Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
-V a usted a saberlo. U n día, por casualidad, me encontré en su entierro, y me rogó que hiciera menos ruido. -P e r o ¡D i o s de bondad! S i estaba usted en su entierro sería porque se hubiera muerto. Y estando muerto, ¿qué más le daba a él que hiciese usted ruido o no? -N o lo sé. Siempre fué u n hombre m a niático en ese aspecto. -N o lo entiendo. Usted dice que le h a bló y que estaba muerto... -No he dicho ni una sola vez que estuviera muerto. -i E s a es la manifestación más extraordinaria que se ha hecho en este m u n d o! ¿P o r qué? ¿P o r qué cree usted eso? ¿C ó m o quiere usted que no lo crea? V a m o s a ver. M i r e usted allí. ¿D e quién es ese retrato colgado de (la pared? D e a l gún hermano suyo, ¿verdad? -S í ¡a h! sí. A h o r a me hace usted caer en ello. E r a un hermano mío; V i l l i a m B i l l como le llamábamos nosotros. ¡Pobre Bill! ¿Se murió? -Seguramente. E s o creo yo, por lo m e nos. N o lo hemos podido saber nunca. E s o es u n misterio muy grande. ¡Qué p e n a! ¡Qué p e n a! Desapareció, ¿verdad? -S í de cierta manera, generosamente hablando. L e enterramos. ¡E n t e r r a d o! L e enterraron ustedes sin saber si estaba vivo o muerto? por saberlo. Ese misterio, terrible y solemne, ha ensombrecido mi vida. P e r o ahora le diré a usted u n secreto, que no he confiado a nadie hasta hoy. U n o de nosotros tenía una señal, un lunar muy visible en el dorso de la mano izquierda. Era yo. Pues bien, aquel niño fué el que murió ahogado. -N o veo, en ese caso, que exista el menor misterio, pensándolo bien. -U s t e d- no lo ve. Y o sí. D e todas maneras no me explico que l a gente fuera tan estúpida que enterrara al niño a quien no debieron enterrar. Pero, ¡silencio... N o h a ble usted nunca de esto delante de mi f a milia. Bien sabe D i o s que mis padres tienen sobradas preocupaciones, que les destrozan el alma, para que h a y a que proporcionarles esa más. -B u e n o M e parece que tengo ya, por ahora, datos bastantes. L e agradezco a usted el trabajo que por mí se ha tomado. M e h a parecido muy interesante el relato que me ha hecho usted del entierrro de Aarón B u r r ¿Tiene usted la bondad de decirme qué detalle, especialmente, influyó en usted para que conceptuara a Aarón como u n hombre extraordinario? -Un detalle insignificante. D e cincuenta -Acabemos. ¿Estaba muerto o vivo? ¡Caray! U n o s dicen que estaba muerto y otros que estaba vivo. -P e r o a usted ¿qué le parece? ¡B a h! ¿Qué más me da? N o era a mí a quien iban a entejrar... -S i n embargo... P e r o estoy viendo que no vamos a salir de esto. Déjeme usted que le haga otras preguntas... ¿E n qué fecha nació usted? -E l lunes 31 de octubre d e 1 Ó 03. ¡E s o es imposible! Tendría usted ahora doscientos treinta y siete años. ¿Cómo se explica usted eso? -N o me lo explico. -H a c e poco me dijo usted que sólo tenía diecinueve años, y ahora afirma que tiene doscientos treinta y siete nada menos. E s una contradicción patente. ¿S e h a fijado usted? ¿D e veras? (JLe di un apretón de manos. E n realidad, eso mismo me ha parecido a mí más de una vez, pero nunca he podido pone lo en c l a ro. Qué pronto nota usted las- cosas! -G r a c i a s por el cumplido, sea como sea. ¿H a tenido usted o tiene hermanos y hermanas? -H u m C r e ere... creo que sí, pero no me acuerdo bien. ¿Q u i é n dice eso? Estaba completamente muerto. ¡C a r a m b a! D e c l a r o que n o lo entiendo. S i le enterró usted, sí sabría que estaba muerto... -N o n o solamente nos parecía qué lo estaba. ¡A h vamos! Volvió a la vida. -L e aseguro a usted que no. -i N u n c a he oído contar nada parecido! U n o se muere, le entierran. ¿Dónde está el misterio? ¡E n eso, precisamente! E s o es lo extraño. Debo decir a usted que el difunto y y o éramos gemelos. U n día, cuando sólo teníamos dos semanas, nos confundieron al b a ñarnos, y uno de los dos se ahogó. P e r o no sabemos quién fué. Unos creen que fué B i l l y otros se inclinan a creer que fui yo. -E s o es rarísimo. Y usted, personalmente, ¿qué piensa? ¡Sábelo D i o s! Daría todo lo del mundo personas, no lo hubiese notado n i una sola. Cuando, acabó el sermón y el acompañamiento se dispuso a marchar al cementerio, y el cuerpo estaba bien colocado y muy a gusto en el ataúd, dijo que no le disgustaría d i r i g i r la última mirada al paisaje. S e levantó y fué a sentarse en el pescante, al lado del cochero. A l oír esto, el joven aquél hizo una reverencia y se despidió de mí. M e agradaba mucho su compañía y sentí que se m a r chara. MARK TWAIN (Dibujos de Barbero.
 // Cambio Nodo4-Sevilla