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A B C. J U E V E S 17 DE JULIO DE 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. PAG. 7 Los dos gitanos han puesto este año caro y difícil el arte del toreo. Currüo Puyas, porque hizo, por el temple, la gracia, la lentitud, el ritmo y la elegancia, una faena i n olvidable, y Joaquín Cagancho porque nos ofreció eí espectáculo imprevisto de su transformación. Resulta que es valiente, herr profesor. Sí, sí, no se ría usted: ¡valentísimo! Con un valor nervioso, atropellado, descompuesto, pero lleno de rabia y de porfía, y que no debe disgustarnos, si en vez de transformación es complemento y se apega como sumando a- sus portentosas cualidades. E r a lo que le faltaba para dar seguridad de gloria constante al triunfo circunstancial y momentáneo de su arte incopiable: aquel majestuoso torear con música, aquellos lances y trasteos majestuosos, llenos de unción, de liturgia y de rito, como cantando maravillosamente a compás, por seguiriyas gitanas y soleares flamencas. Esas soleares y seguiriyas que a usted tanto le encandilan, y con las cuales no ha podido usted quedarse, aunque se sabe de memoria, y las tararea imitando la orquesta, las nueve sinfonías de Beethoven. E l niño primogénito de Bienvenida se impuso, al fin, a la hostilidad ciega y gratuita de los agoreros. Y no fuá un día, sino tres, poquito a poco, por sus pasos contados primero, dominando y p o r t á n d o l e a un torote inmenso, que tiraba cornadas guarecido en las tablas; después pasándose por l a faja, en una serie de naturales perfectos, a un enemigo grande y no tan fácil, que había salido reservón y se cegó de codicia ante la muleta que le daba en los hocicos; m á s tarde, ofreciendo en los quites todo un muestrario variadísimo de suertes olvidadas, y, por último, banderilleando de modo i n superable, entre el vocerío delirante del mismo público que en tardes anteriores habíale obligado a dejar los palos sin clavar. Hasta entonces el muchachito había estado en su sitio, pero apático y triste, porque no podía cambiar el oro que llevaba en la escarcela. E n cuanto el público desarrugó el ceño, el. chiquillo sonrió con el alma, y ya contento- -la alegría es indispensable al artista en funciones- -vació su tesoro, y el arte de birlibirloque aplicado por Pepe Bergantín fué en él con todas sus características: destreza, agilidad, belleza, elegancia y seguridad. Y a l e g r í a! ¡F i g ú r e s e usted la mía, herr profesor; l a mía, que creí siempre en él, cuando le v i salir en hombros, con la oreja de su enemigo en la diestra y la sonrisa iluminándole de victoria la faz imberbe! Otras flautas sonaron, como en la fábula pero ya no me acuerdo de quiénes las tañ í a n unos miuras, sin las aviesas características de su raza, djeron ocasión a que el público madrileño premiase con calurosa simpatía el pundonor de Fortuna y de Fuentes Bejarano, y nada m á s floreció en el desierto que dejaron Josalito y Belmonte, i n olvidables. Que venga usted pronto, herr profesor, para cuando suba la peseta, y no se amosque usted, que bien lo vale nuestra España. Que también es de usted, según la quiere y admira. Salud, un abrazo y cerveza fresca. Su amigo, FELIPE SASSONE na, enlazada por vínculos de parentesco con otras nobles Casas españolas. L a ceremonia ha revestido gran solemnidad, pues a la misma ha concurrido lo más selecto de la colonia española, pues sabido es que la señora y la señorita de Iturregui cuentan con grandes simpatías en la alta sociedad madrileña, y una brillante representación de la aristocracia francesa, así como de las colonias polaca y peruana. L a pequeña iglesia de San José, frontera a la residencia de la novia, en la Avenida Iloche, bastaba apenas para contener a los numerosos invitados; se hallaba adornada con profusión de blancas azucenas y guirnaldas de diminutas rosas. Pocos minutos después de las doce hizo su entrada en el templo, a los acordes de la orquesta y los coros, el cortejo nupcial; seg ú n la costumbre polaca, la novia, que estaba bellísima con el blanco traje, adornado de valiosos encajes antiguos, dignos de una Soberana, y luciendo un magnífico collar de brillantes alrededor de la garganta, iba entre dos jóvenes de ambas familias: el señor Iturralde y Orbegoso, que vestía el uniforme de oficial de complemento de la Escolta Real, primo de la novia, y otro igualmente emparentado con el novio; al conde Georges Potoki le acompañaban las dos madevioiselles d honneur: la señorita Rosa O r begoso, hija del conde del Olmo, y mademoiselle de Ratzzivill. E n la comitiva figuraban: el ministro de Estado español, duque de Alba, que asistía corno testigo en nombre del hermano de la novia; daba el brazo a ja señora de Iturreg u i el conde Potoki, hermano mayor del novio, y su madre, la condesa P o t o k a don Vicente González- Orbegoso, en nombre de D. Luis José, hermano de la señora de Iturregui, y otros miembros de ambas familias. Después de la ceremonia todos los invitados, según la costumbre francesa, desfilaron ante los recién casados, condes Potoki, y sus testigos, v este desfile duró largo tiempo por el crecido número de los concurrentes. Entre éstos pudimos apuntar los siguientes nombres: duquesa de Alba, vizcondesa y vizconde de L a Rochefoucauld, condesa y conde de Castellane, marquesa y marqués de la Torre, vizconde de Güell, condesa O r lowska y; su hijo, el ¡oven conde O r l o w s k i marquesa y marqués de la Gándara, señora de Santos Suárez. condesa de la Ves a de Ren, duquesa de Premio Real, marquesa y marqués de P a r í s señora viuda de Béistegui, señora viuda de Landa, señora de Itur- be, embajadora de Polonia, madame Chalposka, duques de Bissaccia, ministro del P e r ú y señora de Cornejo, marquesa de Casa Boza, señora y señoritas de Botella, marquesa y marqués de Manzanedo, condesa y conde de Pecci- Blunt, general y señora de Maisengo, condesa de Montebello, señor Movellán, mademoiselle Ruth Hupfelt, marquesa de Villavieja, señorita de Escandón, príncipe y princesa de Beauvau- Craou, v i z condes de Noailles, señores y señoritas de Pardo, señora viuda de D Porfirio D í a z condesa de L a Beraudiére, duque de Montmoreney, marqueses de Polignac, señores de Alvarez- Calderón, señores de Lafuente, conde José Prezeiski, madame Polotzoff, princesa de Ligne, condesa de Etchegoyen, duques de Maulé, conde Sangro, D Alfonso Olivares, condes Canevaro, D Manuel E s candón, D Carlos Béistegui, M S k r i n s k i vizcondesa de Gaigneron, barones Gourgand, marquesa de Fuente Hermosa, lady Abdy, señora de Anchorena, señores de B a rreda y- muchísimos m á s U n espléndido almuerzo fué servido a todos los invitados en la elegante casa de la señora de Iturregui, cuyos tapices y obras de arte estaban materialmente cubiertos por las inmensas corbeil ies de flores enviadas por sus amigos a la nueva condesa Potoka. El baile de la temporada L a m á s brillante y artística fiesta de l a Gran Semana ha sido el baile celebrado el miércoles 25 del corriente en el palacio y jardines de los condes de Pecci- Blunt. L a aristocrática belleza que de soltera brilló en los salones madrileños como hija de la condesa Pecci, hermana de la de Agrela y del ilustre sobrino del glorioso Pontífice León X I I I es, después de su matrimonio con el hijo de la duquesa de M o n t moreney, una de las figuras m á s simpáticas del mundo elegante de P a r í s y de Roma. Sus fiestas tienen siempre un sello de elegancia incomparable. Pero la del miércoles ha sobresalido entre todas por el arte que presidió a su organización. H a sido como el sueño de un á n g e l todo blanco, desde la luz pálida que emergía de los focos ocultos entre las frondas del j a r d í n hasta las guirnaldas de plumas que corrían a lo largo de las escocias de los salones; desde los trajes y las pelucas de las damas, evocadoras en su mayoría de las modas de! segundo Imperio, hasta los fracs y los uniformes de los caballeros; blanca la pista o estrado que ocupaba el centro del j a r d í n blancos los pierrots dibujados por Patou, las venecianas de rostros velados por largos tules, como las dogaresas del Renacimiento, y la gitana con su borriqui 11o cargado de flores; y los escoceses, interpretados por los barones de Gourgaud, y los marinos americanos, y el Buque fantasma, y el Buda indio, y el Centenario de Argelia, y el Instituto de belleza, y el Despertar de Ariadna, y todos los sueños, en fin, de una original fantasía. Y como intérpretes, ¡qué nombres! ¡Q u é sugestivas bellezas! L a Rochefoucauld, V o gué, Cossé. Brissac, L a r r i v i é r e Castellane, Jaucourt. Jean de Coutades, Polignac, Paola de Médici, Mimí Povlotsoff, madame P a tenótre, B e a u m o n t F a u s i g n y- L u c i ñ g e Noailles, Robert de Rothschild y tantas otras. Y entre Jos demás invitados: Sus A l tezas los príncipes Nicolás de- Grecia y las princesas Elisabeth y M a r i n a de Grecia, SS. A A los príncipes P a ú l de Servia, y luego una larga lista de aristócratas italianos, franceses y españoles de que hago gracia a los lectores, remitiéndoles a mi última crónica de Blanco v Negro. MONTE- CRISTO; P a r í s junio, 1330. 8 NUESTROS SUS WT 0 BE 5 C o m o en años anteriores, servirem o s en éste, s i n a u m e n t o de precio, las suscripciones de n u e s t r o s a b o n a d o s que trasladen su residencia a cualquier p o b l a c i ó n d e E s p a ñ a d u r a n t e la t e m porada de verano. P a r a tener opción a esta ventaja será c o n d i c i ó n i n d i s p e n s a b l e q u e a l s o l i c i t a r l a a b o n e n p o r a n t i c i p a d o el i m p o r t e de t r e s m e s e s O S E A N U E VE P E S E T A S o se s u s c r i b a n p o r igual tiempo. S i n l l e n a r este r e q u i s i t o n o s e r v i r e m o s ningún traslado a provincias. L o s que vayan a residir al extranj e r o a b o n a r á n a d e m á s el i m p o r t e d e l franqueo correspondiente. CRÓNICAS DE PARÍS La gran semana. Boda aristocrática E l hijo segundo de la condesa Potoka, representante de esa grande y opulenta familia polaca que cuenta tantos miembros ilustres en la Historia, el conde Georges P o tóla, acaba de unirse en matrimonio con una bellísima señorita de la nobleza perua-
 // Cambio Nodo4-Sevilla