Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
m NO DEJE USTED DE LEER TODOS LOS Y DOMINGOS OUE ES U N P O R T F O L I O por la diversidad de sus fotografías. U N L I B R O por la abundancia de su texto. U N M U S E O por la belleza de sus planas artísticas; y U N R E G A L O por la baratura de su precio. UNA PESETA E L EJEMPLAR E N TODA ESPAÑA ¡E. KCTORIGÜEZ- SOLTS. que conducen a Asturias, sólo pensó. en ganar a éste, con halagüeños ofrecimientos, que Blake rechazó con indignación. Con la victoria de Bessieres en Ríoseco, que, al decir de un historiador, arrancó a Napoleón estas palabras: Este triunfo coloca a mí hermano en el Trono de España avanzó José desde Burgos, donde se. hallaba, hacia Madrid, verificando su entrada en l a capital el 20 de julio. E l Ayuntamiento de Madrid y el Consejo de Castilla, cediendo trías que a la convicción al- miedo, dispusieron l a proclamación de José para el 25, día de Santiago, ceremonia irrisoria que se celebró, en medio de la mayor indiferencia, ostentando el estandarte real el conde de Campo- Alange, por haberse negado a ello y haber huido de Madrid el conde de Altamira, a quien correspondía como alférez real. E l pueblo se encerró en sus casas, y los pocos curiosos que asistieron a la regia solemnidad fué para mofarse de ella. A las aclamaciones, de los soldados a José, contestaba siempre alguna voz con un ¡Viva Fernando Vil! y hubo campanarios donde en vez de tocar a fiesta tocaron a muerto. Bien pronto comenzó a circular el rumor de una gran victoria alcanzada por las armas españolas, que, alentando a los patriotas, comenzó a llenar de pavura a los franceses. ¿Sería cierto? Sí, lo era; esta victoria, una de las más grandes que registra la Historia, era la batalla de Bailen, ganada por el ejército de Andalucía L O S G U E R R I L L E R O S D E 180 S 2 S 9 Bailen. Encargado el general Castaños del ejército de Andalucía, en muy pocos días le organizó y disciplinó, acostumbrándole a realizar grandes evoluciones. Componíase este ejército de tres divisiones: la primera (S; ooo hombres) l a mandaba don Teodoro LRedmj, suizo al servicio de España, sereno, valeroso, organizador; la segunda tenía p. or jefe al antiguo oficial de Walonas. marqués de Coupigni; l a tercera llevaba a. su frente al anciano brigadier don Félix Torres, y la reserva iba regimentada por el teniente general don Manuel de la Peña. Acompañaban al ejército las guerrillas del presbítero don Ramón de Argote, de don Pedro de V a l decañas, de don José Cruz, los Lanceros Jerezanos, mandados por don Nicolás Cherif, y los Voluntarios de caballería de Utrera, comandados por doní José Sanabria. E l 26 de junio pasó revista Castaños a su ejército en los campos de Utrera. Aunque escaseaba el equipo, por la entrada de nuevos voluntarios, cada vestuario se había d i v i d i do en dos, entregándose a unos Cuerpos los calzones, casacas y sombreros, y a otros las gorras, ¡pantalones y chaquetas, no presentaba mal aspecto nuestro, ejército, pues sabido es que el soldado español con cualquier cosa aparece bien. L a falta de cartucheras y cananas se suplió con saquillos de lienzo que las mujeres de Utrera, sin distinción de. clases, confeccionaron por un modeló que se les dio. E l general inglés Spencer, que había llegado a l Puerto de Santa María con un Cuerpo auxiliar de 6.000 hombres, se ofreció a la Junta de Sevilla; pero ésta y los generales resolvieron, no admitir l a ayuda inglesa sino en un caso extremo. Acordado en Utrera tomar la Ofensiva, el 2 9 se dirigió Castaños por la orilla izquierda del Guadalquivir; el i. de julio llegó a l Carpió, y ei nl se celebró en Porcuna un Consejo para organizarel plan de ataque contra Dupont. Dupont ocupaba Andújar con 10.000 hombres; -ef general Vedel, con 9. C 00, a Bailen y Puerto del Rey, y Liger- Belair, con 1.500 a Menjíbar. Dupont mostrábase intranquilo; sus generales y oficiales, abatidos, y sus soldados, temerosos. L o s caminos presentaban un espectáculo aterrador en las encrucijadas, en los barrancos, pendientes de los árboles, se ostentaban muchos cadáveres de soldados y oficíales franceses... ¡Era la obra de nuestros valientes guerrilleros! L o s pueblos aparecían abandonados, ptto de las casas salían miasmas insoportables, producidos por, los cadáveres de los imperiales, muertos en ellas... ¡i E r a la. yetiganaaí; 4 P. MÉ M! W 3 S S H ¡IL tmtiKinisnin