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E L GENERAL ECHAGÜE EL GENERAL O PAGINAS HISTÓRICAS DE ESPAÑA M LA REVOLUCIÓN DEL CINCUENTA Y CUATRO comandante de A l a b a r d e r o s había hecho firme protesta de a d hesión al Gobierno, volvió sobre su palabra, y con el pretexto de hacer maniobras sacó a la calle todas las fuerzas de Caballería, en cuyo simulacro fué ayudado por el general Echagüe, llevando g r a n parte de los escuadrones hacia las afueras de la Puerta de Atocha. L o s regimientos de E x t r e m a d u r a y de la Constitución, que se habían comprometido a p r o nunciarse, no se atrevieron a sa. lir, y como ni D u l c e n i Echagüe acababan de llegar a Canillejas, O D o n n e l l que les esperaba a la puerta de u n mesón, con ei c a ballo ensillado, dando por f r a c a sado el movimiento, mohíno y cabizbajo volvióse en el m i s m o coche que había hecho el viaje, tornando a esconderse en el z a quizamí de la Travesía, de la B a llesta. E l conde de S a n L u i s presidente del Consejo, y Blesser, m i nistro de la Guerra, c r e y e n d o conjurado el peligro y queriendo dar a la R e i n a una prueba de 3 a fidelidad que la guardaban las tropas, dispusieron una revista, que se celebró en el P r a d o el 28 de junio, con asistencia de la j o ven Soberana, que vino desde E l E s c o r i a l con la princesita fsabe! L a revolución se mascaba A L andaban los negocios de l a angélica Isabel en aquellos a r d o r o s o s días del estío de 1854. E l G o b i e r n o y los liberales a n daban a l a greña, azuzados dentro de P a l a c i o por la c a m a r i l l a del regio consorte y por l a codicia de l a R e i n a madre, que no atendía a otra cosa que a su propio medro y conveniencia. E l pueblo y una p i a r t e d e l Ejército, excitado j o r los generales D u l c e O D o n n e l l Mesina, Echagüe, Ros de O l a n o y otros, que eran como satélites de estos astros de l a milicia, estaban d i s puestos a quitarse inconvenientes de en medio y a marchar ellos solos francamente por la senda constitucional. E n el mes de j u n i o comenzar o n los preliminares de la c a m paña. O D o n n e l l escondido p r i mero esa una casa de l a calle del H o r n o de l a M a t a y después e n otra de la Travesía de la Ballesta, esperaba el instante propicio para ponerse a l frente d e l m o v i m i e n t o y, al fin, u n amanecer pudo salir e n u n c o che, guiado por el joven m a r qués de la V e g a de A r m i jo, que le condujo al vecino pueblo de Canillejas. E l general D u l c e- -q u e trece años antes había sido fidelísimo defensor de la Monarquía como E L GENERAL OULCE i i í