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MADRID- SEVILLA 19 D E I U L I O D E 1930. N U M E R O S U E L T O 10 CTS. JA J SL JP m E n la filosofía del retrato artístico ando cabalmente ocupándome estos días, en preparación de una conferencia en ciudad lejana. Y sobre la producción- -sobre la embriogenia, diríamos- -del mismo he llegado, entre otras, a la siguiente ley: U n retrato que se elabora atraviesa sucesivamente por tres etapas. E n l a primera, cualquier artista algo dotado de facilidades de mano y de ojo llega muy pronto a un resultado que ilusion a la figura trazada campea briosamente, parece v i v i r el parecido es. bastante satisfactorio todo ello, empero, superficial, gratuito, no analizado, no construido, no justificado; informadores gráficos, caricaturistas, pueden contentarse con ello. E l artista probo prosigue: entonces hay que recorrer fatigosamente una segunda etapa; bajo el pincel, bajo los palillos, que analizan y construyen, la imagen, tan briosamente amanecida, parece retroceder, deshacerse, m o r i r el parecido se nubla, se eclipsa; cada jornada de labor se diría un paso m á s hacia el fracaso... ¡A y! L a mayor parte de los retratos que en el mundo se intenta, con una evolución cortada antes de concluir, se queda así, marcados ellos con una firma que es una dimisión. Sólo algunos privilegiados artistas siguen adelante; y entonces es cuando el milagro se cumple: un día, un día de gracia, he aquí que el retrato empieza a transfigurarse de s ú b i t o renacen en él la fidelidad, la vivacidad, el prestigio de las p r i meras horas; mas ahora, no ya superficialmente apuntadas, sino fijadas por lo hondo; no ya efectistas, sino sólidamente justificadas; no ya ilusorias, sino reales... V i d a muerte r e s u r r e c c i ó n llamo yo, respectivamente, a esas tres fases; no sin acordarme quizá de aquel dicho famoso miguelangesco que atribuye, una tras otra, tales denominaciones a los aspectos de una obra de escultura, modelada en barro primero, vaciada en yeso en seguida, cincelada en mármol después. Pues bien; como el del retrato- -y como el de. la biografía, intermedio entre uno y otro- el trabajo de la Historia conoce su barro, su yeso, su m á r m o l su vida su muerte su r e s u r r e c c i ó n Fácil es evocar, trazar a grandes rasgos el cuadro- -el cartelón- -de un determinado período en la vida de la nación, en la vida de la H u m a n i dad. N o tan fácil, pero en cambio r e t r ó g r a do, funesto, letal, el otro trabajo, que, al buscar las precisiones analíticas, marchita la frescura del primer esbozo y falta doblemente al arte y a ia ciencia al dejar tan extinto el brío como la fidelidad nublada... Pero ahí concluye la mayoría de los historiadores profesionales. A h í sin llegar al paso dichoso en que la Historia resucita... N o así Prescott, cuyas páginas sobre nuestros Reyes Católicos parecen cinceladas en mármol. L A G A Y A C I E N C I A -P o r todo lo cual el libro de Prescott merece verse i n cluido, en lugar de honor, en la biblioteca de la que- -desamortizando un poco el tradicional concepto- -empiezo a llamar l a Gaya Ciencia estos días. Sobre la cual convendrá entenderse. EUGENIO D ORS 13 BJ H DIARIO ILUSTRA DO. A Ñ O VIGÉSIMQSEXTO N. 8.600 g H Jjg REDACCIÓN: PRADO DE SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE, CERCANA A T E T U A N SEVILLA GLOSAS P R E S C O T T ¿Q u i é n lee hoy, en Espaiña l a Historia de los Reyes Católicos de Prescott? D e lectura hablo, no de estudio... Innegable que entre nosotros se estudia ya m á s y mejor, sobre todo en p a r a n g ó n con un ayer bastante desgraciado, el ayer de la última parte del siglo x i x Pero no parece seguro que lo que en el estudio se ha ganado no se haya perdido en lo referente a la lectura. Y ocurre que ésta, para los efectos de la cultura ambiente, tenga sus propias virtudes, que el otro no reemplaza. T i e ne- -no sólo para el acervo total de lo leído, sino dentro de cada orden de conocimientos dentro de cada volumen inclusive l a ventaja de una extensión que compensa el menor grado de intensidad: no da lo mismo, por lo que toca a la espiritual ganancia, empaparse de un libro en el espacio de unos meses que devorarlo febrilmente en unas horas. Tiene también la lectura, comparada con el estudio, un desinterés, una imparcialidad, una lucidez, que faltan en ésta y que constituyen, si bien se mira, elementos intelectuales de primer orden. N i hay por qué subrayar el contraste en cuanto al deleite: el estudio sólo reemplaza la lectura en la proporción y forma en que l a tempestuosa amorosa pasión puede reemplazar al hondo y apacible comercio amistoso. L e pregunta, pues, de quién lee el Prescott debe interpretarse en el sentido de i n quirir quién es hoy amigo del Prescott. De otra parte, nadie que, en tales coyunturas, el q u i é n hay que leerlo c u á n t o s y entender la interrogación cemo una conjetura de rareza, no como una negación de posibilidad. Raros, si existen- -y no parece inverosímil que existan- -serán los amigos del Prescott. Raros hoy, en España, los lectores del temple de aquellos que, en legión a n ó n i m a- -t a n anónima como auténticamente selecta- -decidieron de l a posibilidad de que se publicasen repetidamente aquellas ediciones de la versión española, ilustradas por el espeso texto a dos columnas, por l a tipografía románticamente alargada, por los grabados en madera- -Cibera, A l v a r o Riesga, Vallejo, Zarza fecierw. it, aquellos grabaditos, bien ingenuamente dramáticos, bien minuciosamente documéntanos, de la Casa Gaspar y Roig. V I D A M U E R T E RESURRECCIÓN. -Esta Historia, sin embargo, merece, nc ya que se la quiera, sino que se la adore. T a n bien está, tal es fuente de vivas delicias su lectura. Aquí el saber da una armadura tan sólida, tan perfectamente trabada, tan srmoniosa a la vivacidad literaria del relato, como el esqueleto de un atleta al juego de sus músculos. Cuando una obra histórica está construida de este modo puede impunemente desafiar al tiempo y resistir a la corrosión y hasta el embate de los descubrimientos ulteriores de las rectificaciones eruditas. Así la estatua donde la anatomía es perfecta resiste a los cambios de gusto impuestos por la caducidad de las modas del traje. Así el buen retrato es siempre un buen retrato, aunque el modelo envejezca o enferme, enflaquezca o engorde, cambie de peinado o pierda el humor. LA 1 USTI C Í A ESPAÑA El abandono de familia EN L a Prensa de Europa, ¿LV 1 Q 2; de emocio nes, ha recogido un telegrama de Madrid, donde se refería la vista de una causa célebre. E r a el crimen de una pobre mujer, que, abandonada por su esposo y hundida en l a miseria familiar, dio muerte al descarriado e hizo justicia al insensible. Esta vez Europa nos ha comprendido, porque Consuelo Puente, la vengadora del continuo agravio, vino a poner, con la bala de su revólver, punto final a una situación antijurídica. T a l situación es el delito de abandono de familia, sancionado ya- -bajo diversos contenidos de incriminación- -por leyes penales de muchos países, e impune en E s paña. T a l era el delito de Adolfo Marco. Importa saber que en el mundo estos problemas de. origen sexual sufrieron una desviación utilitaria, a- comienzos de nuestro siglo; que el punto de vista romántico ya no interesa; por donde la sociedad y los Tribunales, al tiempo de juzgar, no se colocan en el á n g u l o visual de los sentimientos, sino desde el enfoque de los intereses. A s i el noble esfuerzo del defensor de Consuelo no pudo obtener éxito de absolución. E l se apoyaba en el deplorable artículo 523 del nuevo Código penal- -por cuya supresión se elevó en vano mi voto en la Comisión de Códigos- -y en la atrevida sentencia contra el doctor Garrido, que apunta a una equivalencia del delito continuo de amancebamiento, en el caso del adulterio. N o era ese el camino de perfección. E l abandono de familia es delito que se comete por el padre que se niega a pasar alimentes a un hijo cuando es menor (Inglaterra, Bélgica, Suiza, Austria, etc. pero, asimismo, por el esposo que, sin motivo razonable, abandone a su esposa. Las leyes de casi todos los Estados Unidos (Illinois, L u i siana, Massachusetts, N u e v a York, California, Pensylvania, etc. incluyen severas sanciones de multa y prisión contra los maridos desaprensivos de esa indignidad o descuidados de cumplir los sagrados deberes. S i el esposo abandonó el domicilio conyugal y no se cuidó de subvenir al sostenimiento de esposa e hijos, incurre en responsabilidad, no sólo penal, sino civil, y ia esposa puede- -pasado un año- -pedir al juez que sean hipotecados sus bienes para responder del pago de las deudas y asegurar el de los gastos. E n los países donde existe el divorcio, por darse. cl caso con gravedad de mayor frecuencia, las leyes penales precisan más el contenido de este delito, como violación de obligaciones pecuniarias contraídas a consecuencia de una sentencia judicial a pasar a l i mentos. N o ya como simple falta de cumplimiento de deberes. de orden moral, según observa el profesor L u i s Hugeney, de la. U n i versidad de P a r í s por donde un delito contra la familia elévase a delito contra la administración de justicia T a l es el caso, de la última ley francesa, de 3 de abril de 1928. donde el plazo de un año de. aban-
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