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MADRID- SEVILLA 16 D E U P O D E 1930. N U M E R O S U E L T O 10 C T S REDACCIÓN: PRADO D E SAN SEBASTIAN. CERCANA SUSCRIPCIONES Y A TETUAN, SEVILLA DIARIO ILUSTRADO. AÑO ViGÉS 1 MOSEXTQ N. 8.597 ANUNCIOS: MUÑOZ QKIVE, L A CRISIS D E L O S P A R TIDOS POLÍTICOS E l veraneo es un compás de espera en 3 a vida social. Calma, descanso en los balnearios y en las playas. Tertulias, cabildeos, conjeturas sobre el porvenir. Sobre todo el porvenir de la vida política, ya que nos fiábamos dentro de un paréntesis que lleva al final un signo de interrogación. ¿Qué pasará? ¿H a b r á elecciones este a ñ o? ¿F u n c i o n a r á el Parlamento a principios de 1931? Y, de reunirse las ansiadas Cortes, ¿n o es de temer que éstas entorpezcan toda labor reconstructiva, naufragando en un mar de retórica en torno al pleito de las responsabilidades en ataques contra el régimen, en discursos demoledoras y en alborotos callejeros? Que la Dictadura prolongada haya sido un mal se demuestra por la explosión de rencores acumulados y los aires de fronda cjue han soplado recientemente. L o mismo diríamos respecto a fe- permanencia le la censura y la prohibición de los actos públicos. ¡Libertad de pensamiento y de palabra para todos! S i la M o n a r q u í a en F. spnña no tuviese otros medios de defensa que la censura, la Guardia civil y el E j é r c i t o el autor de estas líneas renunciaría, desde luego, a defenderla. Pero es precisamente poique anhelamos evitarle a E s p a ñ a la revolución y el caos, y creemos que las Monarquías constitucionales europeas se hallan a l a cabeza de la civilización y del progreso, la razón por la cual no nos importa arriesgar la impopularidad en ciertas esferas intelectuales. Estas últimas suelen nutrirse de utopías, de fórmulas humanitarias, destinadas a implantar la paz universal en un porvenir próximo y de una fe ciega en la eficacia milagrosa de las palabras democracia l i bertad República socialismo etc. N o obstante, desconocen a menudo hasta los rudimentos de la política internacional y de la historia contemporánea. L a ignorancia crasa de muchos intelectuales españoles que se creen avanzados encúbrese, por lo general, bajo la m á s hueca fraseología demagógica. P o r eso nuestro espíritu crítico se resiste a aceptar como dogmas infalibles teor í a s y sistemas que en la vida de los pueblos han fracasado a menudo tan estrepitosamente al contacto de la realidad. L a historia de nuestro siglo abunda en estas amargas lecciones de la experiencia. Creer que la política es escribir las tablas de la ley para la Humanidad futura, sin tener en cuenta los problemas del día ni la psicología de nuestra raza- equivale a soñar despierto. F i a r l o todo al porvenir, arrasando cuanto subsiste de! edificio social sin dejar piedra sobre piedra es de una candidez que asusta. Cualquier salvaje puede incendiar unpalacio o un Museo, pero siempre hará falta la ciencia de un arquitecto para reconstruir otro palacio y años o siglos de genio creador y de cultura para volver a formar otro Museo. Existe un síntoma visible en l a actual vida política española. Y es l a crisis de ios partirlos políticos desde el advenimiento de la Dictadura. H a y una gran masa de opinión conforme en resucitarlos y sacar a sus prohombres de la penumbra pasada, como se saca al balcón, después de haberlas sacudi- do, las alfombras que se han tenido guardadas largo tiempo. H a y también otra masa menos numerosa de lo que parece, pero mas alborotadora. Esta condena por igual el antiguo régimen politico y la Dictadura, haciendo responsable a l a Monarquía de todos los fracasos nacionales, sin reconocerle ning ú n acierto desde que subsiste en E s p a ñ a Según tan radical criterio, sólo la República puede regenerarnos. Luego, ya veremos. Quién lo duda! A h o ra es cosa de preguntarse si, 110 siendo partidarios de la revolución, aunque sí de la evolución política y social por vías legales, vamos a estar conformes con que se resuciten las viejas oligarquías. ¿Q u é no pasaba nada antes de la Dictadura? ¿N o llevaban ya en sí aquellas agrupaciones el germen de descomposición que entregó al Estado indefenso, primero a los atentados del terrorismo rojo y después a los pies dé un caudillo militar? Sería lamentable que los políticos del viejo régimen, como los emigrados de la Revolución francesa, no hubiesen olvidado nada ni aprendido nada en esos seis años de ostracismo. L a Dictadura, o más bien el dictador, al zaherirles continuamente (confundiendo con notoria injusticia el sistema con las personalidades) sin otorgarles s i quiera la alternativa de la respuesta, contribuyó a darles a éstos cierta aureola de m á r tires. Huelga decir que en la escala del nuevo martirologio político figuraban en primera línea el Sr. A l b a y el Sr. Sánchez Guerra. E l tino por las acusaciones públicas y onerosas que con increíble ligereza le hizo objeto el dictador, para luego retractarse, al par que por la digna actitud del e ministro liberal, voluntariamente silencioso en el destierro. E l otro, o sea el señor Sánchez Guerra, por su gallardía individual en defensa de la averiada Constitución. Y sobre todo, por aquel levantamiento de Valencia, muy siglo x i x que le valió c! encarcelamiento y el Consejó de guerra. Desde ese momento el intrépido ex jefe conservador aparecía como campeón de Ja soberanía civil frente a la Dictadura de! genera! Primo de Rivera, aunque había tratado de derribar a éste apoyándose también en un pronunciamiento militar. L o que no puede negarse es la popularidad efectiva que rodeó al Sr. Sánchez Guerra en todos los sectores de la sociedad española, hasta su tan anunciado discurso del teatro de la Zarzuela. E r a la esperanza de conservadores, liberales y demócratas, que en él confiaban para reconstituir las disgregadas fuerzas de la Monarquía. L a opinión pública le señalaba ya como el politico m á s indicado para recoger la poco envidiable herencia de la Dictadura. Pero el Sr. Sánchez Guerra, por desgracia, prefirió convertir el problema de la Constitución en un pleito personal contra la Corona. Su discurso defraudó a todo el mundo, y su vaga actitud a ú n más. A pesar de no haberse decidido a cruzar el Rubicón republicano, los revolucionarios le aplaudieron únicamente por sus alusiones en prosa y en verso, así como por restarle fuerzas a la Monarquía. Y esto último no da lugar a dudas. S i el Sr. Sánchez- Guerra hubiese opuesto una tenaz resistencia a las voces aduladoras de los partidarios de Ja revolución, 110 estaríamos en este período de i i i- quietud desorientadora, que hace del actual Gobierno un paréntesis político. P o r eso es digno de todo encomio el patriotismo del general Eerenguer y de sus. -ministros, que contrasta con el egoísmo y la reserva de otros políticos en horas decisivas. Hagamos una honrosa excepción en tre los antiguos jefes de partido por el m a r q u é s de Alhucemas, el cual, a raíz de formarse este G o bierno, no sólo le brindó su apoyo incondicional, sino que afirmó su inquebrantable adhesión a la M o n a r q u í a y á l a Constitución, sin buscar fáciles aplausos de l a galería. Pero, además, ha dado el político demócrata una noble y rara prueba de desprendimiento: el de renunciar u su jefatura, alegando la necesidad de nuevos hombres en la gobernación del país. Subrayemos, no sólo ftl generoso rasgo, sino su perspicacia. E n efecto; el p a í s no quiere volver a lo de antes, ni a la política fracasada de esos mismos partidos que facilitaron el advenimiento de la Dictadura. N o es posible darle l a sensación de que se retrocede a unas Cortes igual que las pasadas, porque entonces volveríamos al caos. E s preciso renovar los idearios, europeizar a E s p a ñ a cambiar las; viejas oligarquías políticas por idearios y hombres nuevos. Y a insistiremos sobre es. to. ALVARO. A L C A L Á- G A L I A N O UN DÍA Cl QUIERA. AL- La vid a de un patio a l l i m p i o y a l no l i m p i o al que s a c r i f i c a y a l que no s a c r i f i c a ceso ocurre a l j u s t o y a l i m p l o Ecclesiastés c a p í t u l o I X T í o d ó a c o n t e c e de l a m i s m a m a n e r a a t o d o s u n m i s m o su- M u y de niE. ñana nos asomamos a i mira- dor trasero de nuestra vivienda. L a casa más humilde; de Barcelona tiene un patio lo bastante holgado para su ventilación. Este pueblo, con reputación de avaro, no la justifica en sus construcciones. E n Castilla, que pasa por tierra de rumbosos, los patios suelea ser angostos y, por lo mismo, de mesurada claridad. L o que se ofrece a nuestra vi Sta es atrayente y grato. L a mont a ñ a literalmente ocupada por los pinos será un simpático reposorio, pero la población la va invadiendo y ya el desorden de las construcciones ha usurpado su poesía a! verdor del bosque. L a L e y debería prohibir que la ciudad traspasase ciertos límites. L a salud del vecindario exige u n a cierta facilidad de oxigenación, que no se obtiene más que del campo. Cuando la Humanidad SÍcivilice y al interés se sobrepongan otros móviles de conducta, se vivirá mejor en las urbes, porque toda familia h a r á efectivo su derecho a respirar cerca del árbol. L s a epq? ca feliz i r á precedida de una revolución en las costumbres, que empezará por suprimir- a todos los grandes detentadores de la riqueza. N o se alarmen los poderosos, Esa revolución está todavía muy lejos. L a estructura
 // Cambio Nodo4-Sevilla