ocupaban, como los vencían en campo abierto y a la clara luz del sol, que por algo escribió el poeta. aquellos sublimes versos: No existe bajo del so poder que bastante sea p a r a vencer en pelea a un corazón español Ataque de Moncey contra Valencia. E n Valencia habían ocurrido gravísimos sucesos. Don Baltasar Calvo, canónigo de San Isidro, de Madrid, había. llegado a Valencia ansioso dé hacerse popular y conquistar una alta posición, y para lograrlo pretendió asociarse al padre Rico, que rechazó con indignación sus ideas y propósitos. Entonces Calvo apeló a la astucia: se cubrió con una máscara d santidad, predicó al pueblo que si los franceses e triunfaban la religión estaba perdida, uniendo así, con. pérfida malicia, la causa de la religión a la de la Patria, y el 5 de junio logró que las turbas saqueasen las casas de los franceses establecidos en Valencia, a muchos de los cuales encerró la Junta en la ciudadela para salvarlos de las iras de aquellos desalmados fanáticos. Calvo logró penetrar en la ciudadela, y aconsejó a los franceses allí detenidos que huyeran al Grao, donde encontrarían barcos dispuestos para trasladarlos a Francia, si no querían ser víctimas del pueblo. que iba a asaltar la fortaleza; ellos le creyeron, y a l ir. a salir, Calvo llamó a los sicarios que tenía prevenidos, gritando que los franceses se fugaban, y la mayoría cayeron muertos bajo el puñal de los asesinos. L a Junta se presentó en la ciudadela, y sólo pudo librar a 140, a los que Calvo indicó se llevaran a las torres del Cuarte para salvarlos; así se hizo; mas al pasar por la plaza de toros, los mandó asesinar por. otra cuadrilla de forajidos que allí tenía reunida. Desde aquel día, el canónigo Calvo ejerció la dictadura en Valencia- y sus órdenes eran cumplidas lo mismo por la Junta, que por el capitán general, que por el arzobispo. Sólo el padre Rico, dando, una nueva prueba de su gran corazón, propuso encarcelarle, pero se pusieron el coronel Usel y otros dos individuos de la Junta, amigos de Calvo, los cuales consiguieron que fuese admitido en ella, no sin protesta del padre Rico. Apenas entrado en ella Calvo, se presentaron algunos de sus esbirros con ocho franceses, que allí mismo asesinaron, horrorizando A los individuos de la Junta, mientras Calvo sonreía tranquilamente, reclamando después el premio de las muertes que llevaban hechas, según les había ofrecido el canónigo. A l siguiente día, el padre Rico exigió la. prisión de aquel monstruo, y la Junta, accedió, apoderandose. de su persona por sorpresa y euviándole a Mallorca. Sometido al Tribunal, declaró que si había obrado mal, su intención era buena y antes debía ser premiado que castigado. Los jueces, sin embargo, le condenaron a morir en garrote (2 de julio) y a ser expuesto su cadáver en la plaza con este letrero: P o r traidor a la Patria y mandante vil de asesinos L o más triste no fué- su muerte, sino que la Junta de Valencia, deseosa de satisfacer a la vindicta pública, creó un Tribunal encargado de perseguir y castigar a los sicarios de Calvo, a los ignorantes que él había fanatizado, y este Tribunal, que ordenó muchas ejecuciones, condenó a la última pena a alganos culpables, sí; pero también a varios inocentes. Restablecida la calma, la Junta se, consagró con el mayor empeñó a alistar nuevas fuerzas para defender la ciudad y las entradas de la provincia. E l general Moncey, encargado de la toma de Valencia, era un hombre irudente, humano y justiciero, que reprobaba la inicua guerra que Napoleón nos hacía, y que procuraba conciliar sus deberes militares con sus nobles sentimientos. Nosotros, que hemos, censurado con la dureza que