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I X W A N T O N I O ROS IM. O L A N O EL C O N D E D E SAN LUIS como- vulgarmente se dice. E n la sombra seguían acabándola de zurcir con más recias puntadas los generales antedichos, ayudados por la impetuosa juventud de Cánovas, Ríos Rosas, Tasara, Fernández de ios Ríos, Nicolás María Kivero, Cristino Martos, Sagasta y otros insignes hombres públicos, que en aquellos días comenzaban su b r i llante carrera política. F. l día 31 se formalizó el movimiento. O DomieH volvió a salir de M a d r i d con la misma industria que la vez anterior, y fuese a Vicálvaro, adonde le siguieron los regimientos comprometidos y el paisanaje. E l Gobierno quiso sujetar la insurrección con mano recia, comenzando por prender a la gente de calidad, que creía que daba dinero para el sostenimiento de ¡a lucha. Los banqueros Sevillano y Collado fueron de los prinreros en dar en manos de la Policía, dirigida por el terrible don Francisco Chico, quien también suspendió toda la Prensa independiente y amenazó con iu dejar títere con cabeza. Las tropas de Blesser, en persecución de los rebeldes, llegaron hasta Vicálvaro, y hubo mi momento en que atacaron cotí tanto brío y levantóse tal confusión en las filas liberales que es fama que exclamó Ros de O l a n o D e esta vez daremos todos en la plaza de la Cebada que, como es sabido, era el lugar en donde se ejecutaban las sentencias de muerte. De súbito, parece que los bandos beligerantes se dieron cuenta que de tornar la cosa con tanto coraje llegarían a escribir una página demasiado luctuosa en la historia de España, y, cediendo entram- bos, acabaron por retirarse, los sublevados hacia Aránjuez y las tropas del Gobierno a Madrid. E l general Córdova resume en sus i n teresantes Memorias aquella jornada estéril con estas palabras: N o resolvió nada la acción de Vicálvaro. E l Gobierno, desde las columnas de la Gaceta, y los rebeldes en hojas clandestinas, declaráronse a un mismo tiempo vencedores, y comenzaron a cubrirse de ultrajes con una violencia tal como yo no recuerdo otra parecida desde el anárquico período revolucionario de 1820 a 1823, en la que serviles y exaltados agotaban cada día en los Clubs y en las columnas de los periódicos todos los dicterios del lenguaje. E l rescoldo, que bien pronto había de germinar en hoguera, quedó encendido. Con este malestar llegó el 18 de julio. Cayo el Gabinete Sartorius, entrando a substituirlo el del general Córdova. Comenzaban a saberse en la corte los sucesos acaecidos en Valencia y Valladolid. E l pueblo matritense no quería desaprovechar la ocasión que se le ofrecía para hacer sentir su enojo a María Cristina y a los ministros caídos, y contra estos personajes, que, por fortuna para ellos, supieron buscar a tiempo su salvación en la huida, estalló la i r a popular. L a casa en que liabitaban los condes de San L u i s y de Esteban Coliautes que aún existe en la calle del Prado, esquina a la de León) la de Salamanca, en la de Cedaceros, y la de la ex viuda de Fernan- do V I I en l a de las Rejas, fueron asaltadas por las turbas revolucionarias, que, en su afán de venganza, no pudiendo dar con los que buscaban, destrozaron magníficas obras de arte y primorosos muebles; pero poniendo previamente pena de muerte al que se alzara con el objeto más insignificante. E l choque entre el paisanaje y el Ejército fué verdaderamente terrible. Todas las calles- -principalmente las que afluían a Palacio- -estaban levantadas y obstruidas con carros, muebles y colchones, que cada vecino daba de muy buen grado. L a autoridad del general Córdova no sirvió más que para agravar la situación. L a Reina, deseosa de paz y viendo que también su vida estaba en inminente peligro, entregó el Poder a Espartero- -aunque bien a regañadientes- el cual hizo su entrada en M a d r i d el 28 de julio. Resumen de la j o r n a d a 74 muertos, 274 heridos y el rescoldo de la revolución esperando el momento, que aún había de tardar algunos años en prender de manera definitiva. Pasaron muchos días antes de que desaparecieran las barricadas de las calles y las plazas, pues el pueblo, novelero y un tanto desaprensivo, trocó presto la tragedia en sainete. celebrando en ellas bailes y verbenas, en las que sobre la sangre derramada entre hermanos florecía la musa retozona y bizarra de D Ramón de l a C r u z D i ECO S A N J O S É (R e p r o d u c c i o n e s f o t o g r á f i c a s do D u q u e
 // Cambio Nodo4-Sevilla